Nathalie Poza actriz

“Ha sido un regalo que Andrés me dejara entrar en su alma”

La actriz se estrenará en Olite con ‘Sueño’, una propuesta en la que Andrés Lima confronta la muerte de su padre con las comedias de Shakespeare

Ana Oliveira Lizarribar Luis Castilla - Sábado, 22 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Poza, de pie sobre una silla;debajo, Ainhoa Santamaría.

Poza, de pie sobre una silla;debajo, Ainhoa Santamaría.

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Poza, de pie sobre una silla;debajo, Ainhoa Santamaría.

pamplona- Creo que nunca ha actuado en el Festival de Olite.

-Pues creo que no. Estos lugares al aire libre siempre dan un poco de miedo porque no sabes qué te vas a encontrar, pero venimos de actuar en Rivadavia, donde ha sido maravilloso, así que vamos con muchísimas ganas para allá. Está siendo una experiencia muy especial, el público nos está sorprendiendo mucho más que el de Madrid.

¿Por qué?

-Pensábamos que podía ser una obra que no calara en los espectadores, que no la entendieran o que produjera cierto rechazo, porque la función no responde a la idea habitual de teatro clásico. Sin embargo, nos hemos encontrado con un público con muchos menos prejuicios, muy abierto y con muchas ganas de que le ofrezcas algo. Tiene mucho sentido del humor y valentía a la hora de hablar de la muerte.

Un festival al aire libre quizá no ofrece las mejores condiciones técnicas, pero tiene ese punto mágico de tener el cielo como techo.

-Absolutamente. Como el teatro es tan inmediato, te ofrece la posibilidad de reinventarte en el momento. Cuando llevas una temporada en la misma sala, te acomodas un poco, y tal vez pierdas un poco la frescura. Pero cuando llegas a estos lugares, ya solo por el tiempo, por el viento, por la luna, por tantas cosas, las posibilidades de expresión son diferentes. Además, este es un espectáculo muy visual, yo canto en directo, y actuar al aire libre casi es como dar un concierto mezclado con el verso de Shakespeare. Al final, aunque técnicamente sea más complejo, nos gusta mucho jugar a esto. Es muy excitante (ríe).

‘Sueño’ es una obra que Andrés Lima creó a partir de dos elementos: las comedias de Shakespeare, sobre todo ‘Sueño de una noche de verano’, y la muerte de su padre. ¿Cómo ha hecho para conectar la tragedia con esta fiesta más onírica que es la obra clásica?

-Andrés parte de la historia personal, la de un hombre que se acerca a sus últimos días y se aferra a la vida de una manera pasional, tal vez torpe, porque se niega a irse, y se adentra en su mente y en su lógica. Y cuando este hombre bebe o cuando se encuentra en estados delirantes, sueña con sus primeros amores, conecta con la pasión, con la juventud, con la carnalidad... Por eso Andrés escogió el Sueño de una noche de verano, porque es una locura festiva que acaba en pico terrorífico, como él dice con humor. Y, aunque acaba en muerte, la historia es un canto a la vida.

¿Qué hay del clásico de Shakespeare en este montaje?

-Están las escenas de los enamorados. Cuando el personaje bebe, rejuvenece y aparecen las mujeres de su vida, y también los hombres. Esta obra es muy transgénero en ese sentido.

Interpretan personajes femeninos y masculinos.

-Así es, y sin hacer nada, ni maquillarnos ni desmaquillarnos, simplemente apelando a la imaginación del espectador. Yo hago de Andrés y también soy Elena, del Sueño de una noche de verano. Los cambios son muy sutiles, de manera que el espectador es el coautor de la historia. Hemos huido de etiquetar los géneros, la comedia y la tragedia conviven como en la vida, y también por eso ha sido un trabajo muy interesante.

Ha trabajado anteriormente con Lima en montajes muy intensos, por ejemplo ‘Desde Berlín’, que pudimos ver en el Gayarre en 2015, pero esta vez la experiencia parece haber sido más íntima aún.

-La historia del padre ya estaba escrita, es una obra que se titula Bonheur (Felicidad) que Andrés estrenó en París con actores de la Comédie-Française. Lo que pasa es que aquí la mezcla con la comedia de Shakespeare. El texto ya existía, así que no tuvimos que hacer improvisaciones, aunque sí jugamos con los primeros amores de los actores y yo busqué una presencia masculina que pudiera llevarme al personaje de Andrés, posiblemente porque al principio le daba cierto pudor que se tratara de él mismo. Y aunque no le imito en absoluto, conocerle y meterme en una historia tan honesta para la que se ha abierto en canal para mí era una responsabilidad, pero al mismo tiempo un honor. Ha sido muy bonito ver cómo un director se implicaba directamente de esa manera. A mí me daba alas, y más que miedo me dio confianza. Ha sido un regalo que me haya dejado entrar en su alma, y me gusta pensar que cuando salgo al escenario él viene conmigo. Y siempre hay alguien a quien puedes dedicarle esta obra. De hecho, en el programa de mano del estreno en la Abadía, la dedicábamos al padre de Andrés, al mío, al de Valentín Álvarez, el iluminador, y al de Joseba Gil, el productor. Todos hemos vivido la pérdida de nuestros padres o de nuestras madres y esa experiencia nos une. Al final todos los hospitales huelen igual y las despedidas siempre son complicadas.

Son lugares comunes.

-Por eso el público entiende muy bien la historia. Para eso está el arte, para que nos una y que nos sintamos menos solos. Cuando vas al teatro también es para estar acompañado. Aunque no conozcas a los que se sientan a tu lado o a los que están sobre el escenario, durante ese rato estás más unido a ellos que a otra gente que conoces. Es un acto de comunión en el que se puede reflexionar sobre temas que nos duelen a todos, como la muerte. Hay que empezar afrontarla con menos miedo. En nuestra sociedad produce mucho vértigo. Siempre parece que cuando le llega a un ser querido no estás preparado y cuando se va no te has despedido como querías;queda algo pendiente, por eso Andrés ha querido volver a ese lugar.

La mezcla del humor de Shakespeare con el de Lima suena explosiva.

-(Ríe) Me imagino que sí, la verdad es que desde dentro no puedo hablar. Nosotros nos pegamos un viaje sideral, es todo muy punki, y no te da mucho tiempo a pensar en el personaje. Tienes que entrar y encarnarlo a lo bestia porque cuando termina la escena a lo mejor te cambia en cero coma y de pronto eres otro. Todo va muy rápido, hay que estar muy entrenado y salir sin juzgar nada. Es un estado de inmediatez muy atractivo para actuar y si conseguimos estar donde tenemos que estar, para el público es un gran viaje.

De hecho, el montaje explora los límites del humor, que para Andrés Lima solo están en el sentido común.

-Yo creo que, en efecto, no hay más límites. A los talleres previos vinieron profesionales como Boadella o Pepe Viyuela y estuvimos reflexionando sobre eso, que es muy interesante teniendo en cuenta, además, que últimamente que ha habido tanta censura en ese sentido. A mí me parece que no podemos poner límites a la expresión artística.

Este año ganó el premio de interpretación en Málaga por ‘No sé decir adiós’, en la que, precisamente, interpreta a una hija con problemas de comunicación con un padre enfermo terminal.

-También, sí. Espero que No sé decir adiós tenga más vida a partir de ahora, que va a ir a varios festivales. Hicimos un corto con el personaje que se titula Australia y que está moviéndose mucho. Y curiosamente hay algo común entre la función y la película. Se ve que los directores quieren reflexionar sobre sus progenitores y sobre la muerte. Son proyectos que hay que agarrar con mucho amor porque no siempre se presentan.

Ahora mismo está rodando ‘Código de familia’, una serie de ‘TVE’ con un reparto impresionante.

-Vamos a arrancar en breve. El reparto es maravilloso, estamos muy contentos, con nervios y buscando todavía. Es una familia que se tiene que ir creando poco a poco y estoy encantada con los compañeros. Estoy mucho con Carlos Bardem, con Pedro Alonso y con Ana Belén, que es mi madre y con la que he vivido un encuentro muy feliz para mí.

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