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actuales buscadores de hogares de alquiler

El inquilino post-burbuja

Diez años de crisis inmobiliaria han forjado a los actuales buscadores de hogares de alquiler: jóvenes con estudios y con trabajos liberales, parejas ilusionadas con hacer su vida adulta y familias migrantes que han resistido


Un reportaje de Daniel Burgui Iguzkiza

Domingo, 30 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Una pareja observa un cartel de alquiler en un bloque de viviendas de Bilbao.

Una pareja observa un cartel de alquiler en un bloque de viviendas de Bilbao. (Foto: Borja Guerrero)

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Una pareja observa un cartel de alquiler en un bloque de viviendas de Bilbao.

durante los últimos diez años, la década de 2007 a 2017, se ha ido fraguando y asentando en términos inmobiliarios lo que podríamos llamar el inquilino post-burbuja. Principalmente son dos perfiles que coinciden con este tipo de ciudadana/o que anda ahora mismo en la búsqueda de alquiler y que hace tiempo que descartó el acceder a una vivienda en propiedad: migrantes y familias que han superado la crisis y que han progresado lo suficiente como para mantener buenos ingresos, pero no como para comprar viviendas, y el perfil de joven con-con (con estudios y con trabajos, así en plural), que confronta al ni-ni (ni estudia ni trabaja). Son jóvenes de entre 25 y 35 años, que crecieron a finales de los noventa y terminaron sus estudios al inicio de la crisis. En general, tanto unos como otros han tenido oportunidad de desarrollarse laboralmente, sí. Pero han ido encadenando prácticas, becas y una larga retahíla de empleos precarios. Muchos han sido autónomos: optaron por el autoempleo como último salvavidas. Así, su nómina se caracteriza por la irregularidad, su vida laboral ha estado marcada por la movilidad geográfica sin capacidad para ahorrar ni asentarse en un lugar concreto. Por eso hallan en el alquiler, compartido, en pareja o con amigos, la forma de consolidar su vida adulta. Los expertos aseguran que “muchos podrían permitirse el pago de una cuota hipotecaria, pero no disponen de los ahorros necesarios para costear la entrada (alrededor del 30% del valor del piso)”.

Muchos inquilinos son parejas jóvenes, de entre 25 y 35 años, con ingresos regulares pero empleos discontinuos

Es el caso de la pamplonesa Noelia Larrate, que lleva viviendo de alquiler desde los 23 años, cuando terminó sus estudios de Fotografía. Ahora tiene 34 años y es dependienta en una gran superficie comercial, después de haber tenido una gran diversidad de empleos, haber sido autónoma, y haber pasado por pisos en los barrios de San Jorge y Sarriguren. Finalmente, ha recalado en La Milagrosa, en un apartamento de 90 m2, por el que paga 500 euros al mes. “Hace dos años me apunté a Nasuvinsa -la empresa pública de vivienda- para alquiler de protección oficial pero no he tenido suerte, pese a cumplir los estándares de precariedad”.

Iñigo Ortiz, diseñador gráfico y trabajador freelancede 33 años, finalmente se marchó a vivir con su pareja Begoña, -enfermera en Osasunbidea-, el año pasado a un ático de 93m2 en el Casco Viejo, reformado, moderno, pero sin ascensor por el que pagan 700 euros al mes. “Me hubiese gustado vivir por mi cuenta antes, pero es difícil”, explica. Ella sí había vivido varios años de alquiler en Mendebaldea. Y él había compartido piso en Madrid. Su hermano, Xabier, de 31 años y profesor de Educación Infantil, vive la misma situación: comparte piso en Huarte con su pareja, Nerea, que es veterinaria. Juntos afrontan una renta de una Vivienda de Precio Tasado (VPT), en el que casi todos sus vecinos son alquilados y la propiedad es de una promotora que no pudo vender las casas. “A veces me asalta el temor de cómo terminaremos el mes, como autónomo es difícil, pero el alquiler me da la tranquilidad de que no nos atamos mucho con nadie”, cuenta Iñigo, aún con esa sensación de fragilidad.