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Más pies para los gigantes

La comparsa ha incorporado a siete integrantes más para bailar a las dos nuevas figuras: Íñigo y Oneca

Iñaki Parra - Martes, 25 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Íñigo Castellano (tercero por la izquierda) y tres de los nuevos integrantes de la Comparsa delante de la figura de Íñigo Arista.

Íñigo Castellano (tercero por la izquierda) y tres de los nuevos integrantes de la Comparsa delante de la figura de Íñigo Arista. (IÑAKI PARRA)

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Íñigo Castellano (tercero por la izquierda) y tres de los nuevos integrantes de la Comparsa delante de la figura de Íñigo Arista.

tudela- La Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Tudela ha vivido, tras la llegada de dos figuras más, la incorporación de hasta siete personas en menos de dos años. Seis de ellos se integraron en 2016 y uno más se ha unido este mismo año para concluir el ciclo de renovación de la compañía. “Ahora ya estamos completos y perfectos. Los nuevos han sido chavales muy favorables a coger gigante desde el primer día”, afirma Íñigo Castellano, director de la Comparsa y encargado de enseñar a los nuevos miembros la dinámica de trabajo e instruirles en los bailes de los gigantes.

Esta llegada supone un aumento considerable de la asociación, que ha pasado de 20 a 27 integrantes en menos de 24 meses. Pero lo más curioso es que con la gente que está apuntada esperando a que la llamen a participar bailando gigantes se podría fundar una nueva asociación, al estar en lista unas 20 personas.

A partir de esa lista fue como llegaron tres de los nuevos miembros: Guillermo Cornago, Jonathan Cervera y Julen Munárriz, quienes ya habían tenido experiencias anteriores ya fuera como cabezudos, músicos o como danzantes. “Nos gusta todo. Desde el ensayo y el ambiente hasta el buen rollo”, aseguraron los tres de forma unánime, a la vez que puntualizaban que “es una actividad muy satisfactoria, mejor de lo que nos podíamos esperar”.

Los ensayos se iniciaron en enero y se incrementaron exponencialmente según se acercaba el día 24 de julio. “Son muchas horas, pero merece la peña”, destacó Cornago. “Los nuevos tienen otra preparación, porque empiezan más despacio a excepción de casos muy brillantes como el de Julen Munárriz”, indicó Castellano. De hecho, Munárriz, el último en llegar, ha sido hijo de un histórico bailador de gigantes, por lo que algo traía aprendido de casa. Según reconoció, “Esto lo he vivido siempre”.

El crecimiento ha sido posible gracias a la donación de las dos figuras hecha por el albacea Rafael Urzainqui en nombre de Mari Carmen Aguirre Yolde, vecina nacida en Arguedas, que costaron unos 21.000 euros. Cada gigante, de unos 60 kilos, cuenta con tres danzantes que se reparten en bailes de aproximadamente dos minutos.

Dicha donación no ha pasado desapercibida para los vecinos, que en la 40ª edición del Paloteado de San Juan criticaron su uso y defendieron otras obras sociales y culturales más urgentes, como una biblioteca. Al respecto, Castellano explicó que fue un regalo muy específico en el que ellos no tuvieron decisión. De hecho, reconoció que “nosotros preferíamos unos cabezudos antes que unos gigantes”.

Asimismo, uno de los aspectos más comentados de los nuevos gigantes fue los rostros recios de Íñigo y Oneca, que impresionaban a los más pequeños. “Eso también pasó cuando empezamos con los viejos. Es cosa de acostumbrarse a ellos”, objetó Castellano.

HISTORIA Las figuras de los primeros reyes de Pamplona fueron elaboradas por el artesano Jesús María Ganuza. Íñigo Íñiguez reinó entre los años 810-820 y 851. Su madre se casó en segunda nupcias con el Banu Qasi Musa ibn Fortún de Tudela, uno de los señores del Valle del Ebro con cuyo apoyo llegó al trono, y fueron los padres Musa ibn Musa, cuyo busto se encuentra cerca de la plaza de Mercadal. Este matrimonio dejó bajo la influencia de Íñigo Arista unos territorios considerables: desde Pamplona hasta los altos valles pirenaicos de Irati (Navarra) y el valle de Hecho (Aragón). Oneca fue hija de Velasco, gobernador de Pamplona. Velasco fue el cabecilla de la rebelión profranca que en el 799 asesinó al valí musulmán Mutarrif ben Musa, de la familia Banu Qasi. Su matrimonio con Íñigo Arista unió a las dos facciones rivales de Pamplona.

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