Transmitiendo el testigo

Dantzaris, giganteros y txistularis, elementos indispensables de la fiesta, hablan de su pasado, presente y futuro, del cambio generacional dentro de cada colectivo y del lugar que ocupan en el folklore estellés.

- Jueves, 3 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Nahikari Barrena, Jon Ander Torrado y Haizea Lakosta.

Nahikari Barrena, Jon Ander Torrado y Haizea Lakosta. (Foto: j.a.)

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Nahikari Barrena, Jon Ander Torrado y Haizea Lakosta.Raúl Barbarin (centro), junto a otros miembros de la Comparsa.José Luis Aznárez (izquierda) y Xabier Bilbao (centro), con otros miembros del grupo de txistu.Itxaso Valencia con sus hijos Andoni e Iratxe Okariz, de Ibai Ega.
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Me apunté a bailar a Larraiza porque soy muy bailonga”, dice Nahikari Barrena, de siete años. Su baile favorito es la zubidantza aunque, como a su compañera en el grupo, Haizea Lakosta (trece años), le gusta bailar “todo en general”. Ellas son el vivo ejemplo de una nueva generación de estelleses y estellesas que asumirán la emocionante y a la vez comprometida labor de continuar con las tradiciones culturales de la ciudad del Ega.

No son los únicos. Raúl Barbarin (16), miembro de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos, es aún demasiado joven para llevar a los gigantes -la edad mínima son 18 años- pero, aunque de momento disfruta siendo cabezudo, afirma que cuando llegue la hora se planteará dar el gran salto. “Tendré que aprender a bailar;eso va a ser un problema”, bromea. Por su parte, los hermanos Andoni (once años) e Iratxe Okariz (trece) llevan “interiorizando la danza desde que nacieron”, tal y como explica Itxaso Valencia, madre de los niños y miembro del grupo Ibai Ega. Ellos no lo dudan: “Nos gusta mucho bailar y queremos seguir haciéndolo cuando seamos mayores porque es nuestra afición desde pequeños”, aseguran.

cuestión de compromisoXabier Bilbao (21) es el integrante más joven del grupo de txistu Padre Hilario Olazarán y es muy consciente de la relevancia de que haya una continuidad en este particular instrumento musical. “Tengo miedo de que el txistu se pierda”, afirma. “Es importante que se vea en la calle de la misma forma que se ven un montón de gaiteros y cabezudos”.

Bilbao asegura que “hay gente joven que sabe tocar” pero “no se animan” a participar en el grupo. El elemento que encuentra a faltar en ellos es “compromiso”, una palabra a la que también recurren los miembros más experimentados del resto de asociaciones.

“Pertenecer a un colectivo conlleva unas obligaciones y las obligaciones en fiestas para todo el mundo son duras”, explica Sergio Azpilicueta, presidente de la Comparsa. “No solo para los jóvenes: también para los adultos, que tienen que abandonar a su pareja e hijos durante las fiestas”. Por su parte, el presidente de Larraiza Jon Ander Torrado lamenta que “la danza se considera lo primero que se puede dejar, antes que otras actividades como el fútbol”.

edad y culturaTanto en el grupo de Torrado como en Ibai Ega hay alrededor de 100 miembros, de los cuales tan solo unas 25 personas son adultas. Existe un vacío importante en los grupos de danza entre los doce y los 25 años, sobre todo entre el colectivo masculino. En la Comparsa este hueco también existe pero no empieza hasta a partir de los 16 años. “A esa edad, la noche los confunde”, asegura Sergio Azpilicueta. Su colectivo tiene 35 miembros, de los cuales cinco tienen entre doce y 16 años.

Itxaso Valencia es optimista: “Estamos en el camino correcto del relevo generacional”, afirma. “Sin duda, la mayor demanda es de niños, tal vez porque tienen menos sentido del ridículo que adolescentes y adultos, pero mientras haya personas dispuestas a trabajar para seguir adelante, el grupo no desaparecerá”. La dantzari de Ibai Ega lamenta que muchas personas abandonen el baile al tener hijos y asegura que para que haya un relevo hace falta una transmisión por parte de los adultos: “En mi caso, con dos hijos, siempre he considerado que tengo dos motivos más para seguir bailando”, dice.

El caso del txistu es distinto, ya que la media de edad es “de 50 años para arriba”, según explica José Luis Aznárez, miembro de Padre Hilario Olazarán. “Necesitamos gente joven;de momento estamos funcionando, que no es poco, y para nosotros supone una satisfacción”, afirma.

Los cuatro grupos coinciden en animar a todos los vecinos de la Merindad a participar en la fiesta desde sus colectivos. Torrado cree que el relevo es importante “porque es una tradición, aunque no me gusta mucho usar esa palabra, pero son costumbres que en Estella-Lizarra siempre se han hecho”, explica. Destaca, además, el caso particular de la danza en la localidad: “Tenemos un repertorio de bailes que son de aquí, como el baile de la Era, que no se baila en otros sitios;es parte de la cultura estellesa”, afirma.