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Javier Fernández Montalvo Psicólogo y Profesor Titular de la UPNA

“El contexto social actual es el caldo de cultivo perfecto para desarrollar adiciones”

Javier Fernández Montalvo es psicólogo y profesor titular de la Universidad Pública de Navarra experto en conductas adictivas, tanto conductuales como químicas

Lunes, 17 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Javier Fernández Montalvo, en la UPNA.

Javier Fernández Montalvo, en la UPNA. (Foto: Unai Beroiz)

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  • Javier Fernández Montalvo, en la UPNA.

Pamplona- ¿Cuáles son las similitudes y diferencias entre las adicciones a sustancias químicas y las adicciones conductuales como la ludopatía?

-El funcionamiento es el mismo, la diferencia radica en el objeto de esa adicción, que puede ser una sustancia química como el alcohol, la nicotina o la cocaína o una conducta como jugar, comprar o comer. En todos los casos se trata de una persona que pierde totalmente el control y que desarrolla una relación de dependencia. Esto se observa claramente en que las personas adictas continúan consumiendo una sustancia o llevando a cabo una determinada conducta a pesar de todas las consecuencias adversas que le acarrea. Cuando hacemos algo habitualmente es porque nos aporta algo bueno, nos vemos reforzados y por ello seguimos reproduciéndolo, pero en el caso de las adicciones ocurre todo lo contrario. Estas sustancias y conductas les traen muchas cosas negativas como problemas de salud, sociales o laborales, pero debido a esa pérdida de control y a esa dependencia se ven obligados a tener que seguir reproduciéndolos. Esto se debe al sentimiento de malestar que se genera cuando se ven privados de esta sustancia o conducta. No es que un ludópata disfrute con el juego, sino que sufre cuando no puede apostar.

¿Qué es lo que produce en el organismo esa adicción conductual?

-Es muy difícil saberlo. Hay muchos factores que pueden estar explicando por qué una persona puede desarrollar una adicción, pero a día de hoy no sabemos muy bien cuales son las causas reales de ninguna adicción, ni de las conductuales ni de las químicas. Lo que sí percibimos es que el mecanismo es el mismo en ambos casos, se trata de una conducta perjudicial que empieza de una manera positiva, aportando algo bueno, pero llega un punto en el que se comienza a perder el control. Un joven puede empezar a beber para estar con sus amigos y pasar un rato divertido al igual que otro puede empezar jugando con las vueltas del café. A día de hoy desconocemos qué es lo que hace que estas personas continúen con ello cuando comienza a reportarles cosas negativas.

¿Influye el entorno a la hora de volverse adicto al juego y a las apuestas?

-El contexto social en el que vivimos influye mucho en el desarrollo de trastornos mentales en general. En Etiopía, por ejemplo, no hay anorexia. El contexto social actual es el caldo de cultivo perfecto para desarrollar muchas de estas conductas adictivas. La adicción al juego o a las compras hay que entenderla también en esta sociedad de consumo y de ganancias rápidas en la que vivimos.

¿La ludopatía es algo nuevo o ha estado siempre presente?

-Ha existido toda la vida, pero quizás ahora somos más conscientes. De hecho, de todas las posibles adicciones conductuales, la ludopatía es la única que está reconocida hoy oficialmente como una adicción. Es importante romper ese concepto del juego como vicio o de persona que si quiere lo controla. Es la única que está reconocida, pero eso no significa que en el ámbito clínico no se puedan ver otras que, poco a poco, imagino que irán estando reconocidas como tales. Me refiero a la adicción al sexo, a las compras, a la comida, al deporte o al trabajo, por ejemplo. Son hábitos de conducta que aparentemente son normales, incluso algunos son saludables o necesarios, pero hay personas que llegan a perder el control y dependen de ello en el sentido de que continúan llevándolos a cabo a pesar de todas las consecuencias adversas que les acarrean.

¿Aumenta el riesgo el hecho de que las adicciones conductuales estén más aceptadas por la sociedad?

-La diferencia es que, en el caso de las adicciones químicas, se puede vivir sin ellas. Una persona puede vivir sin alcohol, sin consumir cocaína, heroína u otras sustancias, pero en las adicciones conductuales se trata de acciones que son parte necesaria para nuestra vida cotidiana. Uno no puede dejar de comprar, de comer o de trabajar. Precisamente el juego es la única conducta que se escapa de esto, ya que sí se puede vivir sin apostar. Esto resulta muy importante a la hora de realizar un tratamiento, ya que en el caso de adicciones a sustancias lo que se busca es lograr una abstinencia total, pero en el caso de las conductas se trata de que los pacientes sigan llevando a cabo ese comportamiento pero aprendan a hacerlo de manera controlada.

¿Dónde esta el límite entre un comportamiento abusivo y una adicción?

-Hoy en día hay una preocupación con el tema del uso de los móviles de los adolescentes. El otro día escuchaba que había un porcentaje muy alto de adolescentes adictos al móvil, pero hay que tener cuidado cuando se usa esa palabra, hay que diferenciar el límite entre usarlo inadecuadamente y ser adicto. Es muy diferente ser adicto al sexo que ser promiscuo o vivir en una sociedad de consumo a ser adicto a las compras. La clave está en que haya pérdida de control y que haya dependencia, que se continúe llevándola a cabo a pesar de las consecuencias negativas que le acarrea a la persona en su desarrollo. Cuando llevamos a cabo con frecuencia una conducta porque obtenemos algo positivo a cambio no somos adictos. Nos puede parecer bien o mal el consumo de alcohol en menores o el uso abusivo del móvil, pero si quien lo ejecuta tiene un disfrute de ello y no se ve forzado a realizarlo no tiene una adicción.

¿Una adicción se puede curar?

-Hoy en día contamos con tratamientos eficaces para tratar todas las adicciones, tanto las químicas como las conductuales, y las tasas de éxito que se manejan son importantes. Se puede salir de todo esto y hay muchas personas que no vuelven a recaer, aunque sí que es cierto que una persona que ha perdido el control tiene más vulnerabilidad de que se vuelva a descontrolar, por eso es recomendable ser abstinente total, siempre que se pueda. Si un exalcoholico bebe no es que vuelva a ser adicto al alcohol, pero sí que tiene más probabilidad de volver a recaer. - L.H.

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