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Chernóbil

Veintidós niños y niñas procedentes de Ucrania, que viven en aldeas a unos 30 kilómetros de la antigua central nuclear de Chernóbil, veranean este año con familias navarras para recuperar sus defensas de cara al invierno

Un reportaje de Amaia Marcos / Andrea Encinas. Fotografía Oskar Montero - Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Viven en las aldeas cercanas al radio de exclusión de 30 kilómetros establecido alrededor de la vieja central de Chernóbil, en una zona devastada por el desastre nuclear ocurrido en 1986. Pero durante dos meses de este verano, veintidós niños y niñas ucranianos son acogidos por familias navarras con un objetivo que es vital para ellos: recuperar las defensas para afrontar el invierno. La Organización Mundial de la Salud (OMS) asevera que si un niño que vive en una zona contaminada de radiación como Chernóbil sale de esa región dos meses durante unos cinco o seis años llegará a ser un adulto sano. Con su estancia estival en Navarra se consigue lograr este objetivo.

Este es el saludable proyecto que comparten las asociaciones Arco Iris Solidario, arraigada en Navarra, y Chernobil Elkartea, que opera en la CAV. Ambas empezaron sus programas de acogida durante el verano en 1996, y hace un par de años decidieron sumar esfuerzos. “La unión va muy bien, porque ahora pueden venir más niños”, afirma Marian Izagirre, presidenta de Chernobil Elkartea. Sin embargo, para que esto sea posible, apunta, es necesario que haya familias dispuestas a acogerlos durante dos meses. “Las asociaciones dependemos mucho de los medios de comunicación para dar a conocer estos proyectos, pero también funciona muy bien el boca a boca: siempre hay una familia con una buena experiencia que puede hablar con otra familia y que el verano siguiente venga un niño más”, señala la responsable de Chernobil Elkartea.

El programa de acogida está enfocado a que los niños “recuperen las defensas” para que pasen el invierno en Ucrania con más fuerza. “Es básicamente un programa de salud: lo importante es que los niños salgan de la zona contaminada”, destaca Marian. Por ello, se hace hincapié en que, mientras los niños y niñas ucranianos estén con sus familias navarras de acogida tengan una alimentación equilibrada. “Es muy importante porque ellos tienen una dieta muy poco variada. Desde luego, allí no tienen acceso fácil a la carne o el pescado, sino que son alimentos que están más reservados para días de fiesta”.

El proceso de selección de los menores comienza cuando la familia del niño en cuestión lo inscribe en el programa a través de los monitores que trabajan en Ucrania. Entonces, el equipo visita a los menores que pueden ser candidatos para viajar a Navarra y la CAV. “Con posterioridad, se hace la captación de la familias de acogida. Si encontramos veinte familias nuevas, vienen veinte niños;si conseguimos cinco, vienen cinco. Pero siempre se visitan a unos cien niños”, exponeLide Alvarez, de Chernobil Elkartea.

ACOGIMIENTO CONTINUADOAdemás de hacer entrevistas a las familias que quieran acoger a los menores, las asociaciones les proporcionan preparación con psicólogos antes de recibir al niño en verano. “Buscamos que el niño y la familia encajen, lo que nos interesa es que se lleven bien para que vuelvan el año siguiente”, dicen. En ese sentido, tanto Lide como Marian hacen hincapié en que el programa es “un acogimiento continuado”: se plantea que el niño vuelva siempre con la misma familia, hasta que cumpla la mayoría de edad.

Insisten en que no van a buscar a un niño que no quiera venir. “Lo que hacemos es asegurarnos de que el niño quiere venir o que por lo menos está preparado para dar el paso. Ello no impide que el primer año sea complicado”, comenta Marian, que equipara la situación a “cuando de pequeños queríamos ir a las colonias y cuando te vas te falta tu madre y estás un poco perdido”. “Nosotros intentamos que cuando los niños estén aquí vean caras conocidas y que sepan que su madre en un momento dado puede identificarles. Eso les da mucha confianza”, indica.

Las dos asociaciones que impulsan este programa acompañan a las familias de acogida durante todo el verano. “Vienen monitoras de Ucrania bilingües que, además, conocen a los niños”, resalta Marian. Asimismo, se realizan actividades a lo largo de los dos meses para que los menores y las familias se junten, desconecten y compartan sus experiencias.

En cuanto a la atención de posibles contingencias médicas de los menores, Carmen Oscariz, presidenta de Arco Iris Solidario, indica que “el funcionamiento del seguro médico de los niños es el mismo en Navarra y en la CAV. Están incluidos en la cartilla de la Seguridad Social, como ocurre con nuestros hijos”. El Colegio Oficial de Dentistas de Navarra, por su parte, pone a disposición del programa un número de dentistas que atienden a estos menores gratuitamente. “Son niños y niñas que vienen con la boca en muy malas condiciones”, resalta Carmen.

FAMILIA Valle-arellano

“Fue una decisión pensada y meditada”

Esperanza Arellano y su marido Francisco Valle tienen un hijo de 13 años, José Javier, y desde hace varios años llevaban queriendo traer a un niño en acogida. Finalmente tomaron la decisión y fue Rostiyslav Danylchenco, un niño de 8 años, el afortunado. “Fue una decisión pensada y meditada”, aclara Esperanza.

Las familias que traen niños en acogida tienen que hacer un desembolso económico importante, que comienza por pagar el vuelo del menor. Además, una vez en Pamplona, el gasto que supone su estancia es “como si se tratara de nuestro propio hijo -explica Esperanza-. Gastos en la alimentación, en la ropa, etcétera”, continúa. “La única ayuda que tenemos es la de la red de dentistas que colabora con la ONG”, apostilla Francisco. “De hecho, el verano pasado lo llevamos y le hicieron varios empastes”, añade Esperanza. Aparte del derecho a acudir al dentista, los niños acogidos pueden recibir asistencia médica. La familia de Rostiyslav acudió al pediatra el verano pasado para someterle a una revisión. “El médico nos dijo que estaba perfectamente. Este año todavía no le hemos llevado porque hemos estado de vacaciones”, dijeron.

Respecto a la experiencia del año pasado, han comprobado “que Rostiyslav ha crecido, porque la ropa que llevaba el verano anterior se le ha quedado pequeña, y los zapatos también. Además está alegre, contento, sonriente, come y duerme bien y no se queja de nada, vemos que no tenemos que preocuparnos”, asegura Francisco.

Los padres de acogida reconocen que durante el primer verano la adaptación no fue sencilla, pero este está siendo mucho más fácil porque ya es uno más de la familia. “Creemos que sobre todo se encuentra más cómodo porque domina mejor el idioma”, apuntan. Además, el chico está plenamente integrado con los Valle-Arellano, puesto que este es el tercer viaje que realiza a Navarra, tras haber venido también en Navidades. “Viene a su casa, a su familia -aclara Francisco-. Ya nos hemos acoplado, él a nosotros y nosotros a él, y la cosa ya vemos que funciona bastante mejor”. Cuando llegó Rostiyslav por primera vez, “era muy frío, muy poco expresivo, no manifestaba sus emociones así como así, no daba un beso ni un abrazo a nadie. Pero ahora es todo lo contrario, no hay que pedirle que nos dé un beso, viene él y te lo da”, detalla el padre de la familia.

En su primer desembarco, Esperanza recuerda que la falta de dominio del idioma supuso un gran obstáculo para comunicarse con Rostiyslav, porque “vino sin saber absolutamente nada de castellano. Y ahora habla bastante bien. Tienen que ser palabras muy complejas para que no las entienda”.

El programa, como bien explican las familias, está pensando para que, si sale bien el primer verano, los niños sigan repitiendo año tras año. “Por nuestra parte, nos encantaría que siguiera viniendo”, sostienen estos padres. Además, en su opinión, en esta acogida el menor que viene “puede aportar más de lo que le puedes aportar tú a él”. “Te da tanto cariño y le ves que está tan feliz, que te produce una satisfacción muy grande”, expresa Esperanza, y añade: “Sobre todo el saber que estás haciendo algo bueno te hace sentir bien”.

FAMILIA etxaide

“Los primeros días fueron un poco duros”

Eunate Etxaide, madre de Ibone, una niña de 9 años, contó que la decisión de traer en acogida a Veronyka, la tomó de repente. “Un día, escuché que decían en la radio que había niños de Chernóbil que necesitaban familias de acogida y algo se me removió por dentro, apunté el teléfono y no le di muchas vueltas al tema, fue bastante instintivo y de corazón”, explica.

Pero los principios no son fáciles. “Los primeros diez días fueron bastante potentes, y un poco duros, hasta que cada una cogió su papel. Las dos me llamaban ama. De hecho, Ibone le decía a su hermana que no me llamara así, que yo no era su ama, y que me llamase Eunate. Pero luego fue poco a poco a mejor”, explica. “Viene un niño con seis años y es muy pequeño, cuesta un poco para cuando se hace a la familia... Pero en ningún momento notamos que no fuese cariñosa. Es cierto que al principio cuando le hacía caricias para dormir se extrañaba y ahora, en cambio, las pide. Al principio le sorprendía que estuviera tan pendiente, es verdad que su madre allí tiene otros dos hijos y que tanta atención no le puede prestar”, narra Eunate. Además, explica que cuando Veronyka se vuelve a su país “se nos queda un vacío en el cuerpo enorme” y su hija “se pega unas lloreras terribles”.

Para Eunate, la adaptación de Veronyka también se vio afectada por la complejidad de no manejar el idioma, y en los problemas a la hora de comunicarse eran frecuentes. “ Cada vez que se iba y volvía había que empezar de cero con el idioma, pero las últimas veces ya hemos notado una mejoría muy buena, habla perfectamente, y ya no se le olvida, lo tiene completamente adquirido”.

Gracias a tener la oportunidad de ir al médico, como cualquier otro ciudadano de Pamplona, “estas Navidades operaron a Veronyka de vegetaciones, le quitaron las anginas, porque hablaba con voz gangosa y la pobre no podía ni respirar”, expresa Eunate.

FAMILIA ginés-gutiérrez

“Son mucho más agradecidos”

Naroa Ginés, vecina de Pamplona y de 31 años de edad, y su marido Rubén Gutiérrez han traído por primera vez este verano a Yaroslava Beschastna en acogida tras informarse acerca de la situación de los niños en Chernóbil. “Había leído muchas veces en prensa y me interesé por el tema. Nos pusimos en contacto con la asociación, nos explicaron cómo funcionaban y nos animamos a probar la experiencia”, expresa Naroa, madre de Nahia y Ariane, de 7 y 4 años respectivamente. Desde el día 26 junio que llevan viviendo con Yarosalava, Naroa ha podido comprobar que “estos niños viven y son felices con mucho menos”. “Por ejemplo, acudir a la piscina es algo muy normal para tus hijas, pero para Yaroslava, en cambio, es una pasada. Alucina con muchísimas cosas que son habituales para nosotros, como coger el ascensor de casa”, explica. Por ello, opina que “son mucho más agradecidos que nosotros”.

De momento, la familia primeriza ha querido probar la experiencia, con la intención de que no se quede en algo aislado y seguir repitiendo próximos veranos. “Pasaremos el verano y luego ya veremos si en Navidades ella quiere venir. Tendríamos que saber qué quiere su familia también”, explica. Al ser el primer mes que Yaroslava pasa fuera de su hogar en Privirsk (Ucrania), la dificultad idiomática está a la orden del día. “Nos vamos entendiendo, muchas veces utilizamos los gestos y las señas para poder explicarle cosas. Hasta que no van hablando es complicado, pero en dos semanas ha ido chapurreando un poquito más”.

La costumbres, tradiciones y educación de los niños del entorno de Chernóbil distan mucho de la cultura de aquí. “En las casas de algunos de los niños no suele estar la figura paterna presente, porque el padre no vive con ellos”, señala Naroa. En el caso de Yaroslava esto no ocurre, “porque el padre sí vive en el hogar, pero la relación con el progenitor es como la que existía en España hace varias décadas, con padres costumbristas. Y eso lleva a que la relación sea más fría y al venir aquí les cueste más relacionarse con los hombres”, añade. El rol de los niños también es muy distinto, “con seis años limpian el suelo, se duchan y asean solos... Es muy diferente a cómo se tratan aquí a los niños, ya que se les trata como lo que son, niños”, finaliza.

en la Primera Fila. (de izquierda a derecha) Ibone Elizalde, Irune Rezusta, Veronyka Strelkova, Katerina Dehtiar, Denis Palchynsky, Rostiyslav Danylchenko, José Javier Esparza, Cristina Garzón, Vitalina Rudenko, Luis Esparza, Unai Zubillaga. en la sEgunda Fila.Oleksandr Korbut, Aitor Saiz, Polina Kuzmenko, Anastasiya Korbut, Katya Adamenko, Taiisia Holavach, Ane Lamberto, Jone Lamberto, Nahia Gutiérrez, Yaroslava Beschastna, Maria Hlovatska.

en la tercera Fila.Flor Díez, Clara Ilundain, Julia Ilundain, Juncal Remacha, José Javier Esparza, Ana, Carmen Oscariz, Mikel Villanueva, Svitlana Volochay, Denis Saiz, Uxue Villanueva.

en la cuarta Fila.Lyudmyla Artemova, Yolanda Fernández, Roberto San Román, Eunate Etxaide, José Javier Ilundain, Ariane Gutiérrez, Loli de Dios, Rubén Gutiérrez, Tedy Garzón, Naroa Ginés, Francisco del Valle, Esperanza Arellano.

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