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Los pequeños juegan ante astas simuladas

Los encierros infantiles han sido, una vez más, un éxito al que han acudido docenas de niños

Iñaki Parra Lázaro - Lunes, 31 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Un niño se aparta cuando llega uno de los toros simulados a su paso por la plaza Vieja.

Un niño se aparta cuando llega uno de los toros simulados a su paso por la plaza Vieja. (I.P.)

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Un niño se aparta cuando llega uno de los toros simulados a su paso por la plaza Vieja.

Tudela- La joven cantera de corredores de encierros de Tudela se dio cita ayer por última vez para despedir a los ya tradicionales encierros infantiles, convertidos en una de las actividades imprescindibles para los pequeños santaneros. Hasta allí se acercaron docenas de niños y niñas que, acompañados por sus familiares y amigos, se atrevieron a correr delante de los toros simulados como auténticos mozos.

Este año, los encierros infantiles durante la semana festiva fueron ocho, uno menos que el año pasado, pero más que los de la mañana de los adultos, que son seis. Cuatro fueron organizados por la Federación de Peñas por las calles Herrerías y Yanguas y Miranda, y las otras cuatro estuvieron a cargo de la Orden del Volatín desde la calle Rúa y atravesando la plaza Yehudá Ha-Leví.De este modo, todos los días, excepto el 24, los niños han podido recorrer las calles tudelanas delante de las astas de los toros que, aunque simulados, son bastante realistas.

De hecho, aunque hubo toros más o menos realistas, e incluso algún vecino llevó sus propias creaciones, la mayoría fueron realizados a partir de cabezas disecadas y se estrenaron en las fiestas de 1999, cuando se cumplía la cuarta edición de los encierros infantiles, por lo que este año han cumplido 22 años. Dicha idea partió del empresario taurino Juan Luis Ruiz, quien durante la novillada de la Semana de la Verdura de aquel año se ofreció a donar íntegramente las cabezas de los animales y a hacerse cargo del coste total de las nuevas figuras.

Así, la mayoría de los niños de entre 3 y 14 años se convirtieron estas fiestas en auténticos expertos en los encierros y, aunque para algunos esta era la primera vez que corrían, el último día ya estaban totalmente preparados para atreverse incluso a soltar la mano de sus padres y recorrer algunos metros totalmente solos. Desde su escaso metro de altura, la vista de los toros debe ser bastante impresionante, lo que explica la intensidad con la que la mayoría de ellos corrieron.

Aunque la actividad es para los pequeños, los padres disfrutaron casi tanto como sus hijos, y es que en estos encierros el peligro de los de la mañana desaparece y se convierte en diversión con la que cualquiera puede disfrutar.

Los seis toros principales encargados de desatar la carrera miden 1.90 metros de largo y 1.20 de alto y pesan unos 20 kilos. La cabeza es real, pero el resto del cuerpo está formadopor una carcasa de metal recubierta con una tela negra, lo que conjuntamente provoca unos morlacosde lo más creibles que los niños no dejaron pasar por alto con numerosas exclamaciones y gritos que se convirtieron en el mejor pago para los adolescentes que portaban las creaciones.

Todos los asistentes coincidieron en la necesidad de fomentar este tipo de actividades infantiles, donde se mezcla la diversión de los más jóvenes con la práctica de deporte.

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