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“Estoy cómodo en política, aunque algún sapo he tragado”

H. Unzueta - Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

pamplona- Perseguido por el franquismo, Lluís Llach pagó su resistencia con detenciones y el exilio. Cruzó los Pirineos y el poeta y cantautor gerundense ahora retirado del escenario se convirtió en al abanderado de la Nueva Cançó. En la misma longitud de onda que Raimon, Serrat, Labordeta o Mikel Laboa, convirtió su L’Estaca en un himno de rebeldía. La misma que empuña ahora desde su asiento en el Parlament como diputado de Junts pel Sí, al que llegó tras petición expresa de Oriol Junqueras y Artur Mas.

¿Continuará en política tras el 1 de octubre?

-En ningún caso. Del mismo modo que aquí se habla mucho de la ley de transitoriedad entre el estatus actual y la independencia puedo decir que yo soy un diputado transitorio, alegremente transitorio.

¿Desgasta mucho la política?

-No hablaría en esos términos. Yo pensaba que podría ser útil para el procés soberanista y, por tanto, una vez conseguido este objetivo soy una persona que no tiene ninguna pretensión política. Tengo dudas de que en una legislatura normal yo pudiera tener un papel. Tampoco esto es una vocación. Diría que es una voluntad de servir a una idea concreta durante un tiempo determinado. Cuando más pronto pueda volver a mi vida anterior y seguir con mi retiro, ponerme a escribir libros, continuar con mi proyecto en una pequeña fundación en Senegal… seré mucho más feliz.

¿Tuvo que pensárselo mucho antes de decidir entrar en la política?

“Cuanto antes pueda volver a mi vida anterior a la política y seguir con mi retiro, seré mucho más feliz”

“Dejé de cantar para asistir al final de mi vida con otra tranquilidad, pero ha sido un fracaso porque el ‘procés’ está siendo todo menos

-Me apasiona el reto, me apasiona esta aventura y por eso decidí dar el paso. El Estado español nos ha abocado a una situación dificilísima. Creo que Catalunya lo tiene crudo si no consigue crear su propio paradigma político. Nos sentimos ahogados en muchos aspectos: democrático, histórico, lingüístico, cultural, económico… En menos de seis años hemos pasado de un 12% de independentistas a un 54%.

¿A qué atribuye ese crecimiento?

-A que el Estado español está en un desastre absoluto del proyecto que puso en marcha en 1978. Lo que está pasando en Catalunya es el acta notarial de defunción de 1978. Aquel proyecto de futuro ilusionante, también para mí, de convivencia entre diferentes pueblos del Estado español, de democracia avanzada… primero se lo cargó Felipe González y lo convirtió después José María Aznar en un yermo absoluto. Así hasta nuestros días. Cuando el Tribunal Constitucional, dominado por el PP, elimina un Estatuto que había votado el Parlamento catalán con un apoyo del 90%, nos hizo comprender a los catalanes que a través de la democracia se querían menoscabar otra vez las posibilidades de realización de nuestro país. Antes utilizaban los capitanes generales con asonadas y ahora lo hacen mediante leyes democráticas, lo de democráticas va entre comillas.

¿Le costó adaptarse a la disciplina de partido siendo usted un independiente?

-Pensaba que me iba a costar mucho más de lo que ha sido. La realidad es que la coalición Junts pel Sí es muy heterogénea y además la transversalidad es absoluta. Reúne a gentes que van desde la extrema izquierda hasta la derecha y en medio de todo esto estamos una docena de independientes y el respeto a todas esas posiciones es obligado. Tenemos un programa electoral muy definido en el que todos estamos comprometidos a apoyar pero luego nos damos la libertad de pensamiento y opinión. Incluso cuando hemos votado en el grupo cosas distintas nunca se ha producido un problema grave. No solo en temas de independencia también en temas sociales. Me siento cómodo aunque alguna vez algún sapo he tragado, pero ha sido en pocas ocasiones.

¿Volverá a subirse a un escenario para cantar?

-No, no tengo esa pretensión, no tengo nostalgia. Dejé de cantar en buenas condiciones y lo dejé de manera voluntaria para poder vivir de otra manera, para aprender otras cosas, para poder asistir al final de mi vida con otra tranquilidad, aunque eso de la tranquilidad ha sido un fracaso porque el proceso en el que estoy participando es todo menos tranquilo.