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Mikel Landa, un rebelde con causa

el de murgia pide paso tras la retirada de purito, el accidente de valverde y el declive de contador

Un reportaje de Carlos de Torres

Lunes, 24 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

mikel Landa (Murgia, Álava, 27 años) se ha convertido en el faro y esperanza del ciclismo español tras el cuarto puesto obtenido en el Tour, a un solo segundo del podio.

Escalador de pedigrí, de carácter rebelde, a veces indomable, ha demostrado que sus piernas merecen una mayor recompensa que hacer una función de sherpa para que su jefe de filas corone la cima.

“No volveré a un equipo para ser segundo”. Frase que resume un estado de ánimo, tal vez una frustración de un corredor que ya ha tropezado dos veces con misma piedra. En el Astana tuvo el Giro 2015 a tiro, pero fue frenado en favor de Fabio Aru.

Ahora en el Sky, repetición de la jugada. Fichó para ser líder en el Giro, pero una enfermedad y una moto mal aparcada le arruinaron el proyecto en 2016 y 2017. Su paso por el Tour le sometió de nuevo a su líder, Chris Froome.

Baqueteado por sus experiencias de actor secundario, Landa mira al futuro para ser líder y soltar todo el ciclismo que contienen sus piernas. ¿Será el Movistar su destino?

Los inicios de Landa con la bicicleta tuvieron que ver con las pandillas de amigos que tenía en pueblos cercanos a Murgia. Entre partidos de pelota y de fútbol, los chavales agarraban la bici para verse. Ya con 13 años se apuntó al Club Ciclista Zuyano. En el año 2007 asomó ganando la Bizkaiko Itzulia, la prueba más importante por etapas para juveniles.

Landa estudió en un colegio del barrio de Lakua, en Vitoria, el más cercano para entrar y salir desde su pueblo. Tras superar el bachillerato y la selectividad, se matriculó en Burgos para estudiar arquitectura, coincidiendo con la llamada del ciclismo. Miguel Madariaga le reclutó para el Orbea Continental, y de ahí al Euskaltel-Euskadi, ya profesional.

Entre los libros y la bicicleta, Landa optó por construir su futuro en el ciclismo. Sus destellos de calidad pronto lo llevaron al Naturgas y al Orbea amateur. En 2011 la selección española le convocó para el Mundial sub-23 de Geelong, en Australia. Tras acabar decimoctavo se fue a buscar a Fabian Cancellara para que le firmara un autógrafo. Sorpresa, el suizo se lo negó.

Con el Euskaltel debutó como profesional en 2011, siendo un corredor de futuro, un escalador a cuidar entre algodones. En la Vuelta a Burgos se exhibió en las Lagunas de Neila, pero hasta 2014 no dio señales de vida, parecía que su carrera se había estancado.

En 2015 llegó el despegue. Antes de presentarse en el Giro ganó la etapa reina de la Vuelta al País Vasco en Aia. Llegó lanzado el alavés a la carrera rosa, pero supeditado a Fabio Aru, el líder del Astana.

El 24 de mayo alzó los brazos en Madonna di Campiglio, superando a Alberto Contador y Aru, colocándose cuarto en la clasificación general a falta de seis etapas. En la siguiente jornada, con final en Aprica tras coronar el Mortirolo, Landa volvió a lucirse.

Surgieron las dudas. Landa, segundo en la general, adelantó a su jefe, quien había perdido tres minutos en meta. El equipo le paró para evitar la hecatombe de Aru.

Aquel año, 2015, acudió a la Vuelta a España junto a Fabio Aru y Vincenzo Nibali. Tres líderes. Dio un recital en la etapa reina con meta en Cortals D’Encamp y fue fundamental en las etapas finales para que Aru se llevara la Vuelta.

La llamada del Sky para la temporada 2016 se le hizo irresistible. Iba al mejor equipo del mundo, donde Chris Froome reinaba con 2 Tours de Francia en su palmarés. Quedaban galones, y para el alavés quedaron los del Giro.

En la carrera rosa un virus le dejó fuera de combate. Luego en el Tour se perdió en el puesto 35 con problemas de cadera.

Disparo al aire en el primer año del Sky. Restaba la segunda bala. En la novena etapa, camino del Blockhaus, ambos candidatos se estrellaron contra una moto mal aparcada. “Siempre me pasa algo”.

Y en Francia, nuevo capítulo del verse fuerte, más que su líder, y sentir el freno del equipo. “Siempre me pasa lo mismo”.

La salud del ciclismo español se esiente tras la retirada de Purito Rodríguez, la grave lesión de Alejandro Valverde y el declive de Alberto Contador. Una puerta se abre. Mikel Landa pide paso.

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