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Estella-Lizarra |

Arrancar la juerga con un chapuzón

El río ega se llenó de jóvenes que recorrieron sus aguas en flotadores, una costumbre cada vez más popular

Un reportaje y fotografías de Julen Azcona - Sábado, 5 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Después de lanzarse a las aguas del Ega, toca cargar con el flotador y salir a pie del río.

Después de lanzarse a las aguas del Ega, toca cargar con el flotador y salir a pie del río. (JULEN AZCONA)

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Después de lanzarse a las aguas del Ega, toca cargar con el flotador y salir a pie del río.

las aguas del Ega transportaban ayer menos caudal que otros años pero ese no ha sido motivo para que una multitud de niños y jóvenes estelleses se haya lanzado al río, una vez más, para celebrar el inicio de las fiestas patronales de la ciudad. La costumbre de navegar las aguas de Estella-Lizarra usando un flotador en forma de rueda como único medio de transporte se va haciendo cada año más fuerte.

El recorrido varía según la cuadrilla a la que se le pregunte: puede comenzar en el parque de Los Llanos, en la zona del bar La Hormiga, o directamente al lado del ayuntamiento. Esta última es la elección de los que prefieren ver primero el cohete, con flotador en mano, para luego abrirse paso entre el gentío y partir rumbo a la basílica del Santo Sepulcro por vía acuática.

Ese es el caso de Javier Martín, de 18 años de edad, que lleva viviendo mojado el inicio de las fiestas desde que tiene “doce o trece años”. Él viaje lo hizo en equipo, montado con su cuadrilla en una piscina de plástico y vestido con camiseta, bañador y deportivas. Al llegar a la altura del Santo Sepulcro salieron todos del recorrido, subieron hasta una pasarela cargando con la piscina y desde allí se lanzaron al río con ella.

Por su parte, Mireia Apesteguía, de quince años, y su cuadrilla, las PCG, llevan cerca de cuatro años siguiendo esta costumbre. “Vamos al chupinazo y después cogemos los flotadores y vamos hasta la Hormiga”, aseguró Apesteguía. Su amiga Leire López, de quince años y también de PCG, lamentó que “este año no había casi agua”. “En algunos tramos hemos tenido que ir andando”, afirmó.

Precisamente por esta falta de caudal las chicas de PCG no se atrevieron a tirarse al río desde la pasarela, pero no se mostraron muy contrariadas. Y es que lo más importante para ellas era llegar rápido a la meta, en el Santo Sepulcro, para irse después a casa a cambiarse de ropa y comer en cuadrilla, vestidas ya de blanco y rojo.

“Comemos todas juntas en casa de una amiga”, explicó Apesteguía. “Nos gustaría tener un chabisque para poder guardar las bebidas, ya que ahora las tenemos que comprar en grupos de dos y guardarlas cada una en nuestra casa”, apuntaron. El problema, según cuenta la joven, es que “nadie nos quiere alquilar”. “Así que si alguien tiene una bajera libre, por favor, aprovecho para pedir que nos la alquile”, bromeó.