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Pepa Gamboa directora de ‘fuenteovejuna’

“El arte no es patrimonio de nadie;estas mujeres están en el escenario por derecho propio”

La desobediencia civil que plasmó Lope de Vega en ‘Fuenteovejuna’ será hoy, a las 22.00 horas, la penúltima apuesta del ciclo de espectáculos de la Cava

Ana Oliveira Lizarribar Félix Vázquez - Viernes, 4 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

A la izquierda, las protagonistas del montaje;a la derecha, Gamboa.

A la izquierda, las protagonistas del montaje;a la derecha, Gamboa.

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  • A la izquierda, las protagonistas del montaje;a la derecha, Gamboa.

pamplona- En enero de este año, la directora de escena Carme Portaceli quiso iniciar su etapa al frente del Teatro Español con este montaje protagonizado por mujeres gitanas de la barriada sevillana de El Vacie, el asentamiento chabolista más antiguo de Europa, y dirigido por la experimentada Pepa Gamboa. Y fue todo un éxito. El público aplaudió al equipo puesto en pie y, en algunos casos, con lágrimas en los ojos. “Lope estaría muy contento con esta propuesta”, afirma Gamboa, que ya dirigió a estas mujeres en La casa de Bernarda Alba, un hito en el teatro comunitario que giró dentro y fuera del Estado y que, como en este caso, demostró que a veces la verdad pesa más que una técnica prodigiosa. Eso sí, la directora aclara que este es un montaje hecho con propósitos artísticos, no un ejercicio o un taller de inclusión social. El arte también transforma.

Rocío Montero Maya, como la alcaldesa del pueblo, encabeza un reparto en el que la acompañan Lole del Campo Díaz, Carina Ramírez Montero, Sandra Ramírez Montero, Ana Jiménez, Pilar Ramírez, todas de El Vacie, y los actores profesionales Beatriz Ortega Chamorro y David Montero. La dramaturgia de esta producción de TNT es de Antonio Álamo.

Primero hizo La casa de Bernarda Alba con las mujeres del grupo de teatro de El Vacie y ha repetido con ellas con Fuenteovejuna. No le van los retos pequeños.

-No. Habitualmente trabajo con actores profesionales, así que estoy acostumbrada. Me gustan los retos. Nunca he tenido compañía propia porque necesito cambiar de paisaje humano con cierta frecuencia.

¿Por qué escogió Fuenteovejuna para este segundo montaje con El Vacie?

-Primero porque, dentro del teatro español, en Fuenteovejuna es la primera vez en la que una mujer piensa y defiende que es posible rebelarse contra el poder establecido. Y eso hasta entonces era impensable. Además, la obra también permite concomitancias con el sentido de la honra tan acusado que tienen estas gitanas. Además, en su realidad diaria, ellas viven casi en una estructura de muñecas rusas, ya que no son consideradas pueblo por el pueblo;viven en un asentamiento chabolista, el más antiguo de Europa, llevan el nomadismo impreso en los genes y la mayoría son de ascendencia portuguesa. Los gitanos andaluces tienen el flamenco como patrimonio cultural, pero estas pobres no tienen ni eso. Ellas son las últimas de entre los últimos. Pero, ojo, no es que yo haya sido generosa con ellas, ¿eh?

¿A qué se refiere?

-A que hemos compartido y que, por supuesto, yo he sacado muchísimas cosas de ellas y ellas de mí. Ha sido un pacto de trabajo entre nosotras del tipo ‘no dejes entrar a los maridos’, ‘no dejes entrar a los hijos’... Y lo han cumplido.

¿Y cómo es el proceso de trabajo con mujeres que, como ellas, siempre están pendientes de atender a sus familias, de tener luz y agua, de que los niños no se mojen cuando llueve, de ir a pedir a algunos sitios, de conseguir trabajos precarios? ¿Cuál ha sido el compromiso por su parte?

-Ellas se lo toman como un trabajo, vienen, lo hacen, creen en lo que les propongo y cumplen. Pero hay que dejar claro que no son un colectivo. Una es Carina, otra es Rocío... Cada una tiene su personalidad y sus circunstancias.

¿Y cómo hacen con el texto, habida cuenta que la mayoría no sabe leer?

-Con cada una la técnica es distinta. Unas lo aprenden con juegos teatrales, otras de otra manera... No hay ningún secreto, solo hay que respetar su individualidad y su forma de acercarse a las cosas. Eso sí, el compromiso por su parte y por la mía de sacar adelante el trabajo es total.

¿Y cuál es la Fuenteovejuna que ha propuesto el dramaturgo Antonio Álamo?

-Lope de Vega está muy presente, pero es una Fuenteovejuna distinta. Coloco a estas mujeres en la frontera, donde están siempre los gitanos. Están en una especie de mercadillo de campo de concentración. Ya sabes que en la Segunda Guerra Mundial fueron perseguidos y asesinados, pero como estaban acostumbrados a que siempre les metieran presos, no tenían tanto miedo como otros pueblos como el judío, por ejemplo. Y se ocultaban.

¿La acción es más importante que la teoría en esta puesta en escena? ¿La verdad va por delante de la técnica?

-Claro. Si esperamos que estas mujeres aprendan las teorías de Aristóteles para subirse a un escenario, no lo harían en la vida. El arte no es patrimonio de nadie;estas mujeres se suben al escenario por derecho propio y usan las herramientas que tienen, que son sus propias vidas, ni más ni menos. Que la gente no crea que va a ver una obra de teatro maravillosa, virtuosa, pero, como se decía de Lola Flores, ‘no sabe cantar, no sabe bailar, pero no se la pierdan’.

Supongo que esto lo tienen que contar ellas, ¿pero qué cree Pepa Gamboa que les ha aportado el teatro y esta obra en particular?

-Pues es verdad que cada una tendría que hablar por sí misma, pero, por lo que me han dicho a mí, ellas se sienten personas;se sienten realizadas. Sienten que son capaces de hacer algo que transmite mucho a la gente. Están orgullosas.

¿El teatro tiene una labor que hacer en este ámbito de la exclusión social?

-El teatro tiene mucho que hacer en el campo de la exclusión en muchos sentidos. Por ejemplo, si los adolescentes estudiaran teatro en los institutos, como hacen en Inglaterra, les subiría mucho la autoestima. No te puedes imaginar hasta qué punto. A mí me encanta trabajar con ellos. Experimentan un crecimiento enorme. Fíjate que chavales que son marginados en sus propios institutos con el teatro crecen y desaparecen sus traumas.

Se nos olvida muchas veces la función social del teatro.

-Claro. Pero tenemos los gobernantes que tenemos.

Y aunque Fuenteovejuna no habla de estas mujeres en concreto, girar con esta obra les permite difundir la situación en la que viven.

-Por supuesto. Y la difunden. Explican su realidad. La dramaturgia se ha hecho a pie de obra y en el fondo habla de ellas. Pero a mí no me gusta lo literal, prefiero que se hable desde la fantasía. No me gustan los panfletos o los bodrios. Hoy está muy de moda el buenismo y no creo en eso. El teatro no deja de ser un hecho artístico. Yo tengo mucho respeto por los trabajadores sociales, y lo único que les puedo ofrecer es mi experiencia como profesional. No entro en el discurso paternalista repugnante que practican algunos. Hay gente que dice que va a visibilizar esto y lo otro, se coge a cuatro gitanos y los lleva aquí y allá... Estamos cayendo en una especie de Edad Media, de falta de cultura y de seriedad que no me gusta nada. No todo el mundo hace lo mismo, obviamente, pero me he encontrado con cada fascista encubierto... Lo siento, pero me pongo muy beligerante con este tema.

¿Qué evolución ha notado en estas mujeres desde el primer montaje al segundo?

-Ahora son más conscientes, más trabajadoras y tienen mucha más soltura. Pero que quede claro que no estamos intentando formar actrices, estamos procurando que gente con esa potencia y esa capacidad de expresión se suba a un escenario y defienda una propuesta artística.

¿Qué ha aprendido de estas experiencias con ellas?

-Muchísimas cosas. Primero, que si no se comparte, no se produce el hecho teatral. Yo no he ido de gran directora de teatro ni nada de eso con ellas;además, tienen una dignidad tremenda y te vienen y te dicen ‘paya, esto no va bien’ o ‘vamos por aquí y es mejor ir por ahí’. He aprendido lo que es la fuerza, lo que es la presencia y lo que es la verdad. Y la verdad es lo único que sustenta realmente un espectáculo, con independencia de la escenografía, las luces, las coreografías... Ni yo ni nadie tenemos ninguna importancia en este montaje, aquí las absolutas protagonistas son ellas.

¿Qué cree que diría Lope de esta Fuenteovejuna?

-Le encantaría. Igual que a Lorca le gustaría muchísimo La casa de Bernarda Alba que hicieron. Vino Laura García Lorca, su sobrina directa, que es muy amiga mía, y dijo que le habría encantado. Y fíjate que el texto no se respetaba, que había interpolaciones, pero ahí estaba lo invisible. La esencia. Eso es lo que tenemos que captar los directores de escena. Y con esta Fuenteovejuna sui géneris pasa lo mismo. Tiene verdad, emoción y va a conectar con todo el mundo.

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