El circo ibérico

Por Ilia Galán - Viernes, 21 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

no es muy diferente del de otros países en descomposición, como el Reino Unido, donde en una ceremonia de Oxford, un grupo de animalistas con pancartas se interponían entre las togas y trajes de gala que investían a los doctores honoris causa, imperturbable Sir John Elliott, a mi lado. No quieren que se ensaye con animales, aunque está muy regulado y se evita cualquier daño innecesario. ¿Se pondrían ellos en su lugar para probar los nuevos medicamentos? Prefieren que las posibles e inesperadas consecuencias las sufran las personas en vez del ratoncito del laboratorio. También se oponen a usar lana o cuero. La piel de armiño fue sustituida por otra sintética, pero impedir la lana es matar los rebaños, pues no se seguirán criando. Ante el Génesis I (28-29) se rebelan: “Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla. Dominad a los peces de mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo.” ¿Preferirán acaso ser dominados por plantas, hongos y virus, bacterias, ácaros o bestias? Los animales también van siendo prohibidos en los circos. ¿Un circo sin elefantes, tigres, leones, monos? Fui con mi hija a una función circense en la que sólo caballos y perritos eran permitidos: Inglaterra pierde sus raíces. Pero también Cataluña, Vitoria, Oviedo o Valencia han vetado la presencia de animales salvajes en sus espectáculos. No miran que se regule para que no sufran mucho los lindos animalitos o que sea una garantía para evitar su extinción y se les valore. Desaparición. Así son los grandes impulsores de nuestras sociedades, centrados en asuntos genitales o en mascotas y similares. Los progresistas de ahora se asemejan cada vez más a los fascistas, organizando la vida particular. El cretinismo occidental crece, no es sólo un mal ibérico.

Mientras, lo más importante (el derrumbe de las grandes estructuras en nuestros países, unos con Escocia, otros con Cataluña) queda a un lado de los generales intereses, como si fuese una parte más del teatro parlamentario, cuando es lo que más daño puede hacer a unos y otros. La inestabilidad política conduce a problemas en la economía que, sobre todo, sufrirán las clases sociales más humildes, al igual que son éstas quienes más sufren que sólo se hable la lengua de la región, pues del pueblo jamás salir podrán sin enormes esfuerzos. Basta conocer el caos que está provocando el brexit para hacerse idea de lo que significa la independencia, además falsa. Todos dependemos, unos de otros.

Suicidios colectivos, mientras cuidamos de la salud de las moscas. Aunque el circo ibérico quede sin fieras, los monos nos gobiernan.

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