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Mujer e inmigrante: una vida de doble lucha

Silvia Velásquez, presidenta de la FAIN, considera que la discriminación de inmigrantes y mujeres está “estrechamente ligada”

Cristina Jiménez Javier Bergasa - Martes, 25 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Silvia Rosa Velásquez, presidenta de la Federación de Asociaciones de Inmigrantes en Navarra, en su despacho de abogados.

Silvia Rosa Velásquez, presidenta de la Federación de Asociaciones de Inmigrantes en Navarra, en su despacho de abogados.

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  • Silvia Rosa Velásquez, presidenta de la Federación de Asociaciones de Inmigrantes en Navarra, en su despacho de abogados.

pamplona- Hace cuarenta años, Silvia Velásquez dejó atrás su Perú natal y viajó a España para estudiar Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Allí compaginó sus estudios con trabajos puntuales para financiar su carrera. Al terminar, se trasladó a Pamplona para cursar un máster en la UPNA. Asegura que trajo aspiraciones pero no vino para quedarse. La vida quiso que se enamorase de un pamplonés, con el que contrajo matrimonio en 1989 y tuvo tres hijos. “Ellos se sienten de aquí antes que de Perú, pero trato de enseñarles las dos culturas, porque mi óptica de visión es la de una peruana con mucho cariño a esta tierra”, asegura.

Desde 2010, Silvia es presidenta de la Federación de Asociaciones de Inmigrantes en Navarra (FAIN), pero su trayectoria destaca, desde hace muchos años, por conjugar el movimiento social con la vida laboral. A partir de 1993, comenzó a compaginar su labor de abogada con asuntos relacionados con la inmigración. Durante varios años colaboró con el Gobierno de Navarra y a partir de 1997 desarrolló tareas de asesoría jurídica en el servicio de inmigración del sindicato UGT. Además, presidió el colectivo Contigo Perú de 2001 a 2010.

Silvia reconoce que la situación de los inmigrantes ha cambiado mucho desde que ella llegó a España. Confiesa que no se implicó demasiado en la causa porque “en Madrid, en los años 80, había inmigrantes pero no demasiados”. Cuando llegó a Iruña, debido a la coyuntura económica de los países latinos, el índice de migrantes fue creciendo y le generó una inquietud. A raíz de ese contexto, se fue construyendo en la sociedad inmigrante un modelo de autoempleo en el que “las principales perjudicadas fueron las mujeres”. Para Silvia, la problemática de la inmigración iba estrechamente ligada a la desigualdad de género en la sociedad. No en vano, se involucró en la causa desde una perspectiva política y de 1999 a 2007 fue concejala de Igualdad por el PSN en el Ayuntamiento de Burlada, localidad en la que reside. “Las mujeres han sufrido discriminación del sexo masculino de igual manera que los inmigrantes por parte de la sociedad autóctona”, asegura Velásquez. Asimismo, reconoce que si bien es cierto que la situación en la actualidad es muy diferente a la de hace años, y “hemos avanzado mucho”, todavía queda trabajo por hacer.

En el ámbito laboral, explica, sucedió “algo peculiar” durante la década de los 90 y el comienzo de siglo. Las cifras de paro en Navarra eran un reflejo de la sociedad de entonces y el desempleo de hombres en la Comunidad era prácticamente nulo gracias al boomde la construcción y de industrias como la metalúrgica. “Lo curioso era que las estadísticas indicaban una mayor cifra de paro en el sector de mujeres autóctonas que en el de hombres inmigrantes”, comenta la presidenta de FAIN.

Poco a poco, el sector servicios fue generando empleabilidad hacia las mujeres y “gracias a la lucha femenina, que todavía fue peor en las inmigrantes”, afirma Velásquez, se equilibró la situación. Para la presidenta, ese es un punto clave: avanzar todas en una misma dirección. La disgregación por razas para luchar por unos derechos “genera racismo y tenemos que borrar esa idea de la mentalidad actual porque la única manera de erradicar las desigualdades, sean las que sean, es entre todos y todas”, reclama Silvia Velásquez. En este sentido, colabora con Network Women, una asociación que trabaja con colectivos de mujeres en América Latina: “Lo llamamos ‘movimiento transnacional de mujeres’ y creemos fundamental el trabajo entre países para avanzar”.

Para Velásquez, la respuesta hacia la inmigración por parte de la sociedad navarra ha evolucionado “muy positivamente” en los últimos años. La mentalidad ha cambiado, detalla, y hoy en día “la integración cultural es buena”. Considera que “más que racismo, es falta de conocimiento”, al tiempo que afirma que lo principal para superar este bache es la comunicación: “Los autóctonos pueden evitarnos por miedo y los inmigrantes no buscan excesivo contacto con ellos por diferencias culturales o porque no entienden cosas tan simples como que en Navarra la gente hable tan alto”. Por este motivo, hace un llamamiento a todos y todas a realizar encuentros interculturales de forma divertida: “bailando, por ejemplo, todos hablamos el mismo idioma”.

Luchar contra los delitos de odio o la xenofobia requiere la implicación de los ciudadanos, “pero también de las instituciones, que al fin y al cabo son reflejo de la sociedad”, para fomentar la no exclusión. La presidenta de FAIN asegura que debemos terminar con los estereotipos y nutrirnos de lo que nos aportan todas las personas: “Cada vez hay más inmigrantes que aprenden euskera, por ejemplo”, lo cual considera un logro y concluye con que “solo hace falta ganas y tiempo”. A pesar del gran cambio social, Velásquez llama a “la no autocomplacencia” y a seguir trabajando.

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