Adiós Pamplona

La procesión de San Fermín junto a San Lorenzo... y las barracas, 1948

Por Joseba Asiron (www.adiospamplona.blogspot.com) - Domingo, 23 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

(Foto: Zubieta y Retegui (de J.J. Arazuri, (‘Historia de los Sanfermines’))

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En 1948- Las fiestas de San Fermín eran un conglomerado de actos en los que se simultaneaban, de la manera más pintoresca posible, las conductas más disolutas y pecaminosas con funciones religiosas en las que aquellos mismos pecadores se castigaban con golpes de pecho, ojos en blanco y miradas piadosas dirigidas al santo Moreno. Nada nuevo bajo la bóveda celeste iruindarra.

La foto muestra la procesión de San Fermín de aquel año, poco después de salir de la iglesia de San Lorenzo y cruzando por el Rincón de la Aduana. Vemos que por aquel tiempo el santo iba escoltado por una escuadra de soldados de infantería que hoy se consideraría extemporánea, ataviados con trajes de gala, cascos de acero del tipo nazi, guantes blancos y fusiles con la bayoneta calada. Podemos ver también que aquel año las barracas de la feria, circo incluido, se habían instalado junto a la iglesia de San Lorenzo con todo su ruidoso aparato, pared con pared y ocupando todo el espacio aledaño.

Hoy en día- La procesión de San Fermín y las fiestas en general han evolucionado notablemente, igual que la propia sociedad. Pese a ello, está claro que hay quien sueña aún con el modelo de 1948: omnipresencia religiosa, misas obligatorias para creyentes y no creyentes, banderas declaradas ilegales, proscritas y perseguidas a porrazos si fuera preciso, y la política limitada a la ortodoxia bienquista desde Madrid, bendecida desde los púlpitos y controlada con mano de hierro desde el Gobierno Civil. Los pecadicos de cada cual allí donde no los pueda ver nadie, y el acoso hacia las mujeres oculto, invisibilizado y condenado a un silencio que culpabiliza a la propia mujer. La igualdad y la libertad interpretadas con mentalidad de megaterio.

Ah, otra cosa. Me dice el alcalde que, si llega a poner él las barracas junto a San Lorenzo, circo incluido, no le lava ni el agua del Jordán. Y es que los curas de antes no tenían el oído tan fino como algunos de los de ahora, señor alcalde...

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