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Ángeles entre llamas

una veintena de voluntarios de dya navarra, profesionales sanitarios y de emergencias que estaban de fiesta y vecinos por puro instinto auxiliaron en la madrugada puentesina

Un reportaje de Enrique Conde

Martes, 1 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Pili Huarte y su marido Lino Ugarte.

Pili Huarte y su marido Lino Ugarte. (Foto: D.N.)

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  • Pili Huarte y su marido Lino Ugarte.
  • Vecinos echan agua para tratar de apagar el incendio.

Será una noche para olvidar en Puente-Garés pero, por suerte, dentro de la tragedia, brillaron algunas estrellas en un pueblo que se entregó a la solidaridad. Fue la noche en la que Linoesprintó por la calle Cortes de Navarra para aporrear la puerta de sus vecinos y alertarles de que había que salir como fuera;la noche en la que su amigo y vecino del inmueble afectado, Kukín, sacó a sus hijas como pudo, se las entregó a Linoy Javier para que salieran cuanto antes y, mientras bajaba por su edificio con su mujer, se empleó con un extintor por la escalera para tratar de minimizar los daños. Fue también la madrugada en la que Sara Magallón se disponía a dar una vuelta con una amiga, pero acudió frente a la emergencia, cuando todo el mundo huía, y tuvo en sus manos a Eduardo Álvarez;y fue ese momento en el que un enfermero y dos médicas, que también disfrutaban de la fiesta, se emplearon a fondo para ayudarla. Fue la noche en la que Uxua y sus amigas de Tafalla lo pueden contar de milagro, en la que el bombero puentesino Javier se encargó de movilizar a la dotación de vecinos dispuestos a actuar del modo que fuera;fue la noche en la que una vecina proporcionó una llave para la boca de riego, vital para sofocar las llamas;y la noche en la que Oihan Mendo, el alcalde, puso todo lo que tenía a mano para el auxilio. La noche de tantos anónimos que arrimaron el hombro.

Manu Chueca, voluntario de DYA Navarra en Puente la Reina-Garés, habla en nombre de los veinte voluntarios que trabajaron a destajo para atender la emergencia. “Al ser el final de fiestas y noche de sábado, contábamos con un dispositivo con una ambulancia medicalizada, otra de servicio vital básico y un vehículo de equipo de rescate”. De la deflagración se enteraron porque les fue llegando un reguero de gente con diversas heridas, sobre todo por cristales, y advertían de una explosión. “La información era confusa. No sabíamos directamente lo que había pasado, de qué tipo de emergencia se trataba. El vehículo de rescate se acercó hasta el lugar, nos informó, emplearon las mangueras que lleva habilitadas el propio vehículo y desplazamos al resto de medios que teníamos. A la base se fueron acercando todos los voluntarios que teníamos porque la situación era desbordante, un caos. Pero, por fortuna, nos han formado en simulacros de emergencias y ese aprendizaje fue valioso de cara a actuar esa noche. Había que hacer un triaje para priorizar las atenciones. Nos encontramos dos tipos de heridos;aquellos más graves, afectados directamente por la onda expansiva o que recibieron el impacto de cascotes y ladrillos;y otros más leves, que necesitaban curas y suturas por cortes causados sobre todo por cristales. El pueblo se volcó. Todo el mundo con cualificación, de enfermería o de medicina, echó una mano y, gracias a eso, se respiraba tranquilidad. Poco a poco fuimos evacuando a heridos al hospital. Tuvimos 27 atendidos que requerían algún tipo de atención médica. A las 5.00 terminamos y nos pusimos a limpiar todo lo que quedaba”.

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