Pintando el paso del tiempo

José Ignacio Agorreta habita Mixtos con su obra pictórica de 5 años. La existencia humana detenida en el tiempo.

Un reportaje de Paula Etxeberria. Fotografía Patxi Cascante - Sábado, 22 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Óleo de 2016 de la serie ‘Huellas’.

Óleo de 2016 de la serie ‘Huellas’.

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Óleo de 2016 de la serie ‘Huellas’.

El idioma dormido de las cosas exige un corazón subtitulado para contar los sueños. Míralas, hablándote despacio, igual que a un extranjero. Estos versos del poema Canción extranjerade Luis García Montero contienen la esencia del impulso que en José Ignacio Agorreta funciona como motor de creación.

El idioma dormido de las cosas. Como una cacerola en un fuego apagado hace quién sabe cuánto tiempo. Unas perchas sin ropa en un colgador. O una rama aparentemente frágil, pero sólida en el fondo. Elementos cotidianos en los que, dice Agorreta, “está la vida”. Así de sencillo y de complejo. El pintor pamplonés mira estos motivos -objetos, interiores de arquitecturas abandonadas, semiderruidas- con ojos de artista y, desde esa emoción que siente cuando se encuentra ante el comienzo de una experiencia apasionante que terminará siendo un cuadro, los reinterpreta, autorretratándose de alguna manera en ellos -“yo habito los cuadros”, reconoce- y retratando la existencia humana medida en el valor de la vida: tiempo. “Si hay un hilo invisible que une toda mi obra, es el paso del tiempo”, comentaba ayer José Ignacio Agorreta en la presentación de la exposición con la que, hasta el 24 de septiembre, habita el Pabellón de Mixtos de la Ciudadela (planta baja).

Una selección de cinco años de trabajo -los que ha estado el pintor sin exponer en Pamplona más allá de en su estudio, acondicionado como sala expositiva y donde se reencuentra de vez en cuando con el público- se ofrece al visitante, que podrá enriquecer su mirada con tres series pictóricas: Traslados, Huellasy Equilibrios. Tres títulos que dividen unas obras que podrían contenerse en una única serie. “No hay rupturas en mi trabajo, como tampoco las hay en mi vida”, reflexiona Agorreta, quien apunta que sus cuadros, todos pintados al óleo, “nacen de la necesidad de dar forma a un impulso, de la necesidad expresiva de interpretar mejor el mundo que me rodea”. Y a sí mismo. “Soy un hombre lleno de dudas e incertidumbres, y mis dudas, mis ocupaciones y preocupaciones más profundas habitan estos cuadros”, afirma el artista, quien en su proceso de creación necesita “generar tensiones en el lienzo para luego buscar equilibrios”. Lo logra mediante la composición, la elección de elementos que forman parte del cuadro, el color, muy importante en su obra, y una presencia cada vez mayor del dibujo, del pincel. Combinando estos lenguajes con el impulso emocional que mueve al artista ante cada nuevo hecho pictórico, Agorreta crea atmósferas reales, que no realistas -“no me interesa para nada ser realista”, dice- y, sobre todo, evocadoras. De emociones y recuerdos tan diversos como lo serán los espectadores que disfruten de estos cuadros que nos sitúan ante los efectos del abandono y de la soledad, así como ante la riqueza del silencio y del ritmo pausado. Las escenas inmortalizadas son lugares u objetos que el pintor encuentra, poniendo interés en buscarlos, y de los que no toca nada para no distorsionar la esencia de la emoción que le provocan esos motivos. “Casi todos son lugares de Navarra, aunque hay alguno encontrado en viajes por Madrid, Zaragoza... Cada vez es más difícil encontrar lugares de este tipo”, abandonados pero todavía con la huella humana latente.

Aunque últimamente José Ignacio Agorreta ha dado un giro para él inesperado y ha ido componiendo cuadros con objetos de su propia casa. “De repente un día ves que hay un cuadro en el vaso que todos los días tienes al lado a la hora del desayuno”, comenta. En cuanto al proceso de creación de su obra, aunque el óleo es la única pintura que emplea, también se sirve de algo tan cotidiano como papeles de cocina y de periódico. “Voy aplicando capas, quitando y trabajando con la huella de esas capas”, dice;creando vibraciones, matices, texturas, tensiones, equilibrios. Su reto en estos momentos es lograr que, “dibujando mucho más y de una manera más rigurosa, se mantenga esa atmósfera difusa, evocadora, y no se reste capacidad emocional al cuadro. Quiero creer que lo he conseguido”.

Sobre el momento actual para exponer en Navarra, el artista admite la “falta de galerías con pujanza”, pero sin caer en el lamento: “Si no las hay es porque no hay mercado... Y salir fuera es complicado, las galerías con las que siempre he expuesto han cerrado todas. El tema es complejo, hay que tener en cuenta cómo entienden el arte las nuevas generaciones, que no están acostumbradas al ritmo lento... Quizá haya que renovar la manera de presentar la obra al público”, reflexiona.