Editorial de diario de noticias

Manipulación para tapar el fracaso propio

Mayor Oreja proclama que en Navarra gobierna ETA, a la que Alli recurre como arma arrojadiza contra el Gobierno de Barkos en un debate sobre la ikurriña y en entente concertada con Sáenz de Santamaría

Jueves, 13 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

los sectores más reaccionarios se afanan en deslegitimar al Gobierno de Barkos, Ejecutivo sustentado por cuatro partidos que suman la mayoría del Parlamento donde se residencia la soberanía popular de Navarra y por tanto plenamente demócratico. El último disparate en esa estrategia de desgaste lo protagonizó ayer el exministro Mayor Oreja, que tuvo la desvergüenza de propalar que en Navarra gobierna ETA. Semejante aberración intelectual cae por sí sola y retrata a quien la verbaliza, pero también el diputado navarro Alli recurrió ayer a ETA, esta vez en el Congreso y no en una radio, como arma arrojadiza en contra del Gabinete de Barkos al afirmar que quienes no condenaron los atentados son ahora socios del Gobierno para a continuación aseverar que han aprovechado el momento de mayor presencia internacional de Pamplona para colocar la ikurriña. Una doble mezquindad, en primer lugar porque resulta evidente que el Ejecutivo del cambio repudia la violencia;y, en segunda instancia -y en la misma línea que la popular Beltrán-, porque Alli establece un vínculo entre ETA y quienes defienden que la ikurriña ondee en los ayuntamientos que así lo decidan en votación sin menoscabo de las enseñas oficiales. A esa ceremonia de la tergiversación de la peor ralea se sumó en respuesta a la interpelación de Alli la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, que exigió respeto para las banderas de Navarra y de España cuando su permanencia no se ha cuestionado y lo que se pretende es la integración de todas las sensibilidades, nada más lejos de la provocación que dijo atisbar con una manifiesta impostura. Esta sucesión de falsedades con burdo ánimo manipulador trata en realidad de esconder las miserias propias. Para empezar, la pérdida de un poder que, dos años después, todavía no han asumido las derechas españolistas tras extraviar la suma de UPN más PP 30.000 votos y seis escaños. Pero, ante todo, es una estrategia tendente a ocultar su fracaso como oposición, consagrados regionalistas y populares a una carrera por quién vocifera más, con una carencia palmaria de planteamientos proactivos mientras, aun con sus errores, el Gobierno acumula guarismos positivos en materia económica, el ámbito que el régimen pensaba utilizar para ese acoso y derribo a la presidencia de Barkos. Tales como la merma del paro, la consecución del mayor superávit autonómico y de la financiación más barata de la historia de Navarra o el aumento de la confianza empresarial, entre otros.

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