Explosión intencionada

Sara Magallón - Martes, 1 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Lamentable, penoso, triste, pero sobre todo duro, muy duro. Puente la Reina (mi pueblo materno), sábado 29 de julio, 1:30 de la madrugada, último día de fiestas, las calles llenas de gente, sobre todo jóvenes. Estoy con una amiga en su casa y de repente sentimos un estruendo y un temblor enorme, como si de una bomba se tratase. Oímos gritos y entonces salimos a la calle corriendo. Jóvenes, muchos jóvenes corriendo asustados, varios de ellos ensangrentados, y un edificio ardiendo. Escucho: “Ha explotado una casa y hay mucha gente herida”. Voy corriendo hasta el lugar, y sin quererlo me topo con dos chicos que llevan en bolandas a otro muy mal herido, inconsciente y sin saber qué hacer con él. Sin pensármelo dos veces decido ocuparme de él, lo tumbo en el suelo, tiene la cabeza ensangrentada, los ojos semi abiertos pero la mirada perdida, parece que respira, tiene pulso, pero muy débil. Intento abrirle la boca para evitar que se trague la lengua. No lo consigo, pues tiene la mandíbula en tensión y se me hace imposible. Lo coloco en posición de seguridad, con una mano intento localizarle el pulso, con la otra le hago presión en la parte trasera de la cabeza pues tiene una parte de ella abierta, y coloco mi cara pegada a la suya para sentir que respira. Mientras, voy gritando su nombre continuamente pero no responde. Sigo atentamente vigilando que respira y presionando su herida. Espero a que lleguen los servicios de emergencia. Al lado, su novia, en shock, malherida también, muy aturdida pero consciente. Ella es atendida por otras personas, pero yo me centro en el chico dada su gravedad. Enseguida se acerca un chico diciéndome que es enfermero y entonces él se ocupa de localizar el pulso del chico y yo me centro en su respiración y en la herida de su cabeza. Pasados unos minutos aparecen un par de chicas diciendo ser médicos. Una de ellas corrobora que tiene pulso, pero que no responde a ningún tipo de estímulo. La situación es de mucha tensión y preocupación. Llegan las ambulancias y yo ya no puedo hacer más. Ellos se ocupan de todo. Me voy del lugar ensangrentada y en shock en busca de mi madre y mi tía que estaban en el lugar y no sabían de mí.

Cuando posteriormente se empiezan a oír rumores de que lo más seguro es que haya sido intencionado por el fallecido no doy crédito. Efectivamente, hizo estallar una bombona de gas. Claramente quería llevarse con él más vidas. No tiene nombre lo que este individuo ha conseguido. Sólo deseo una cosa: que todos los heridos se recuperen.

Todos los días pienso en ellos y en sus familias, pero sobre todo en él, en la mala suerte que tuvo esa noche. Hice lo que pude por ti. Recupérate pronto, Eduardo.