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Alfredo Sanzol director de ‘la ternura’

“Cuanto más conoces a Shakespeare, más le admiras”

El autor y director pamplonés regresa a Olite mañana por la noche con ‘La ternura’, un texto nuevo creado a partir de las comedias del dramaturgo inglés

Ana Oliveira Lizarribar Iban Aguinaga - Jueves, 20 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Alfredo Sanzol, en una imagen de archivo.

Alfredo Sanzol, en una imagen de archivo.

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  • Alfredo Sanzol, en una imagen de archivo.
  • Elena González y Juan Antonio Lumbreras en una escena de ‘La ternura’.
“Quería reírme de esa concepción del mundo que divide a las personas según los géneros”

pamplona- Amores posibles en situaciones imposibles. Es lo que propone Sanzol en esta comedia de princesas y leñadores con la que “intento contar que no nos podemos proteger del daño que produce el amor, que si queremos amar nos tenemos que arriesgar a sufrir”.

El año pasado estuvo en Olite con la tragedia ‘Edipo’, con textos de Sófocles, y esta vez vuelve con ‘La ternura’, una comedia. ¿Les apetecía a Alfredo Sanzol y a Andrés Lima o, lo que es lo mismo, Teatro de la Ciudad, el cambio de tercio?

-Sí. Solemos decir que se nos veía venir porque como la comedia es la otra cara del drama, estaba claro que después de las tragedias íbamos a hacer comedia. Lo que no sabíamos es que íbamos a trabajar a partir de textos de Shakespeare y tampoco que el trabajo iba a ser tan diferente. En mi caso, para Edipo usé a Sófocles, pero ahora he escrito un texto nuevo desde cero. La ternura no es exactamente un argumento de Shakespeare.

Es un texto dramático nuevo.

-Sí, sí, es una historia nueva. He leído y releído las comedias de Shakespeare, sobre todo las que más me gustan, que son La tempestad, Noche de Reyes, Mucho ruido y pocas nueces, Sueño de una noche de verano... Y llegó un momento en que probé a empezar a escribir y encontré un estilo propio que recordaba al de Shakespeare.

Casi nada. Se antoja complicado.

-(Ríe) Ha sido complicado, sí, no lo voy a negar, pero el resultado ha sido muy gozoso. Es la primera vez que hago algo parecido, era un reto muy grande, pero confié en que podía hacerlo y, sobre todo, en mi capacidad de juego y en la de mi equipo. Hemos sido siempre muy respetuosos en el buen sentido;muy creativos, sabiendo que esa creatividad tenía unos límites que se referían a un estilo anterior.

¿Reconoceremos algún fragmento de alguna obra de Shakespeare?

-No hay ningún fragmento, todo es nuevo. Las sensaciones o los aromas recuerdan a esos textos, ese es el objetivo, pero no a una obra determinada. Sí que he hecho una especie de guiño al público metiendo los títulos de las catorce comedias en distintos momentos, justificados en los diálogos de los actores, pero todo lo demás es nuevo.

Ya conocía, por supuesto, a Shakespeare, ¿pero, en este proceso ha descubierto algo que le haya resultado especialmente interesante?

-Sí. Ha sido la primera vez que me sumergía en el mundo de Shakespeare de una manera tan radical y, cuanto más lo conoces, más lo admiras;más te das cuenta de la amplitud que tienen sus historias y sus personajes y de la manera tan genial en la que mezcla la realidad con la fantasía. También es admirable la capacidad que tiene Shakespeare de dar profundidad a los personajes sin que la acción pierda ritmo.

¿Cómo llegaron a Shakespeare Lima y Sanzol? ¿Trabajaron en talleres o en improvisaciones?

-La decisión de trabajar con Shakespeare fue anterior a empezar con los talleres;la tomamos sentados en un par o tres reuniones en las que vimos que estaba bien hacer comedia a partir de ese autor, porque recoge las tradiciones grecorromana y medieval y la comedia moderna. Y luego, como en el caso de las tragedias, nos organizamos el año en diferentes fechas en las que trabajamos juntos durante tres días cada tres meses más o menos, con improvisaciones a partir de situaciones que nos interesaban a cada uno, mezclando los repartos, compartiendo ideas y cosas sobre las que queríamos escribir. Cada uno, las nuestras. Andrés, por ejemplo, sí puso más acento en el Sueño de una noche de verano, pero yo no me apoyaba en una obra solamente.

Vuelve a trabajar con su equipo de actores y actrices habitual.

-Trabajo con muchísimos actores, pero a la vez mantengo un equipo con el que suelo repetir. Nos seguimos reuniendo cada vez que podemos, y en esta ocasión hemos podido. Esta vez está el mismo reparto de Edipo -Paco Déniz, Elena González, Natalia Hernández, Eva Trancón y Juan Antonio Lumbreras- más Javier Lara.

alfredo sanzol

Dramaturgo y director de escena

El director del festival, Luis Jiménez, hablaba estos días de lo importante que es abrirse a las relecturas de los clásicos para que nos hablen a los ciudadanos de hoy. Parece que con ‘La ternura’ y ‘Sueño’ lo han hecho.

-A mí no me hace falta releerlos, leyéndolos sin más me llegan directamente al corazón. Tienen algo muy fascinante, y es que tocan temas que nos siguen afectando ahora. Lo que sí he hecho ha sido inventar mi propia historia, la de la Reina Esmeralda y los leñadores, sin adaptar un texto de Shakespeare, pero sí me he inspirado en sus argumentos. Los clásicos lo son porque continúan hablándonos de una manera muy directa. Cuando en una época determinada un texto no dice nada, se deja de hacer y se queda un poco dormido para, quizá, aparecer en otra época. De hecho, Shakespeare en el siglo XVIII no tenía demasiado éxito. No era considerado clásico, fue un descubrimiento casi del XIX.

¿Qué le parecen las opiniones de estos puristas tipo Javier Marías, que llama “usurpadores” de los nombres de Lope o Shakespeare a quienes, según dice, hacen “tontunas contemporáneas”?

-Javier Marías puede opinar lo que quiera y ya está, sin más (ríe).

Volviendo a ‘La ternura’, propone unos personajes aparentemente opuestos, las princesas y los leñadores, que son de armas tomar.

-El argumento tiene algo de irónico porque quería reirme de una concepción por la cual el mundo se divide entre hombres y mujeres. Parece que ser hombre o ser mujer tiene alguna importancia y yo nunca lo he visto así. Sí creo que las personas se dividen entre las que tienen una idea u otra de la libertad o una idea u otra de la justicia social, pero nunca me he visto diferente de otro ser humano por el género. Y quería reírme de estas expresiones del tipo ‘todos los hombres (o las mujeres) son iguales’. Por eso la reina tiene rasgos de misandria y el leñador marrón es misógino. Lo peor que les puede pasar a este par es encontrarse en una isla. Esa situación de comedia me parecía muy divertida para hablar de la necesidad de expresar ternura hacia el otro y de recibirla, y para tirar abajo los prejuicios.

En esta comedia hay mucho enredo, pero sobre todo emociones.

-Las emociones están muy presentes a través de la acción, que es una acción muy trepidante, con cambios de identidad, con persecuciones, con mentiras, con planes, con frustraciones... Con todo esto se van desencadenando en los personajes conflictos muy fuertes que sacan a la luz emociones también muy intensas.

¿Por qué se apoyó en el concepto de ternura?

-Comencé a trabajar con el título de La ternurae, investigando sobre este concepto, encontré una acepción que me interesó mucho, y es que la ternura es la manera en la que se expresa el amor, a través de las caricias, de la escucha y de la comprensión, y que esa expresión requiere de fuerza. Para mí eso fue una novedad;tenía asociada la ternura a algo blando, de hecho creía que mi título era ñoño, y descubrí que precisamente es una expresión de consistencia, de fuerza. Cuando estás débil no puedes expresar esa ternura, al revés, necesitas recibirla. Alguien te puede decir que te quiere mucho, pero si no es tierno, tú puedes contestar ‘pues no se nota’, porque la manera que tiene el amor de verse es la ternura.

Lo que pasa es que muchas veces nos da miedo expresar el amor porque nos deja a la intemperie.

-Claro, para exponernos necesitamos la fortaleza.

Conociéndole, trabajar con el humor le habrá gustado.

-Volver a hacer comedia me ha encantado, me he sentido muy a gusto trabajando con el humor de una manera diferente. Y también he sentido el placer de darme cuenta de todo lo que me queda por saber de la comedia y de las ganas que tengo de seguir aprendiendo de las posibilidades que tiene.

¿Contento de volver a Olite?

-Sí, con muchas ganas. A ver si hace buen tiempo.

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