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¡Al loro! Que no estamos tan mal

A PESAR DEL CANSANCIO ACUMULADO, el público disfrutó de la última tarde de toros como si fuera la primera

Un reportaje de Iker García. Fotografía Patxi Cascante - Sábado, 15 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Ni la cabeza ni el cuerpo -sobre todo las piernas- están ya para muchos trotes, tras ocho tardes de toros y nueve días de San Fermín. El clavo va creciendo y seguramente a muchos les hará falta más de un día de recuperación. Aun así, como suele decirse, la procesión va por dentro, y en la Monumental nadie diría que ya llevamos nueve días de fiestas.

Lo de ayer, y lo que todos los 14 de julio ocurre en la Plaza de Toros, fue algo para recordar. Fue el último empujón, el último esfuerzo y las últimas energías. Todos esos días de fiesta pesan, pero nadie está dispuesto a desperdiciar la última tarde de toros, el año que viene todavía está muy lejos.

Los mozos y mozas de las peñas gastaron hasta el último aliento para disfrutar del último día en la Monumental. Todos se pusieron de pie al son de las incansables txarangas, que no se guardaron ninguno de los clásicos.

Aunque a alguno le costara hasta masticar, cualquiera diría que estamos en la tercera corrida y no en el último día de fiestas.

Lo más emotivo llegó al

final, cuando las peñas se

unieron sobre la arena para

despedirse

Las peñas comenzaron reivindicativas, con varias pancartas a favor de los detenidos en Altsasu y banderas de Navarra e ikurriñas. Mientras, desde la parte de sombra de la andanada, se lanzaron globos, suponemos que para celebrar alguno de los muchos cumpleaños que se suceden en las corridas, aunque esta vez esto no vino acompañado de la habitual -en sol- ducha de alcohol. En cuanto el primer toro saltó al ruedo, en andanada algunos formaban una comba al son del No hay tregua de Barricada. Rafaelillo cortó una oreja y en la vuelta al ruedo se vio lo habitual. Flores, pañuelos y abanicos cayeron desde sombra;monos y un balón de rugby gigante desde sol.

Así las cosas, en la solana comenzaron a animarse con la mítica El Rey, canción que coreó prácticamente toda la plaza. Javier Castaño hizo ponerse en pie al público, mientras que el tercer toro no permitió lucirse a Rubén Pinar, algo que en las Peñas no importó, ya que estaban suficientemente ocupados bailando al son de La canción del veleroy Yo quiero bailar;y es que Caribe Mix está muy presente en la Monumental pamplonesa.

En el momento de la merienda, el tendido de sol se vació parcialmente. Después de tanto trote, un rato para sentarse a comer a la sombra se agradece. El silencio que suele acompañar al cuarto toro solo se vio interrumpido por el susto que dio Rafaelillo, que fue levantado del suelo por Nevadito. También se llevó una bronca el concejal Aritz Romeo, presidente de la corrida, que tardó en dar al torero su segunda oreja de la tarde.

El último toro de la tarde se vivió con impaciencia por lo que venía después. El público hizo la ola y cantó a coro el Volveremos otra vez. Al final, cuando concluyó esa última faena, llegó lo más emotivo de la tarde, sin duda uno de los mejores momentos de los Sanfermines. Las peñas se unieron sobre la arena para despedirse con el corazón de unas fiestas sin igual. Las txarangas formaron un círculo y, al unísono, tocaron el Riau Riau, acompañados por los cánticos de toda la plaza.

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