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El chupinazo más lluvioso que se recuerda para empezar la juerga

La plaza de los Fueros se llenó de paraguas a causa del mal tiempo

Una inclemente y continua lluvia redujo al mínimo los pasacalles

Lander Santamaría Juan Mari Ondikol - Martes, 25 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Nahia Urzaiz (izda, con chubasquero gris) disparó el cohete festivo.

Nahia Urzaiz (izda, con chubasquero gris) disparó el cohete festivo.

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Nahia Urzaiz (izda, con chubasquero gris) disparó el cohete festivo.El rey Enrique de Navarra salió y se retiró obligado por el chaparrón.Benito Elizagoien y ‘kargodunak’ reparten las típicas Baztanzopak.Chubasqueros y paraguas de todos los colores a la espera del chupinazo, con menos gente en la plaza de los Fueros por la intensa lluvia.
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elizondo- A las doce y en la plaza de los Fueros, la niña Nahia Urzaiz Cuartero, 11 años, alumna de Baztan Ikastola, bajo una lluvia intempestiva que superaba de largo el autóctono xirimiri, acertó a gritar “Gora Elizondoko bestak!” (¡Viva las fiestas de Elizondo!) y a prender la mecha del cohete festivo más importante del año en la localidad. Una lluvia, unida a la meteorológica, de caramelos para la chavalería lanzados desde el kiosko acompañó el primer estampido y los que le siguieron disparados por las amigas de la cuadrilla de la protagonista del día, para caer y sembrar el suelo con el gentío feliz pero con más ganas de ponerse a cubierto que de recoger dulces.

En efecto, el momento del chupinazo fue el más pasado por agua que se recuerda en décadas en Elizondo, pero además con el agravante de que el chaparrón pareció arreciar en el momento de encender las mechas. Y el primer y gran acto festivo fue más propio de un “Santiago y abre el paraguas” que el tradicionalmente belicoso. Aunque la mayoría de los asistentes, incluida Nahia Urzaiz, la encargada de abrir los festejos que, asistida del voluntarioso artillero mayorMayi Juanikotena, tuvo que disparar hasta tres cohetes, acudieron advertidos y previsores todos bien provistos de chubasqueros y paraguas.

El inicio festivo resultó pues atípico, por más que a esta tierra se la conozca como la Navarra húmeda del noroeste, aunque las bandas de gaiteros y txistularis y la txaranga sí cumplieron con su labor y llevaron música y ambiente, bien es verdad que más solos que nunca. Y cosas de la tecnología, el chupinazo se lanzó a ojoya que por avería las campanas de la parroquia tocan los cuartos pero enmudecen para hacer lo propio con las horas.

La Comparsa de Gigantes, rivales históricos por cierto, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón por un lado y Margarita y Enrique de Navarra por otro, salieron tímidamente pero tuvieron que ser retirados, ser de cartón es lo que tiene, y los kilikis corrieron también a ratos detrás de la chavalería. Incluso a última hora de la tarde, se veían kilikis por parejas persiguiendo a los chavales a los que la llovizna les trae sin mayor cuidado.

baztanzopakEn la plaza, otro colaborador incombustible, Benito Elizagoien, acompañado por varioskargodunak repartieron generosamente las Baztanzopak típicas de las vísperas festivas. El aperitivo gustó a la concurrencia, “están bien ricas”, que agradeció el obsequio con el que dio un poco de calor gastronómico a sus cuerpos frente a la inclemencia del tiempo.

A las ocho de la tarde, según costumbre en los últimos años, se volvió a lanzar el chupinazo de “los que trabajan” y no pueden acudir al mediodía, lo que le ocurrió a la propia alcaldesa Alazne Sansiñena. Al final, paciencia y barajar, concierto nocturno en la plaza y a esperar que el famoso anticiclón nos eche un cable mejor antes que después.