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Cinco años a limpia pedalada de ‘Libertad’

El argentino Maty Amaya lleva acumulados casi 85.000 kilómetros en su bicicleta, primero por América Latina y ahora en Europa. Su meta es Rusia.

Mikel Bernués | Javier Bergasa - Martes, 18 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El argenino Maty Amaya, ayer en la plaza del Ayuntamiento con una bici cargada de 80 kilos de material con la que ha pedaleado casi 85.000 kilómetros.

El argenino Maty Amaya, ayer en la plaza del Ayuntamiento con una bici cargada de 80 kilos de material con la que ha pedaleado casi 85.000 kilómetros. (JAVIER BERGASA)

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  • El argenino Maty Amaya, ayer en la plaza del Ayuntamiento con una bici cargada de 80 kilos de material con la que ha pedaleado casi 85.000 kilómetros.

pamplona- Como el velero de José Luis Perales, la bicicleta de Maty Amaya se llama Libertad. En ella carga 80 kilos de tecnología para documentar sus andanzas (portátiles, cámara, móvil...), comida y agua, ropa liviana, de invierno y de lluvia, banderas de 22 países, regalos en forma de muñecos o llaveros y casi 800 cartas que le han dado por el camino para que las entregue en El Vaticano. “¿Quién me manda a mí llevar tantos recuerditos?”, se lamenta cuando le toca escalar algún puerto. “Pero salen las fuerzas de no sé dónde y subo”.

Con Libertad y en libertad acumula 81.000 kilómetros a limpia pedalada por América Latina y otros 3.800 ya en Europa. “El viajar no se mide en kilómetros, sino en la cantidad de amigos que haces en el camino”, dice para huir del dato en frío. Está feo medir la aventura en cifras. “Cuando se quiere se puede, porque lo imposible solo cuesta un poquito más”, comenta también. Y con esas dos frases tira millas y fundamenta media década dando tumbos por el mundo, en bicicleta y también en kayak.

Amaya nació en la ciudad argentina de San Juan hace 34 años. “Dejé una vida muy cómoda. Trabajé mucho con los medicamentos, y decidí cambiar mi estilo de vida. Estaba siendo un chico muy individualista... veía que la vida pasaba por otro lado y tomé la decisión de irme. Le dije a mi madre que me iba 15 o 20 días... pero en el camino me fueron sucediendo cosas y pensé en continuar un poco más”, recuerda. De aquella primera etapa recomienda el triángulo formado entre el norte de Argentina y Chile y el sur de Bolivia y Perú. De ahí se lleva en su memoria montañas de 15 colores o la cúpula de estrellas que se forma de noche sobre el salar de Uyuni. “No se lo pueden perder”, invita al personal viajero.

Por América Latina, desde su ciudad natal hasta México, sobrevivía haciendo trabajillos. Pero en Europa “está más regulada la cosa” y lo tenía complicado. Hasta que un muchacho le sugirió que vendiera sus fotografías y le dio 50 euros para imprimir las primeras. Ahora lleva unas 500 imágenes de 10x15 encima, las cambia por un donativo... y más pedales.

empezar por el finalMaty Amaya cayó en Europa porque le apetecía hacer el Camino de Santiago. Pero cometió un pequeño error de cálculo. “Como allá no es muy conocido el tema este del camino, yo pensé que había que salir y llegar a Santiago. Y cuando llegué allí me enteré que no, que ese era el final y no el comienzo. El párroco de la iglesia de Santiago se enteró de mi locura, me puso un castigo y me dijo que tenía que ir a Roncesvalles y volver”.

Eso es lo que hizo (además de viajar por Portugal, conocer Andalucía o subir por el mediterráneo hasta Barcelona). Ahora está de vuelta en Pamplona, “una ciudad tranquila y linda para visitar”. Y hoy mismo parte rumbo hacia París con todo el que quiera sumarse a la aventura. “Serán mínimo nueve etapas. Si tiro directo en una semana estoy, pero todo depende de lo que suceda en el camino. Siempre me encuentro gente y se va modificando el plan. Me pasa como con todo... porque vine a España por tres meses y llevo ya un año”, recuerda.

Su destino es el Mundial de Rusia de 2018, pero el fútbol le da igual. Por casualidad, el último Mundial de Brasil le pilló in situ, varios medios se hicieron eco de su historia “y pude agradecer en televisión a todos los que me dieron un donativo, un plato de comida o un vaso de agua. Y ahora que estoy en Europa y que me enteré de que el Mundial es en Rusia, decidí hacer lo mismo. Aunque no es fácil y tampoco es cerca”, confiesa.

De su ruta se queda con “la gente. Desde que he llegado acá me han ayudado mucho. En la época que vivimos me llevan a su casa sin saber quién soy ni de dónde vengo. Siempre hay gente dispuesta a ayudar y estoy súper agradecido”. Por ejemplo, en Pamplona le ha hospedado Xabier Itoiz. Y no quiere dejar pasar la oportunidad de agradecérselo públicamente.

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