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Comentario

‘Rosito’ marca el camino

Por Patxi Barragán - Viernes, 14 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:17h

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Nada más escribir el titular he estado a punto de arrepentirme. Me he acordado de uno más de los incidentes que marcan la historia y los valores del Real Madrid;ya saben aquello de tu dedo nos marca el caminodedicado a Mou por aquella sinvergonzoneria de meterle un dedo en el ojo a Tito Vilanova y luego hacerse el loco. Pero me he dicho, ¡qué coño! que cada palo aguante su vela y quede para siempre en los anales del fútbol patrio. Además aquí venimos para escribir del encierro.

Y en un encierro con protagonismo para casi todos los astados, lo más bonito lo hizo ese mulato de 525 kilos bautizado como Rosito. Este toro se recorrió en solitario toda la Estafeta, despejando el camino a sus hermanos, enseñándoles la senda a seguir y permitiendo a la mocina medir su velocidad -que era mucha- con él. Protagonizó una de las carreras más bonitas que se han podido ver en las matinales sanfermineras, corriendo mucho pero con extrema nobleza. Una gozada.

Entre tanto, los demás también tuvieron su cuota de protagonismo. De salida, el castaño Galiano levantó a un corredor bajo la hornacina del santo y unos metros más arriba Fundador, un colorado de 545 kilos se llevó por delante a otro que no tengo muy claro qué hacía parado en mitad de la cuesta, sin pinta de querer correr y vuelto de espaldas a la dirección de la carrera.

Ya al final, cuando el citado Rosito había dicho sus últimas palabras y le faltaba fuelle y aliento fue Lugareño, el marcado con el número 176 en los costillares, quien tomó la iniciativa para pisar el primero el arenal pamplonés. Por detrás los tres ya mencionados junto a Cambembo (horroroso nombre que las asociaciones en defensa de los animales deberían prohibir poner a cualquier toro, perro, caballo o bicho de dos o cuatro patas al que se le tenga una mínima dosis de cariño) y toda la mansada que hizo la carrera arropando a Pocaropa, el más pesado de los que traían a Pamplona desde tierras jerezanas los de Núñez del Cuvillo. Había dado en la báscula 580 kilos.

Encierro rapidísimo que podía haber parado el crono en tiempos similares a los que en los dos días precedentes marcaron los jandillas y los de Victoriano del Río salvo por el detalle de su negativa inicial a enchiquerarse. Los seis bureles se reagruparon nada más cruzar el coso taurino, miraron la oscuridad de los corrales, se dieron la vuelta y vieron la claridad de Pamplona y se lo pensaron durante unos segundos. Supongo que ver de cerca tanta gente, tanto barullo y tanto destalentado les hizo optar por la apacible calma de los toriles. Al final sonaba el cuarto cohete a los dos minutos y cuarenta segundos de haber explotado el primero y se daba carpetazo al penúltimo de la feria con un balance de dos heridos por asta de toro. La divisa jerezana cumplía con las premisas que le caracterizan en Pamplona: velocidad (por lo menos en sus tres últimas apariciones por aquí) y sangre (siete cornadas en las tres primeras carreras por nuestro Casco Viejo).

PD. Todo mi cariño para el Servicio de Radioterapia del Hospital de Navarra, un departamento con la más alta tecnología pero con un personal humano de muchísimo más valor.

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