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Gigantes entre manos

Los navarros Imanol Urabayen y Christian Azcona restauran las figuras de la comparsa de Donostia

Expertos en vaciado artístico y modelado, su taller Eskuartean no para desde que abrió hace un año

Mikel Bernués / Unai Beroiz - Sábado, 22 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Christian Azcona e Imanol Urabayen se esmeran para rejuvenecer a Mattin, desmembrado miembro de la comparsa de Donostia que una vez montado alcanza los 4,15 metros de altura.

Christian Azcona e Imanol Urabayen se esmeran para rejuvenecer a Mattin, desmembrado miembro de la comparsa de Donostia que una vez montado alcanza los 4,15 metros de altura. (Unai Beroiz)

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Christian Azcona e Imanol Urabayen se esmeran para rejuvenecer a Mattin, desmembrado miembro de la comparsa de Donostia que una vez montado alcanza los 4,15 metros de altura.

“Estamos llenos hasta mediados de 2018, y seguimos recibiendo peticiones”

pamplona- Abrieron su taller hará aproximadamente un año. Y lo tendrán colapsado de mastodónticas cabezas y manos de fibra de vidrio, poliéster o cartón piedra al menos otro tanto. “Estamos llenos hasta mediados de 2018, y seguimos recibiendo peticiones para hacer nuevas figuras o restaurar otras”, explica el pamplonés Imanol Urabayen, responsable junto con Christian Azcona (también de Pamplona) de Eskuartean Imaginería Festiva.

A pesar de su juventud, 23 y 21 años respectivamente, ambos llevan década y media vinculados a este mundillo. Imanol empezó en la comparsa de Larraga. Christian en Barañáin. Y los dos unieron sus caminos y fundaron en 2012 la comparsa de Buztintxuri. “También teníamos ciertas aptitudes artísticas. Y como somos grandes apasionados de la escultura decidimos unir hobby y profesión, y creamos la empresa para la construcción y reparación de gigantes y cabezudos”, explica.

Estudiaron dos años en Sevilla vaciado artístico, modelado y ebanistería. Después trabajaron en un taller de restauración e imaginería de la capital andaluza y, con la experiencia acumulada, se lanzaron a la aventura. “Básicamente lo que hacemos es fabricar y restaurar todo tipo de imaginería festiva;gigantes, cabezudos, zaldikos, títeres, máscaras, atrezo de teatro, etc...”, cuenta Imanol.

Y no les va nada mal. “A la gente le estamos gustando y le estamos dando fuerte, la verdad”, reconoce este pamplonés. Ahora mismo andan enfrascados con algo gordo. Ultiman el maquillaje, lifting y manicura de las ocho figuras de la comparsa Itzurun, protagonista de fiestas de Donostia. Un tratamiento integral contra el envejecimiento para el que dedican unas cuatro o cinco jornadas completas por gigante.

“Cada caso es muy particular porque cada figura puede venir con un deterioro concreto. El problema que tenían éstas era que la pintura no se había asentado bien en las cabezas y se estaba desprendiendo. También tenían unas pequeñas grietas, sobre todo en las caras y en los cuellos, que había que solucionar. Hemos retirado esa pintura acrílica que estaba en mal estado, y los hemos vuelto a policromar con una pintura al óleo”, dice Urabayen, que cuenta los días hasta la Semana Grande para ver bailar a sus criaturas “en primera fila”.

Recientemente también han restaurado los kilikis de Zizur Mayor, en su día hicieron lo propio con los de Larraga y ahora también están con los txikis de la ikastola de Tafalla. Los gigantes de la comparsa de Buztintxuri (los que más ilusión les hacen porque son los suyos y además los bailan), los txikis de la comparsa de Larraga o dos cabezudos de Morentin llevan su firma. Son sus creaciones. “La filosofía que tenemos en el taller es que nuestros gigantes, aparte de bellos y estéticos, tienen que ser funcionales. Porque por muy bonito que hagas un gigante, si luego no lo puedes bailar no sirve para nada. Hay que buscar un equilibrio”.

el ‘boom’ de los gigantesImanol reconoce que de unos años a esta parte existe un boom con los gigantes que repercute en la calidad de las figuras. Casi cada barrio ahorra para tener su comparsa y alegrar sus calles en fiestas.

Opina que solo Catalunya está por delante, “quizás más profesionalizado, con una fuerte presencia de gigantes y una antigua tradición”, pero que “vamos en camino de conseguir algo parecido”. No faltan motivos para el orgullo. “En otros sitios los gigantes desfilan, y aquí podemos presumir de que bailan”.