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Tudela | El encierro

El día de los milagros

Los astados de Valdefresno cubrieron el recorrido en un tiempo récord de 2’40’’
Caídas, embestidas y derrotes crearon mucho peligro, pero no hubo heridos

Fermín Pérez-Nievas I. Porto/O. Montero/I. Parra/ J.A. Martínez/F. P-N. - Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Arriba, un mozo corre, periódico en mano, para entrar en el callejón de la plaza de toros.En el centro, un joven se queda quieto tendido en el suelo esperando a que pase la manada en la avenida de Zaragoza.Aitor Aristregui esquiva al manso caído en la avenida de Zaragoza.
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tudela- Dos minutos y 40 segundos. El encierro más rápido que se recuerda en Tudela. Ésa hubiera sido su duración si no se tuviera en cuenta el segundo cohete que se lanza cuando los cabestros escoba ya han entrado en el corral y que prolongó la duración hasta los 4 minutos y 4 segundos. En ese pequeño espacio de tiempo, el expreso de la ganadería de Valdefresno (Salamanca) tuvo tiempo de poner en serias dificultades a algunos de los corredores más veteranos del encierro de Tudela, aunque permitió también muy bonitas carreras. Caídas, embestidas, tropezones y derrotes hacia las vallas fueron las notas más destacadas de estos casi 900 metros aunque, por una especie de milagro, se saldó sin heridos de consideración.

El momento de mayor peligro se vivió después de que los toros cayeran en la curva de Baquero Jacoste, a donde llegaron en manada. A partir de ahí empezó otro encierro con los toros separados en tres grupos. En el segundo marchaba Cigarro, un toro curioso que derrotaba en cuanto se despistaba. En la avenida de Zaragoza un manso se cayó a los pies del corredor Aitor Arístregui impidiendo su paso. El joven consiguió saltarlo y, casi de milagro, logró evitar la embestida de Cigarro que ya se quedó cruzado en el recorrido. Entonces llegó otro grupo de tres mozos de los que el astado eligió a Cruchaga al que embistió y zarandeó. Por delante las caídas se sucedieron sin que hubiera más que dos trasladados por cortes en la barbilla y en la mano. Un día de milagros.

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