Mesa de Redacción

Ni muerto

Por Víctor Goñi - Viernes, 4 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

no miro muertos. Para qué quedarse con la imagen de un finado en un velatorio en vez de con las alegrías compartidas que hacen al fallecido vivir en nuestros adentros. Si gustan de seguir leyendo, albergo otras razones para esa alergia al tanatorio, dolientes aun en su lirismo. Por ejemplo, que con la observancia del cadáver en esa exánime posición horizontal se adivinan los mudos y fogosos besos depositados en labios y mejillas, o los cabellos tantas veces mesados en señal de cariño verdadero, o las caricias proferidas con los dedos inertes, como inermes yacen ahora esas manos que estrecharon tantas otras, incluidas las de quienes en la morgue las contemplan con un nudo en la garganta. Si ahorrarse tan flagelante visionado no les parece un argumento suficiente, aún cabe otro, relativo al propio difunto. Porque todos los creyentes en la trascendencia -no necesariamente en la resurrección- podrían imaginar el desconsuelo del fenecido a la vista de la congoja de sus deudos y amistades en torno suya o tras el gélido cristal, exasperado en su quietud ante la aflicción circundante. No, ni muerto miraré uno. Y continuaré reservando espacio en ese limbo emocional particular donde se apilan recuerdos de y con otros ya idos que paladear con creciente frecuencia.