la carta del día

El intrusismo en la psicología

Por Rosa Ramos Torío - Jueves, 27 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Alo largo de la historia de la humanidad siempre ha existido una necesidad en el ser humano de búsqueda del bienestar. Con el tiempo, la población ha aumentado el nivel de expectativas en torno al bienestar emocional, de modo que las personas buscan más ayuda y recurren a servicios que les proporcionen bienestar psicológico. El desarrollo y la presencia de la profesión de la psicología en múltiples ámbitos de nuestra sociedad ha experimentado un reconocimiento y una identificación de profesionales que prestan ayuda y mejoran la salud de las personas. Es en este contexto donde aparecen también las amenazas externas.

En la actualidad se está dando una proliferación de lo que, desde la psicología, denominamos pseudoterapias, es decir, terapias que se ofrecen para curar todo tipo de problemas con base emocional o trastornos que requieren una especialización psicológica, pero que provienen de campos bien distintos. Estas pseudoterapias suelen hacer atractiva la captación de clientela. Algunos, por ejemplo, se anuncian ofreciendo seminarios de tiempo récord para enseñar técnicas sin ninguna base científica, prometiendo la cura de todo tipo de problemas con base emocional o trastornos que requieren una intervención desde la especialización en nuestro campo.

A veces estas pseudoterapias, que quizá podríamos llamar terapias-milagro, son impartidas por profesionales que nada o poco tienen que ver con la psicología, aunque también se dan casos en los que los psicólogos mismos participan. En cualquier caso, se trata de un buen filón económico. Por ejemplo, un coach economista que trata las depresiones, o un especialista en nutrición que anuncia tratamientos para trastornos de la alimentación como la anorexia o la bulimia. O profesionales de la psicología que ofrecen servicios combinados como psicología y tarot, psicología y reiki;incluso se ha dado el caso de algún psicólogo que, bajo el nombre de la bioneuroemoción, promete curar el cáncer.

Proporcionar ayuda en el campo de la salud mental es situarse en una dimensión de profesionalidad, rigor y conocimiento avalado por la comunidad científica. El intrusismo en nuestra profesión está siendo, por ello, un tema de preocupación desde los órganos de gobierno que regulan nuestra profesión como el consejo o los colegios autonómicos. El desarrollo del Observatorio contra el Intrusismo y Defensa de la Profesión ha puesto de manifiesto que, en menos de un año, se han recibido más de 300 denuncias, presentadas por los colegiados, así como también por parte de algún usuario, sobre multitud de ofertas de centros y personas que ofrecen servicios para solucionar problemas relacionados con la salud mental, pero que provocan más bien todo lo contrario.

Nuestro código deontológico regula de manera clara nuestra actividad profesional. Diversos artículos exponen la exclusividad de ofrecer servicios o sistemas de intervención sujetos al conocimiento científico y la obligación de actualizar de manera continuada dicho conocimiento. No debemos presentar publicidad engañosa o confusa al usuario, como tampoco podemos ofrecer ayuda con sistemas que no puedan ser replicados y recomendados por las investigaciones o publicaciones rigurosas (NICE;OMS, etcétera).

Las consecuencias que se derivan de un mal ejercicio tanto de profesionales de la psicología como desde el intrusismo son enormemente graves, a tenor de los datos que tenemos cuando nos toca intervenir y reconstruir el daño experimentado por estas personas que se han expuesto al trabajo de personas no capacitadas. Se entiende, por tanto, que éste es un problema de salud pública en el que las administraciones deben proteger a la población, colaborando en la regulación de estos sistemas de captación o exigiendo la capacitación necesaria para prestar determinados tipos de ayuda para la salud mental de las personas.

Existe además la necesidad de regular los espacios de intervención y de analizar los límites en relación a otras profesiones, así como con los sistemas que se ofrecen prestando ayuda. Actualmente los órganos de gobierno de la profesión de la psicología podemos intervenir solamente sobre personas que se anuncian como sanitarios o que ofrecen tratamientos presentándose como centro sanitario sin serlo.

Es necesario, por tanto, que la población comprenda el riesgo que supone ponerse en manos de pseudoprofesionales que no poseen los conocimientos rigurosos ni están registrados en el órgano que regula el ejercicio profesional de la psicología, apoyándose en el código deontológico.

La autora es decana del Colegio de Psicología de Navarra