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Una causa general contra el cambio

Todas las instancias judiciales y órganos fiscalizadores han ratificado la falsedad de las acusaciones, que tenían una clara motivación política desde el principio

Viernes, 14 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:17h

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ha sido una causa presente en la política navarra desde hace cuatro años. Los supuestos cobros irregulares de los concejales de Pamplona que percibían por reunión (no un sueldo como los liberados), y en especial los de Uxue Barkos, han centrado buena parte del debate en momentos políticos concretos en una campaña de desgaste de la imagen pública de quien hoy es presidenta del Gobierno. Una campaña que en su comienzo se equiparó a los sobresueldos de Caja Navarra, y que en su segunda etapa ha servido para buscar el descrédito político del cambio iniciado en 2015.

Durante cuatro años jueces, fiscales y órganos fiscalizadores varios se han posicionado en un asunto que nunca ha pasado de la mera especulación. Y todos han concluido que la actuación de Barkos fue correcta, siempre dentro del marco fijado por los responsables del Ayuntamiento, y que los cargos de diputada y concejala en Pamplona son perfectamente compatibles.

Lo ha vuelto a ratificar ahora el Tribunal de Cuentas en términos similares a los que antes lo hicieron la Cámara de Comptos, el Defensor del Pueblo, las fiscalías de Navarra y del Supremo, el propio Alto Tribunal, así como en esta segunda fase lo han hecho la instructora del Tribunal de Cuentas y el fiscal del caso. Todo ha quedado en nada, pero atrás quedan cuatro años de proceso de un innegable coste económico, político y personal para Uxue Barkos.

El ventiladorNo fue casual que toda la polémica surgiera a la sombra de Caja Navarra. La instrucción del cobro de dietas empezaba a acorralar a los principales responsables de UPN, de Yolanda Barcina a Miguel Sanz, que poco después serían acusados de cohecho en medio del malestar de una sociedad que veía el cobro de 2.600 euros por reuniones de media hora un grave caso de corrupción.

Es este contexto donde surgen desde dentro del Ayuntamiento los documentos de cobro de dietas de los concejales no liberados. Aquellos a los que se retribuye, por reunión, un máximo de 120 euros al día y 13 días al mes. Un sistema instaurado por Yolanda Barcina y avalado después por Enrique Maya que, sin embargo, rápidamente se equipara en terminología (“dietas opacas” “reuniones fantasma” “irregularidades”) y en gravedad política al caso Caja Navarra.

La diana central es Barkos, a quien se acusa de estar en Madrid y cobrar en Pamplona sin más argumento que conjeturas, como ratificarían después Supremo y Fiscalía. Se dan por cobradas reuniones que no se pagaron, se dan por inhábiles días que no lo son y se mezclan las remuneraciones individuales con las de todo el grupo para hinchar las cifras. Las informaciones sirven así para generar debate mediático y sembrar la sospecha en medio de un ruido político al que UPN se suma entre la defensa del sistema municipal y las dudas generadas en torno a Barkos.

En un hecho poco habitual, la Fiscalía decidió abrir las diligencias que no hizo en su día con Caja Navarra, y que tardó en cerrar hasta que se posicionó el Supremo. Este tardó casi un año en archivar la denuncia de Justitia et Veritas, y lo hizo de forma concluyente. “No se aporta ningún elemento o principio de prueba que avale razonablemente su realidad y que, de ser acreditados, en ningún modo serían constitutivos de delito”, sentencia el Supremo.

Para entonces el Ayuntamiento ya ha cambiado el sistema de justificación de dietas, y Barkos mantiene el número de reuniones celebradas compatibilizando sus cargos en Pamplona y Madrid. Lo que no evita que Justitia et Veritas acuda al Tribunal de Cuentas con los mismos argumentos desestimados. Lo hace en víspera de Navidad y con la mirada puesta en las elecciones de mayo siguiente. Cinco meses en los que el proceso da pie a informaciones y acusaciones contra quien es la principal aspirante a liderar el cambio, y que se han prolongado durante los dos años de Gobierno en una campaña que incluso ha recurrido a la etapa en la que Barkos estuvo convaleciente de cáncer para intentar probar que faltó a alguna reunión. Un desgaste político y personal que más allá de la sentencia de ayer resulta difícilmente reparable. - I.F.

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