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¿Quién fabrica el calzado del verano?

Lunes, 31 de Julio de 2017 - Actualizado a las 12:01h

Calzado.

Calzado.

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Calzado.

El maestro espartero, un oficio casi olvidado pero que se sigue practicando sobre todo por las personas mayores, que vieron su auge y su caída tras la llegada de la era del plástico. Hoy, sin embargo, el esparto vuelve a estar de moda.

Desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX fue la primera industria local de muchos pueblos españoles y el sustento para muchas familias que veían la artesanía del esparto como una actividad propia del día a día.

El esparto se obtiene de diversas plantas silvestres del grupo de las gramíneas y entre los meses de julio y agosto es cuando se recoge para ser utilizada en la industria artesanal de la pleita y para el trabajo de los maestros esparteros.

Este vegetal ya fue utilizado por los romanos, que fueron los primeros en comprobar su alta resistencia y que además verificaron que esta especie era más duradera que otras.

En muchos pueblos de España las familias iban al campo a recoger el esparto en verano para tener en los sucesivos meses material para el trasiego de las labores agrícolas y enseres para la vivienda, desde una persiana para aplacar el calor en los cortijos como una pleita para reposar el queso y darle así el dibujo deseado.

A los pequeños no les gustaba mucho coger esparto debido al calor que hacía, por lo que intentaban recolectar más los días de luna llena. "Era más soportable", recuerda Vicente Sánchez, maestro espartero, que ha comentado que el oficio le viene de su padre, costurero del esparto y que pasaba días por los pueblos de la Serranía de Ronda vendiendo los encargos.

"Pasaba unos diez días recorriendo los pueblos de Andalucía porque a todo el mundo no se le daba bien cocerlo y, tras cargar el burro, aprovechaba cualquier momento para hacer trabajos, incluso por la noche en la posada", ha asegurado el maestro.

En la actualidad es inviable subsistir del trabajo del esparto, que se ha convertido en una labor artesanal por aquellos que aún mantienen la tradición y el amor a sus orígenes. Otro maestro espartero, Mateo Peña, que junto a Vicente Sánchez todos los años dan cursos de este oficio en Parauta, recuerda cómo los hijos aportaban al padre el esparto que necesitaba, las madres tejían cortinas andaluzas y los abuelos cosían pleitas para levantar capazos, alfombras y cestas.

También era típico que los niños se encargaran de picar a diario dos manojos de esparto, ya que los padres necesitaban tener siempre esparto "picao" para tejer las esparteñas, porque el trasiego de las labores del campo obligaba a reponerlas cada mes. Había zonas que no se podía coger sin pagar un impuesto pero Vicente Sánchez recuerda cómo se hacían de manera furtiva para conseguir algo más de dinero.

El esparto se puede trabajar de diferente manera: crudo cuando es recogido y tendido al sol durante 40 días;y crudo verde, recogido y seco sin exponer al sol. También está el esparto "picao" que es el crudo curado y sumergido en agua durante cuarenta días, conocido también como el "cocido", aunque dicha expresión no significa que haya tenido que hervir en agua.

Los beneficios de la industria del plástico son reales y quizás se podría tomar conciencia sobre los perjuicios del consumo intensivo y descontrolado y aprovechar los beneficios del esparto, por ejemplo al tomar un buen aceite o vino en una garrafa envuelta en afinada pleita o conservar la fruta en una bonita cesta de esta especie vegetal.