tradición en el tributo de las tres vacas

El tributo más antiguo y fraternal

640 años de la firma y el valor de la palabra 'Pax Avant' en el Collado de Ernaz entre los Valles de Roncal y Baretous

M. Zozaya Elduayen - Viernes, 14 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:17h

Los representantes baretouneses y roncaleses junto a los mediadores ansotarras, el secretario de la Junta del Valle y representantes del Gobierno y la Merindad.

Los representantes baretouneses y roncaleses junto a los mediadores ansotarras, el secretario de la Junta del Valle y representantes del Gobierno y la Merindad. (M.ZOZAYA)

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Los representantes baretouneses y roncaleses junto a los mediadores ansotarras, el secretario de la Junta del Valle y representantes del Gobierno y la Merindad.Momento en que se eligen y se reconocen las vacas de dos años de edad declaradas sanas y buenas.

roncal- “El Tributo de las Tres Vacas es mucho más que un simple pago, y la Piedra de San Martín es un lugar de hermanamiento”.

Estas eran ayer las palabras del secretario de la Junta del Valle de Roncal, Marcelino Landa, que ejerció como tal por 37 años consecutivos en el Collado de Ernaz durante la firma del acuerdo de paz más antiguo en vigor, el Tributo de las Tres Vacas, justo al pie del mojón 262, línea divisoria entre los valles de Baretous y de Roncal.

Rodeado de los representantes baretouneses, encabezados por el alcalde de Arette, Pierre Casabonne, junto al presidente de la comarca del Alto Béarn, Daniel Lacrampe, y los representantes de Issor y Lanne, Cédric Pucheu y Lydie Campello, respectivamente;y de los roncaleses: Jesús Mari Barace por Isaba y presidente del acto, Carmen Fayanás, José Javier Echandi, y Javier María Landa, (Uztárroz, Garde y Urzainqui) reafirmaron el acto por el que Baretous se mostró dispuesto como en años anteriores a pagar el Tributo perpetuo de las Tres Vacas , que sella el derecho a los pastos y al agua para sus ganados, y la paz entre los pastores que las conducen a ambos lados de las montañas.

En la edición número 640 que ayer se cumplió no faltaron los mediadores del Valle de Ansó ataviados con sus trajes típicos, así como el resto de los firmantes, Montse Castán y Antonio Jesús Gorría representaron a a los vecinos ansotarras a los que se recurrió aquel 12 de octubre del año 1375, “porque era un pueblo de paz con fama de unir a la gente”, significó Pierre Casabonne en su breve introducción histórica.

Con la consejera de Relaciones Ciudadanas, Ana Ollo, y el alcalde de Sangüesa, cabeza de Merindad, Ángel Navallas, como testigos de la edición, baretouneses y roncaleses colocaron alternativamente sus manos sobre la piedra, y sobre ellas quedó la del alcalde de Isaba, que pronunció por tres veces seguidas las palabras Pax Avant (Paz en adelante) como señal de fraternidad entre ambos valles.

Acto seguido se procedió al reconocimiento de las vacas, primera y tercera para Isaba, segunda para Urzainqui, y al nombramiento de los guardas.

Y como corresponde a cualquier gran fiesta, vinieron después las viandas: migas de pastor, chorizo, jamón y queso, previos a la comida popular en el lugar donde cada año se pone de relieve el valor de la palabra dada y el peso en la Historia del Pax Avant, fórmula que se repite entre pueblos sin fronteras.