Las claves del “cambio” (en Burlada sin ir más lejos)

Por Alfredo Mazariegos - Jueves, 20 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

De un tiempo a esta parte, en el conjunto de Navarra se está poniendo tanto énfasis en el vocablo “cambio” (atribuido a los nuevos gobiernos surgidos de las elecciones de 2015), que ha acabado adquiriendo categoría de lema publicitario, cada vez más superficial sin que se haya acertado realmente a definir en qué consiste y si por debajo del mero eslogan se concreta un concepto político con un cierto poso ideológico. Tal vez, la amalgama de protagonistas dispares a los que se les ha colocado la etiqueta de artífices de ese pretendido “cambio” (y que abarca desde el centro-derecha del nacionalismo vasco hasta representantes de la izquierda transformadora, pasando por exponentes de la izquierda independentista), impida, tanto en el Gobierno Foral como en los distintos municipios donde esa amalgama ha afirmado haberse puesto de acuerdo, definir de manera nítida la naturaleza de ese “cambio” y, sobre todo, los objetivos hacia los que se encamina, más allá de declaraciones de intenciones genéricas y vaguedades múltiples.

Esto mismo cabría decirse, por supuesto, del Ayuntamiento Burlada, localidad en la que la formación política a la que pertenezco, Izquierda Unida, adoptó democráticamente la decisión de mantenerse al margen de una maniobra que, aunque revestida de una pátina progresista, descartaba completamente materializar un viraje acorde con lo que siempre habíamos defendido, es decir, un “cambio de izquierdas” en el sentido literal de la frase, algo que, a nuestro entender, va más allá de la simple suplantación de una mayoría de gobierno por otra. Porque cuando, por ejemplo, se entabla una batalla encarnizada con determinados técnicos y técnicas municipales para ningunear su labor, o se instiga la persecución de trabajadoras y trabajadores públicos porque no se pliegan a los caprichos de turno del señor alcalde o cualquiera de sus concejalas y concejales delegados, ¿de qué tipo de “cambio” estamos hablando? Asimismo, cuando la participación ciudadana se concibe como un instrumento destinado a favorecer exclusivamente a aquellos colectivos, asociaciones e individuos que jalean la acción del equipo de gobierno, mientras se emplean métodos dictatoriales para acallar las voces de otros colectivos, asociaciones e individuos que, aun siendo de izquierdas, formulan planteamientos desde la discrepancia, ¿de verdad eso implica un “cambio” positivo? Cuando desde el equipo de gobierno y sus aledaños se lanzan discursos contra las y los funcionarios, a quienes prácticamente se tilda de “vagos y maleantes”, o se prevén partidas presupuestarias cuatro veces mayores para el “esparcimiento canino” que para el impulso de políticas de Mujer e Igualdad, ¿en serio se piensa que el “cambio” promovido tiene algo que ver con una mínima óptica ideológica de izquierdas?

Tal vez habrá gente a la que le parezca una estupidez o una cuestión baladí que, además de detalles como estos (y otros muchos que se han registrado a lo largo de la presente legislatura y que desde Izquierda Unida ya nos hemos encargado de denunciar en su momento), se recurra a la opacidad y al oscurantismo cuando, por citar solo uno de los últimos casos conocidos, se somete a votación de todos los grupos la adquisición de un vehículo para Policía Municipal, aduciendo las necesidades existentes, y luego nos enteramos de que ese vehículo, en realidad, es para uso y disfrute del Jefe de Policía, que lo emplea como si se tratara de su coche particular (aunque, claro, pagado con dinero de las vecinas y vecinos de Burlada). Tampoco a buen seguro se considerará por parte de algunas personas que no entorpece para nada al “cambio” el hecho de que cada vez más personas vinculadas a los grupos políticos que gobiernan el Ayuntamiento (en calidad de militantes o de parientes más o menos directos), obtengan contrataciones para trabajar en instalaciones municipales, incluso en empresas privadas que gestionan espacios que deberían ser gestionados de manera directa desde la administración pública, tal y como en principio debería ser el compromiso firme y sin excepciones de quien ostenta la vara de mando en el Consistorio.

En fin, que supongo que también existirán mujeres y hombres, como quien suscribe estas líneas, que continuarán prefiriendo y abogando por un cambio real de izquierdas para Burlada, así como para el resto de Navarra, siendo cómplices únicamente de aquellas medidas que verdaderamente se orienten en esa dirección (como ocurrió con la derogación de la “Ordenanza Mordaza” o la reversión de la gestión de la Escuela-Infantil), sin dejarse embaucar ni camelar por una expresión, “cambio”, que para algunas personas carece de significado profundo y que la pronuncian con el mismo entusiasmo con que los vendedores charlatanes de antaño trataban de vender sus bálsamos y recetas “milagrosas”, con mucho poder de persuasión pero nulos efectos prácticos.

El autor es concejal IU-E en el Ayuntamiento de Burlada

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