Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

La vida humana: del tener al ser

Por Julen Goñi - Lunes, 17 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

De la importancia que en nuestra cultura adquiere la posesión -de cosas y/o personas- da fe una de las últimas obras que escribió Erich Fromm (¿Tener o ser?). Nos avisa que esa forma de entender la existencia humana se refleja también en el lenguaje, donde el uso del verbo tener ha ido en aumento en perjuicio del verbo ser. El autor se inclina por el ser frente al tener y ya denunciaba, allá por los años 80, las consecuencias nefastas que la preponderancia dada al tener estaba acarreando a la humanidad porque la persona se estaba convirtiendo en esclavo de sus posesiones.

Al hilo de su pensamiento, me propongo analizar la relación que, explícita o implícitamente, se ha ido estableciendo entre la persona y la vida, relación que, como ya he señalado, se refleja en el lenguaje y que está ligada al planteamiento de Fromm.

Centrándome en el castellano, tenemos múltiples expresiones que manifiestan una relación de posesión de la vida por parte de la persona;así, por ejemplo, decimos “le ha quitado la vida”, “le debe la vida”, “dio su vida por...”, “se jugó la vida”, etc. En todos los ejemplos citados, y en otros muchos, la vida es algo que se tiene y que se puede dar y quitar, por tanto. Sin embargo, la realidad dista mucho de ser así, salvo que creamos en un ser, llamémosle dios o como se quiera, causante de la vida;pero, en este caso, entramos en el mundo de la pura creencia sin base racional. Efectivamente, no existe un previo de persona a la que en un momento dado se le otorga o presta -según distintas versiones- la vida, como tampoco existe un posterior de persona, una vez que la vida ha terminado por las razones que sean. El óvulo y el espermatozoide son seres vivos, y su unión, en el caso de los humanos, es la que posibilita que nazca un ser vivo más complejo al que llamamos individuo humano o persona. Somos, pues, seres vivos, no algo o alguien que tiene vida, de igual forma que no tenemos un cuerpo sino que somos nuestro cuerpo.

Esta evidencia ha estado y está enmascarada por una visión de esta última, la vida, como algo que tenemos pero que no nos pertenece, y las consecuencias de esta creencia -que carece de todo fundamento racional- tienen un gran alcance, pues impregnan muchos ámbitos de la vida social, desde la moral a la legalidad, pasando por las costumbres y el arte. En concreto, en el debate sobre la muerte asistida -que es una forma de eutanasia, no la única- y desde el ámbito religioso, se ha insistido en la idea de que esa ayuda a morir a quien así lo desea, pero que por su estado de salud no lo puede llevar a efecto, es similar a un asesinato, para quien presta la ayuda, y a un suicidio, para quien la solicita. En ambos casos el argumento, en su origen, era el mismo: la vida es un don, un regalo de los dioses y es a ellos a quienes pertenece y a quienes corresponde la decisión de darle fin. El contrasentido que suponía que algo regalado no fuera de quien lo poseía, convirtiendo a los dioses en seres de los que no nos podíamos fiar, llevó a sus defensores a una reelaboración del mismo: los dioses no regalaban la vida sino que la prestaban para que hiciésemos uso libre de ella, pero con las consecuencias que ese uso, bueno o malo, es decir, conforme a la doctrina o no, tendría una vez muertos.

No quiero ni debo negar, a quien así lo desee y decida, la posibilidad de dar credibilidad a dichos argumentos, pero espero y deseo correspondencia hacia quienes no compartimos sus creencias. Y exijo a los poderes públicos que respeten y hagan respetar las ideas de quienes consideramos que no es posible separar el individuo humano de la vida, porque no hay individuo humano sin vida, ni vida humana sin individuo.

El autor es filósofo

Herramientas de Contenido

Más sobre Opinión

ir a Opinión »