Susurros al oído

Por Xabier Iraola Agirrezabala - Lunes, 24 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

la Comisión Europea lanzó hace ya bastantes meses una macro-consulta popular con el objetivo de conocer la opinión de la población europea sobre el futuro de la Política Agraria Común (PAC) europea más allá del año 2020. Pues bien, la consulta popular, cuyos resultados han sido recientemente presentados por el comisario agrícola, el irlandés Phil Hogan, ha cosechado un éxito enorme de convocatoria si tenemos en cuenta las 322.900 respuestas recibidas frente a las escasas 5.700 respuestas recogidas en la anterior Consulta allá por el año 2010;ahora bien, conociendo como vamos conociendo el paisanaje y los paisanos del terruño, no me ha sorprendido nada saber que de esas 322.900 respuestas, la propia Comisión ha desechado unas 248.000 respuestas que fueron enviadas masivamente, en tromba, corta-pega a mansalva, por un conglomerado de asociaciones y ONG conservacionistas, ecologistas o como puñetas quieran calificarlas. Sí, esas numerosas y correosas asociaciones que se refieren a las organizaciones y asociaciones agrarias como el detestable lobby agrario, han demostrado una vez más que, ellos sí funcionan como un lobby bien organizado y engrasado. Si nos atenemos a las 58.000 respuestas válidas, cómo se podrán imaginar las respuestas son tan variopintas como los propios opinadores y así mientras para los remitentes ligados a la producción primaria, lo verdaderamente importante es asegurar la producción alimentaria, garantizar la equiparación de la renta agraria con el resto de la sociedad, las normas de regulación del mercado y por supuesto, la reducción de las cargas burocráticas que les obliga a pasar más tiempo rellenando papeles que cuidando de la tierra o del ganado, por la otra banda, lógico, por la banda de los consumidores, conservacionistas, pensadores… las prioridades van desde las cuestiones medioambientales, la biodiversidad, la lucha contra el cambio climático y la preservación de un mundo rural vivo donde pervivan miles de pequeñas explotaciones. Ya lo dice mi suegra, en una de sus lapidarias frases que suelta a menudo y que hay que rumiar lentamente para poder captar la profundidad de la carga: “No se puede tener la bota llena y la suegra borracha”, y por ello me quiero imaginar que a las autoridades políticas que deban decidir sobre la cuestión les ocurrirá algo similar y así, en un delicado ejercicio de escapismo, bien aliñado de justificaciones tan variadas como peregrinas, recolectarán del amplio surtido de objetivos y argumentos recogidos en esas 58.000 respuestas para, en definitiva, hacer lo que quieran o buenamente puedan. Soy consciente que ya no valen fórmulas como las utilizadas en épocas no tan lejanas donde se puso todo patas arriba y se levantó una estructura de ayudas ininteligible para el común de los mortales para quedarse como estaban porque, a la postre, eso era lo que algunos responsables políticos querían y por ello, sin grandes revoluciones, pero sin quedarse encadenados a la historia anterior, estimo que es posible mejorar notablemente la actual PAC atendiendo prioritariamente la agricultura familiar ubicada en zonas de montaña y en zonas con grandes dificultades para la producción, potenciando el relevo generacional e impulsando la estructuración del sector y su participación en el conjunto de la cadena. Por cierto, hablando de la cadena alimentaria, no me cabe la menor duda que el reequilibrio en el seno de la misma deberá ser una de las máximas prioridades, si no la principal, para poder hacer frente a la volatilidad de unos mercados cada vez más globales y liberalizados donde la distribución, según documento de la propia Comisión ha pasado de llevarse un 38% del valor añadido en la cadena alimentaria en el año 1995 a un 51% en el 2011 mientras la industria se mantiene en torno al 30% y los productores, lamentablemente, bajan de un 31% en 1995 a un 21% en el 2011. Sé que mis amigos Patricia y Gotzon, excelentes representantes de dicha distribución, quizás, no estén de acuerdo con estos datos y me susurrarán que aquí la cosa es bien diferente. Yo mientras tanto, convivo con productores que siguen vivos con el hilillo de oxígeno que se les concede pero al mismo tiempo, constato, que dicho hilillo de oxígeno es claramente insuficiente, para alimentar la vitalidad que caracteriza a los más jóvenes.