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‘Todos somos raros’

EL POLVORÍN DE LA CIUDADELA ACOGE DESDE HOY Y HASTA EL 10 DE SEPTIEMBRE LA MUESTRA DEL FOTÓGRAFO | Carlos Mauricio Bernal

Un reportaje de Fernando F. Garayoa. Fotografías Mikel Saiz - Viernes, 4 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Carlos Mauricio Bernal, casi ‘mimetizado’ con las fotografías de su exposición.

Carlos Mauricio Bernal, casi ‘mimetizado’ con las fotografías de su exposición.

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  • Carlos Mauricio Bernal, casi ‘mimetizado’ con las fotografías de su exposición.
  • Varios de los ‘no’ retratos que se pueden ver en la muestra.

Todos somos raros porque todos somos especiales, únicos e irrepetibles y por eso también todos somos iguales. Bajo esta premisa, el fotógrafo colombiano afincado en Pamplona, Carlos Mauricio Bernal, ha dado forma a una exposición que recoge 50 imágenes y que se puede visitar en el Polvorín de la Ciudadela desde hoy y hasta el próximo 10 de septiembre.

El propio Bernal, acompañado por la directora de Cultura del Consistorio, Maitena Muruzábal, fue el encargado ayer de explicar y desentrañar los mimbres una muestra que parte de una “reflexión de rareza que tiene que ver con todo lo contrario, con la normalidad”. Y es que este trabajo fotográfico nació a raíz de la muestra que Carlos Mauricio presentó en 2013 en Condestable, denominada Paciente nº 123, y en la que reflejaba la Melorreostosis, una enfermedad que él padece y que está catalogada como muy rara.“A partir de esta exposición me di cuenta de que la rareza nos une a todos. Yo nunca me sentí raro hasta el momento en que tuve que expresar esta condición, lo que me hizo entender que esa rareza también me hacía especial, pero no solamente a mí, sino a todas las personas que me iba encontrando en el discurso de la rareza”. Un discurso que fue gestando a partir de las historias que le contaban los protagonistas de un proyecto “que no acaba aquí, de hecho no creo que lo cierre nunca, ésta solo es su primera parte”.

La exposición arranca con un panel en el que figuran los nombres de los todas las personas que han sido fotografiadas para la muestra. En este sentido, Bernal apunta que “he querido salirme del tópico del retrato, de hecho, para mí esto no son retratos, son caracterizaciones. La motivación era que estas personas encontraran una manera de expresar, a través de un objeto (elegido por ellas y ellos), una parte de su vida y me la contaran. Lo bonito de la exposición es que me han llegado a contar historias muy duras, hasta el punto de hacerme llorar en el momento de hacer la fotografía... y con cada una de esa esas historias me enriquecían a mí y al concepto de rareza;porque ser raro también es ser único. Además, aquí hay personas de condiciones distintas, de sitios diversos y con ocupaciones que ni conocía... Pero eso es algo que no se va a saber, ya que esas conversaciones quedan entre ellos y yo, como si fuera un sacerdote o un psicólogo. Lo importante es que cada vez que encontraba una historia profunda, se parecía a la motivación de vida que yo había sentido y desaparecían las rarezas de esas personas, y las mías, para encontrarnos en un tú a tú que es el que todos deberíamos tener, elaborando así un mensaje de tolerancia sobre cómo debemos amar a las personas y si realmente nos acercamos a ellas”. Curiosamente, a pesar de que muchas de las fotografías reflejan historias duras, la imagen que se presenta es de alegría. “He utilizado un gran angular y lo que hacía era acercarme a un palmo de las personas. Su primera reacción era de intimidación, pero luego surgía la alegría, marcada por una exagerada gestualización porque lo que se intenta es combatir la intolerancia con el gesto;además de que ellos tampoco querían verse normales”. Por otra parte, Bernal matizó que la “tolerancia tiene que ver con el grado de la aceptación de las historias, y no todas tienen que ser profundas, algunas tienen un mensaje sencillo, pero es que las personas sencillas también tienen su importancia para ayudarnos a normalizar todo”.

Fotografías desnudas En cuanto a las imágenes propiamente dichas, Bernal resaltó que no es un fotógrafo con una técnica depurada, más bien es un contador de historias, “y por eso no quería que entre las fotografías y los ojos del visitante hubiera nada, de ahí que no les haya puesto cristal ni tampoco hayan sido tratadas con Photoshop, son imágenes desnudas”.

Todas las fotos son en blanco y negro, excepto el remate final, una obra que ha denominado La mirilla(una especie de collage que intenta reflejar los fantasmas y las inseguridades que cada persona imagina tras una mirilla)y que se presenta en color. En cuanto a la elección del blanco y negro, Bernal apuntó que “lo elegí porque es más expresivo, directo, y me permitía centrarme en la expresividad de las personas”.

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