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La Tierra vive ‘de prestado’ desde ayer. El próximo problema de la central: no hay almacén para tanto uranio

La construcción del almacén temporal de la planta burgalesa no ha concluido, pero cuando lo haga, tampoco será suficiente

Un reportaje de Marta Hurtado - Jueves, 3 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Protesta de Greenpeace para pedir el cierre de Garoña.

Protesta de Greenpeace para pedir el cierre de Garoña. (Foto: Efe)

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  • Protesta de Greenpeace para pedir el cierre de Garoña.

pamplona- La construcción del Almacén Temporal Individualizado de Garoña no ha concluido, pero cuando lo haga tampoco será suficiente para tantas toneladas de residuos, que incluyen el combustible ya empleado en el reactor y que, en total, superan los varios miles de toneladas. Según el Plan de Gestión del Combustible Gastado de la central, un documento interno de la Empresa Nacional de Residuos (Enresa), la empresa valoraba a finales de 2011 cuatro alternativas sobre qué hacer con el uranio consumido para producir electricidad, todas ellas condicionadas a la construcción del Almacén Temporal Centralizado en Villar de Cañas (Cuenca).

Aunque Enresa se negó a facilitar a este periódico información acerca de la disposición de la piscina o el inventario de combustible gastado, sí que reveló las opciones que en aquel momento -meses antes de que Endesa e Iberdrola decretaran el cese de operaciones- barajaban como vías de gestión: esperar hasta que el ATC estuviera operativo y trasladar allí los residuos directamente desde la piscina, almacenar los residuos en un Almacén Temporal Individualizado, bien parcialmente o en su totalidad, o reprocesar el combustible y enviarlo al emplazamiento de Villar de Cañas.

Aunque la piscina es, en sí misma, un almacén, el propio informe descarta mantener el combustible allí durante un tiempo prolongado: “La solución de utilizar infraestructuras existentes es de viabilidad dudosa”, indica este análisis. Inicialmente, se contaba con que el ATC de Villar de Cañas estuviera listo para 2017 ó 2018, por lo que el almacén de Garoña estaba previsto para cobijar de forma provisional el combustible de la central. - D.N.

las claves

El planeta agota su “presupuesto ecológico anual” al sobreexplotar los recursosy su capacidad de regenerarse

en 1969 el mundo consumía al mismo ritmo que la tierra producía, una situación que año a año fue degradándose a causa de la sobreexplotación de la tierra y el mar y que ha provocado que en 2017 la capacidad que tiene el planeta de regenerarse de forma sostenible se acabara ayer.

Esto quiere decir que desde ayer hasta el 31 de diciembre consumiremos más allá de lo que la tierra puede crear naturalmente, forzándola y llevándola más cerca de su destrucción. Es la alerta que ha lanzado la ONG medioambiental Global Footprint Network que cada año mide cómo el “presupuesto ecológico anual” de la Tierra se agota antes y determina el “Día de la sobrecapacidad del planeta”, una jornada que cayó ayer y en 2017, antes que cualquier otro jamás registrado.

Esta jornada se calcula comparando el consumo total anual de la humanidad (huella ecológica) con la capacidad de la Tierra de regenerar en un año los recursos naturales renovables (biocapacidad). En 1969, el planeta vivía en armonía con el uso que las personas hacíamos de él.

En 2007, la fecha en que los recursos comenzaban a consumirse “de prestado”, había retrocedido hasta el 19 de diciembre;es decir, durante 12 días consumíamos más de lo que el planeta podía dar.

Hasta que hoy en día son cinco meses. 150 jornadas en las que consumiremos más de lo que la Tierra puede producir para regenerarse en consonancia con su capacidad natural y, por lo tanto, de manera sostenible. Al sobreexplotar el planeta provocamos deforestación, sequía, escasez de agua, erosión del suelo, pérdida de biodiversidad e incremento del dióxido de carbono en la atmósfera.

¿Cómo sucede esto? Porque los humanos pescamos más de lo que deberíamos, cultivamos más de lo necesario, talamos demasiados bosques y emitimos más dióxido de carbono del que los árboles disponibles pueden absorber, advierte la organización. De hecho, las emisiones de carbono representan el 60% de la huella ecológica de la humanidad.

Si las emisiones se cortaran por la mitad, el “Día de la sobrecapacidad de la Tierra” se atrasaría 89 jornadas;es decir, casi hasta noviembre.

Otra opción sería reducir a la mitad el despilfarro de comida, lo que provocaría, según la ONG, que el “Día de la sobrecapacidad de la Tierra” se retrasara 11 jornadas, y si tuviéramos una dieta menos proteica, el “Día” se postergaría 31 jornadas.

medidas adecuadasUn tercio de la comida producida en el mundo para consumo humano (1.300 millones de toneladas anuales) se malgasta, cuando representa un 9% de la huella ecológica mundial. Otros ámbitos que determinan la huella ecológica son la manera en que construimos y gestionamos nuestras ciudades (transporte público, uso de sistemas de calefacción o aire acondicionado) y la cantidad de población.

Si una de cada dos familias tuviera un hijo menos de los que tiene actualmente, en 2050 habría mil millones de personas menos de las que se esperan, lo que retrasaría el “Día” 30 jornadas. Como todas estas acciones no ocurrirán a corto plazo, por ahora seguimos consumiendo lo equivalente a la producción de 1,7 planetas, de acuerdo con la ONG.

Global Footprint Network también ha calculado la huella ecológica de algunos países desarrollados para identificar su impacto, entre ellos Australia, que consume 5,2 veces más que la capacidad de regenerarse de su territorio;EEUU (5 veces);Suiza (3,1);España (2,4);China (2,1);o Brasil (1,8). Según la ONG, si lográsemos posponer anualmente 4,5 días la fecha de “sobrecapacidad de la Tierra”, podríamos poder vivir y consumir de forma sostenible en 2050.

datos

Situación nacional. Los españoles necesitarían dos planetas y medio como la Tierra para satisfacer su consumo.

Medidas cercanas. Para disminuir la huella ecológica los activistas medioambientales recomiendan comer con mayor frecuencia productos vegetales ya que la producción de alimentos cárnicos requiere más superficie, así como evitar, por ejemplo, tirar alimentos y ahorrar en calefacción. También reducir los viajes en avión y apostar por el transporte público.

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