25 años de los jjoo de barcelona

Humo olímpico en Navarra

ANIVERSARIO | El deporte foral aportó una presencia numerosa y muy activa antes y durante la gran cita deportiva, pero sus efectos a posteriori tuvieron poca repercusión

Félix Monreal | Archivo - Lunes, 24 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

El entonces entrenador de Osasuna, Pedro Zabalza, portando la antorcha a su paso por Navarra.

El entonces entrenador de Osasuna, Pedro Zabalza, portando la antorcha a su paso por Navarra. (ARCHIVO)

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El entonces entrenador de Osasuna, Pedro Zabalza, portando la antorcha a su paso por Navarra.

pamplona- Unos Juegos Olímpicos a poco menos de 500 kilómetros de distancia. Tras los recientes fracasos de la candidatura de Madrid, pasarán años hasta que Navarra disfrute de la oportunidad no solo de poder acercarse a palpar el ambiente de la gran cita deportiva, sino de desempeñar una participación activa en la misma. También de obtener beneficio de sus programas de preparación y de los efectos posteriores.

Mañana se cumplen 25 años de la inauguración de Barcelona’92, un hito no solo por lo que supuso en cosecha de medallas para la delegación española y por su modélica organización, sino por el salto cualitativo que supuso para el deporte estatal. ¿También para Navarra? No. Los datos hablan de la mayor participación de deportistas (22) y técnicos (26) forales de la historia olímpica, pero observado ahora, con la perspectiva que dan cinco lustros, no sirvió para mucho. El deporte navarro ha crecido -pasando épocas de fuerte crisis en algunas disciplinas y de prolongado esplendor en otras- gracias a su propio impulso endógeno, al de los clubes, federaciones, patrocinadores y deportistas, pero el efecto Barcelona’92 no es palpable hoy en aquellas disciplinas que entonces tuvieron mayor relevancia por competidores y marcas: pelota, béisbol y natación. Todo lo contrario;la pelota sigue siendo una actividad de uso doméstico muy difícil de exportar;el béisbol continúa ocupando una parcela minoritaria aquí y en el Estado;y, en natación, después de Jorge Pérez no ha habido otro nadador navarro olímpico.

Antes de la ceremonia inaugural del sábado 25 de julio, el deporte navarro, y sobre todo las disciplinas olímpicas, vivieron la intensidad previa que Barcelona contagió a todos los rincones de la península. El Plan ADO de ayuda a los deportistas con posibilidades de acudir a los Juegos, implicó en la Comunidad Foral a muchos más de los que al final acudieron a la cita. Disciplinas como el taekwondo, el judo, el ciclismo y el fútbol tenían también candidatos que, en el corte final, no entraron en las listas definitivas.

Pero lo que más encendió el espíritu olímpico por estas tierras fue el paso de la antorcha y la ceremonia de bienvenida en Pamplona. Decenas de hombres y mujeres de todas las edades tuvieron la oportunidad de portar la llama en relevos de 500 metros durante los días 23 y 24 de junio. Otros menos, quienes hacían de acompañantes por si ocurría una caída o sobrevenía una fatiga, consiguieron disfrutar de ese momento único durante 5 kilómetros inolvidables. Y, como recuerdo, pudieron comprar una reproducción de la antorcha por 15.000 pesetas (unos 90 euros). La misma con la que el jugador de baloncesto Juan Antonio San Epifanio, Epi, cubrió el último relevo en el Estadio de Montjuic una cálida tarde de verano.

Pero si hubo un deportista navarro omnipresente en Barcelona fue Miguel Induráin. Desde la pantalla gigante de televisión que dominaba la sala internacional de prensa hasta su asistencia a la ceremonia de clausura, pasando por el importante anuncio realizado por el presidente del COI, Juan Antonio Samaranch, el ciclista de Villava hizo una carrera paralela a la de sus colegas olímpicos. Su imagen vestido de amarillo acompañó durante varios minutos el trabajo de los periodistas que el viernes 23 de julio escribían las crónicas previas al gran evento. Induráin dominaba la contrarreloj entre Tours y Blais, de 64 kilómetros, para sentenciar su segundo Tour de Francia. Días después, y durante una visita a los frontones que albergaban las competiciones de pelota, Samaranch respondió a preguntas de un periodista navarro avanzando que iba a hacer todo lo posible para que los ciclistas profesionales compitieran en los inmediatos Juegos de Atlanta de 1996, en un indisimulado deseo de que Induráin no solo volviera a ser olímpico (compitió en su etapa de aficionado en los Juegos de Los Ángeles de 1984) sino de que completara su dilatado palmarés con una medalla olímpica (como así ocurrió en la modalidad de contrarreloj). El aclamado deportista, por fin, fue invitado a la ceremonia de clausura, el domingo 9 de agosto, previo cóctel en el Palacio de Pedralbes.

La cercanía a Barcelona, por último, también permitió que por primera vez la prensa que se editaba en Navarra -entonces Navarra hoy y Diario de Navarra- cubriera el evento con enviados especiales que ampliaron la información facilitada por las agencias de noticias y, sobre todo, acercaron a sus lectores el día a día de los deportistas forales.

Pelota

La oportunidad perdida

Barcelona’92 era un escaparte inmejorable para que la pelota -incluida como deporte de exhibición- dispusiera de una amplia difusión internacional por la presencia de medios de comunicación de todo el planeta. Sin embargo, el día de la clausura de las competiciones, el entonces director técnico de la Federación Española, José Mari Echeverría, realizaba un análisis demoledor: “No se ha vendido bien la pelota. De cara al exterior casi no hemos existido”. La curiosidad arrastró hasta los frontones del Valle de Hebrón a muchos periodistas orientales y anglosajones, pero con el ánimo de plasmar una disciplina que interpretaban exótica desde su punto de vista. Sin embargo, en los medios estatales, excepción hecha de aquellos lugares ligados estrechamente a su práctica, casi nada. La pelota repartió un montón de medallas a la delegación española (cinco de oro, tres de plata y dos de bronce) pero, como ya sucedió la anterior experiencia en los Juegos de México de 1968, su territorio de influencia no registró ninguna nueva expansión geográfica. Será difícil que vuelva a encontrarse en una situación semejante porque ahora las preferencias de los organizadores van por otros derroteros.

La presencia de Juan Carlos I en el frontón tampoco le dio más repercusión. El monarca, a quien llevaban de campo en campo y de pabellón en pabellón, presenció la semifinal de paleta en la que Óscar Insausti y el riojano Juan Pablo se medían contra Argentina. El rey reveló que había acudido al Valle de Hebrón atendiendo una invitación de Antxon Ibarra, seleccionador de mano, con el que se encontró durante una visita a la Villa Olímpica. Y la palabra es la palabra...

Por número, la otra delegación navarra en importancia era el béisbol. Cinco jugadores, cuatro anotadores, un técnico y un médico formaban la expedición que lideraba el entonces presidente de la Federación Española (y ahora de la Navarra de Pelota), Miguel Ángel Pozueta. La selección española consiguió una victoria sobre Puerto Rico. El béisbol, desde entonces, ha ido en decadencia, sin la ayuda económica que ha recibido en otros lugares y con problema de instalaciones.

Con el fiasco del equipo de balonmano (del que formaba parte Mateo Garralda), el navarro más relevante en Barcelona resultó el nadador Jorge Pérez. El pamplonés, que entonces tenía ficha con Anaitasuna, rebajó en las series en casi segundo y medio su propio récord de España de los 400 metros estilos y fue tercero en la final B. Ese mismo verano fichó por el Club Esportiu Mediterrani y realizó el resto de su carrera deportiva en Catalunya. En el año 2000 compitió en los Juegos de Sidney.

La herencia

Los voluntarios y la ‘Libreta Campeones’

Dos secuelas más palpables que otras sobreviven, al menos, de aquellos Juegos. Por un lado, la Asociación de Voluntarios de Navarra (Asvona), que tiene su origen en la cita olímpica en la que la ayuda desinteresada de cientos de jóvenes de todo el Estado además de ser una novedosa aportación resultó determinante para el buen desarrollo del evento. A Barcelona viajaron entonces 17 navarros que, después de aquel fuerte impulso, se consolidaron como un colectivo que hoy sigue prestando su colaboración en otros ámbitos y es posible verlos en actividades de todo tipo, como las Javieradas por ejemplo.

La otra herencia es material y tiene que ver con la aportación económica realizada por la Caixa en su iniciativa Libreta de Campeones. La entidad bancaria aportó 50 millones de euros a los deportistas más exitosos en aquella cita;la condición era que el reparto comenzaría a realizarse después de que los beneficiarios cumplieran los 50 años. Algunos deportistas navarros ya lo están disfrutando desde hace bien poco. Al fin, entre tanto humo, todavía quedaban brasas.

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