Miquel Barceló: “Antes tenía más pretensiones, ahora me la suda”

El artista mallorquín reúne en Salamanca 80 piezas bajo el título ‘El arca de Noé’

Concha Barrigós J.M. García (Efe) - Jueves, 13 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Barceló posa en la exposición que mantiene abierta en Salamanca.

Barceló posa en la exposición que mantiene abierta en Salamanca.

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Barceló posa en la exposición que mantiene abierta en Salamanca.

salamanca- Todo lo que hace lo considera pintura y lo ejecuta sin “pensamiento” previo, “como el sexo”. Miquel Barceló, que vuelve a exponer en España, asegura en una entrevista que hace solo lo que quiere: “Antes tenía más pretensiones, ahora me la suda lo que parezca”. Tanto que jamás ha mirado su cotización.

Barceló (Felanitx, Mallorca, 1957) protagonizó su última gran exposición en España en 2010, en CaixaForum Madrid, y ahora vuelve con El arca de Noé, una selección de 80 obras, la mitad inéditas, que inundan Salamanca para celebrar el 800 aniversario de la creación de su Universidad (USAL) y que desde que se inauguró el 27 de abril han visto ya más de 60.000 personas. “Primero el rector me pidió un anagrama para los 800 años;luego me dijo que me querían hacer honoris causa, y luego vine y vi que los espacios eran muy adecuados para hacer algo especial y decidí aceptar el reto. No se trataba de hacer algo antológico, sino de traer obra reciente, algo de los últimos años, lo que menos se ha visto en España”, detalla. A pesar de que él solo fue una semana estudiante en Bellas Artes, le gusta mucho la idea de universidad, “de conocimiento”, y cree que, “si hay algo que apoyar” en España, es la Universidad de Salamanca, “por lo que representa, por lo que es y porque, cuando vienes, se parece a Juego de tronos”, bromea.

El pintor explica que ha elegido para cada uno de los seis espacios salmantinos que exponen sus obras la pieza “adecuada”. Así, pensó que su conocido Gran Elefant Dret tendría que ser el que estuviera en la plaza Mayor y que debía mudar su color negro a blanco e instalar sus cerillas -14 de más de 500 kilos cada una- en el claustro de las Escuelas Menores.

“Me gusta que la pintura y la escultura tenga esa relación con los espacios. Saber que aquí han estado fray Luis de León o Unamuno ya le da otro aire a todo”, declara.

“Todo lo que hago, sea óleo, agua, hollín, lejía o barro, lo considero pintura, y la pintura es una cosa líquida que se seca”, describe. Para su trabajo usa “el deseo” y el “pensamiento” es siempre “posterior”. Son “ganas de hacer las cosas, más parecido al sexo, a la energía sexual que a cualquier otra cosa. No piensas lo que vas a hacer. Lo haces”, compara.

entre intuición y reflexión“Mi obra es algo que sucede, entre intuición y reflexión. Intento encontrar las formas adecuadas. A veces despintar es más sano que pintar, y por eso uso lejía, ácido sulfúrico o nítrico y hay mucho raspado. Para mí no es una virtud sino una necesidad”, revela. Afirma que, a pesar de la fama, los premios y la cotización de sus cuadros, su trabajo, y él mismo, no es más sofisticado que antes. “Diría que no. Tenía más pretensiones antes que ahora no tengo. Ahora me la suda lo que parezca, para ser totalmente honesto. Lo que me importa es mi trabajo, para el que llevo 40 años preparándome”. “Siempre he dicho que la pintura es un larguísimo aprendizaje. No sé si hago lo que quería hacer, pero sí hago lo que quiero. Cuando tenía 20 años, trabajaba 8 o 10 horas, ahora más y en más cosas. Antes solo hacía pintura o acuarela, ahora cerámica, bronces, yesos, grabados, litografía, retratos en lejía y siempre lo más rápido posible, en el tiempo preciso”. Recuerda que hicieron “un experimento” en la cueva francesa de Chauvet, donde hay un búho de 36.000 años en piedra caliza hecho con doce trazos: “Lo hice en una vidriera. La primera vez tardé 12 segundos y las siguientes 9. Fue emocionante pensar que quien lo hizo tardó lo mismo”, describe, mientras lo “pinta” en la mesa con sus dedos.