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ADIÓS AL FANTASMA NUCLEAR

Una maratón de 42 años

El reactor nuclear de Garoña paró a las 22.57 horas del 16 de diciembre de 2012. Era la central con menor potencia y su ‘apagón’ no se ha notado en el suministro.

Un reportaje de J. Fernández - Miércoles, 2 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Protesta de Greenpeace ante la entrada a la central nuclear.

Protesta de Greenpeace ante la entrada a la central nuclear. (Foto: Efe)

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  • Protesta de Greenpeace ante la entrada a la central nuclear.

Se acabaron los dimes y diretes, entre apocalípticos e integrados. Santa María de Garoña no volverá a operar;no al menos como central nuclear aunque sí como cementerio en el que serán guardados los residuos generados en estos últimos 42 años de actividad debido a la inexistencia de un almacén centralizado al que transportarlos. Tal y como consta en documentación de Nuclenor, la gestora de la central, al cierre de 2016, “en la piscina de combustible usado se encuentran almacenados 2.505 elementos, que representa un nivel de ocupación del 96,01%”.

ResiduosAlmacén propio

En manos de Enresa

Tras el cierre de la central, el asunto de los residuos nucleares será el próximo caballo de batalla de las protestas ciudadanas y ecologistas. Porque antes del desguace de las instalaciones, Nuclenor deberá abordar un proceso de predesmantelamiento en el que debe descargar ese combustible gastado y almacenado en la piscina. Para eso es necesario construir en la planta un Almacén Temporal Individualizado (ATI) con capacidad para almacenar todo el combustible gastado. En segundo lugar, deberá acondicionar los residuos radioactivos de baja y media actividad durante los 42 años de explotación de esta central para enviarlos a El Cabril (Córdoba) donde existe un depósito para este tipo de deshechos. Y según algunas informaciones, Enresa cifra en más de 7.200 las toneladas de residuos radiactivos generados en el proceso de desmantelamiento de Garoña. Casi la mitad se correspondería con residuos de muy baja actividad.

HistoriaCentral Bilbao-Ebro

Nueva fase, el desguace

No obstante, y lejos de cálculos y estimaciones, la historia de Santa María de Garoña -el primer nombre barajado para la central nuclear fue el de Bilbao-Ebro- está marcada por una cronología entretenida. Localizada en una península natural formada por un meandro del río Ebro a escasos kilómetros de la Comunidad Autónoma Vasca, se acopló al sistema eléctrico el 2 de marzo de 1971, logrando la plena potencia 27 días después con 460.000 kilovatios eléctricos brutos, la menor de todas las centrales españolas, y cesó su actividad en diciembre de 2012 sin que este hecho se haya dejado notar en el suministro. El reactor que no volverá a funcionar era el más antiguo de los siete que hay en operación en España y uno de los que mayor rechazo ha generado en el sector antinuclear, que convirtió la petición de cierre en un símbolo. Actualmente quedan cinco plantas nucleares en operación: Almaraz en Cáceres (con dos reactores I y II), Trillo en Guadalajara, Vandellos II y Ascó (dos reactores I y II), ambas en Tarragona, y Cofrentes en Valencia. Otras dos más Vandellos I (Tarragona) y Zorita (Guadalajara) están siendo desmanteladas y Garoña será la tercera en entrar a esta nueva fase.

‘Luces’ y sombrasDesde 2009

Zapatero y Rajoy

En cualquier caso, la última década ha sido la más movida. En concreto, desde que el 2009, el 5 de julio, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero concedió la última licencia de explotación en la que se fijaba su cese para el 6 de julio de 2013, en lugar de los diez años a los que inicialmente había dado luz verde el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). La decisiónno fue del gusto ni de la sociedad civil -que pedía su cierre definitivo- ni de la propietaria de Garoña que solicitaban esa prórroga de diez años. Todo este escenario posibilista cambió en enero de 2012 cuando el nuevo Ejecutivo del PP encargó un informe sobre la posibilidad de alargar la vida de Garoña al CSN, organismo que el 17 de febrero dictaminó que no había inconveniente en ello. A partir de entonces, dio comienzo el engranaje de declaraciones públicas, de conversaciones privadas y de todo un abanico de manifestaciones de personas anónimas y de colectivos ecologistas. Así, en julio de 2012 el gabinete de Mariano Rajoy modifica el decreto de clausura de Garoña y concede a Nuclenor más plazo -hasta septiembre- para pedir formalmente la prórroga de actividad hasta 2019. Sin embargo, y con la fecha de caducidad casi encima, Nuclenor renuncia a presentar la solicitud por motivos económicos: elevadas inversiones para seguir operando, nuevos impuestos.... Y al Ejecutivo español no le quedó más remedio que desconectar a Garoña de la red eléctrica. Era diciembre de 2012.

Licencia y fechaNuclenor

El decretazo de 2013

Sin embargo y sorprendentemente, a mediados de 2013, Nuclenor cambia de opinión y pide al Ministerio de Industria la revocación parcial de la Orden que fijaba el fin de su licencia de explotación para ese 6 de julio de 2013. Y entonces llegó un decretazo por el que se autorizaba que una central cuyo cierre se deba a razones económicas y no a cuestiones de seguridad, pudiera solicitar la renovación de su permiso de explotación. Con este nuevo campo de juego, en mayo de 2014 Nuclenor solicitó renovar el permiso de explotación hasta 2031, solicitud sobre la que el CSN debía emitir un informe técnico preceptivo y vinculante: si era negativo obligaba al cierre definitivo y si era positivo -como ocurrió- dejaba la decisión final en manos de Industria.

Y el CSN hablóEl intenso 2016

Con todo, favorable

En febrero de 2016 la mayoría de los grupos del Congreso, constituido tras las elecciones de 2015, exigieron detener el proceso de evaluación hasta la formación de un nuevo Gobierno. Ese mismo mes, los directivos del CSN anunciaron que remitirían su informe sobre Garoña, aquel solicitado hacía un par de años antes, a Industria en el segundo semestre de 2016 y en octubre de ese mismo año se hace público: el CSN está a la espera de que Garoña cumpla las condiciones para su reapertura. Ya en enero de este mismo ejercicio, el CSN recibe el expediente de la solicitud de autorización de explotación de Garoña para prorrogar la vida útil de esta instalación. Y en febrero aprueba un dictamen favorable siempre y cuando Nuclenor cumpla con las inversiones en seguridad que se le exigen.

IberdrolaPunto y final

La metamorfosis de 2017

Todo esto cambió cuando a finales de marzo, Ignacio Sánchez Galán -presidente de Iberdrola- anunciaba públicamente que la eléctrica no tenía interés en volver a operar la central y pidió a su socio en Nuclenor (Endesa) que “desista” en la petición para reabrir, algo a lo que nunca llegó a renunciar la copropietaria de Garoña.

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