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‘Demodé’

Por Cristina Jiménez - Miércoles, 26 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Me he vuelto pelirroja sin comerlo ni beberlo. Y mira que soy de buen estómago, que escucho argumentar a los que no quieren cambiar los nombres de las calles del Barrio y me lo trago sin masticar. Dos cucharadicas de bicarbonato y pasa. Pero que volverme panocha de repente me cuesta asimilar. Más que nada porque no me queda a lo Julianne Moore, sino que parezco una adolescente con azafrán en la cabeza tres horas antes del cohete. Me pasé de Mississippis con el tinte y ahora ya no hay mucho remedio. Dice mi madre que no está tan mal, que voy a la moda, que parezco Sansa Stark y que igual así los de la Teba me invitan a un par de cañas en fiestas. ¡Porque menuda currada este año con su Juego de Tebanos! Yo ya era fan de Arellano de siempre, pero ahora que es Daenerys de la Tormenta ni te cuento. A ver si así llueve cuando toca y no hay más granizo en junio, que luego no hay manera de recoger cosecha. Calesa yo creo que no tiene, pero quizá los dragones pueden ayudar en los desalojos del Casco Viejo cuando se desborde el Ebro en 2018. Igual algo hay que hacer para que no revivamos el Día de la Marmota todos los años, ¿o qué? A lo que iba, la moda y yo no somos muy colegas. Llevo años intentando borrar de mi mente esos pantalones fosforitos acampanados que me hacían reconocible en la Noctua y 25 km a la redonda. ¿Y ahora van y vuelven? Lo mismo que Los vigilantes de la playa con esos bañadores rojos imposibles sobre cuerpos bien fornidos que habrán pulido a base de hummus, yoga y aguacate. Que es lo que se lleva, pero que no. Sin embargo, hay una moda que se me resiste. Me paso el año esperando el objeto sin utilidad definida que va a hacerse famoso en las próximas fiestas. Coronas con más luces que alguno que otro, chapas de El Fary que provocan verdaderas contiendas conyugales, o el mono de ojos bañados en sangre de 2016 que daba más miedo que subir a casa de noche por la Torre Monreal. Lo del gorro ya está asegurado. Y eso que este año no hay que ir a morir al paseo de los Poetas, porque el pasado invité a un par de amigos de fuera y desde entonces nos llaman los tuaregs. ¡Vaya desierto aquello! Pero yo me lo guardo por si acaso, y así ya de paso disimulo el pelirrojo. Y hablando de rojo, menos mal que ya se me puede quitar el rubor de las mejillas. ¡Por fin, Estela! Tú sí que eres diosa, y ya hemos tardado en cederte el trono. ¡Viva Tudela y felices fiestas!

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