Rafaela Carrasco Bailaora y coreógrafa

“La autenticidad en el directo es absolutamente terapéutica”

Una entrevista de Paula Etxeberria - Sábado, 5 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Rafaela Carrasco, en sentida y honesta comunión con el baile.

Rafaela Carrasco, en sentida y honesta comunión con el baile.

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Rafaela Carrasco, en sentida y honesta comunión con el baile.

Pamplona- Si en alguna persona el baile encarna la vida y el amor, es en Rafaela Carrasco. Lleva bailando desde los seis años, y enseñando con pasión el arte del flamenco también desde muy temprano. Esta noche llega con su compañía a Olite para conectar al público con la poderosa fuerza vital y creadora de cuatro mujeres del Siglo de Oro.

¿Qué le aporta el encuentro en el escenario con Teresa de Jesús, María de Zayas, María Calderón y Sor Juana Inés de la Cruz?

-Es un encuentro muy enriquecedor, y así lo ha sido desde el trabajo de mesa, porque antes de hacer cualquier espectáculo siempre elaboramos un trabajo de mesa en equipo, entre escenógrafa, iluminador, en este caso el dramaturgo... y todo el proceso de documentación, de búsqueda de información, de conocer a los personajes, sus caracteres, sus vidas e inquietudes, ha sido súper enriquecedor. Además de con la parte musical, hemos trabajado a través del baile con cada una de estas mujeres en estilos de flamenco y de baile muy concretos, que les dieran el sentido al carácter de cada personaje.

¿Cómo resulta el flamenco de cada una de estas mujeres?

-Por ejemplo, hemos trabajado una María de Zayas muy técnica, muy fría, muy en conflicto con ella misma;fue una de las primeras feministas y era bastante fuerte en sus textos y en su vida, entonces eso lo hemos llevado por la parte de la técnica, de un tipo de baile mucho más técnico, más rápido en el movimiento, más masculino si cabe. A la Calderona, como era un mujer más del pueblo, la hemos buscado en un tipo de estilo y de música del folclor, más popular, alegre, fresco... es una mujer que la ves y no puedes no enamorarte de ella. A Juana Inés la hemos situado en palacio en México, es una mujer muy culta y la hemos puesto mucho más bailarina, con un corte de baile español, con los brazos mucho más recortados, más delicada, con una música con tintes barrocos... Y Teresa de Jesús es en baile la quintaesencia de la pureza.

¿Y por qué ellas cuatro? ¿Qué es lo que tienen en común que le atrajo para llevarlo al flamenco?

-Bueno, en principio yo quería trabajar sobre todo con mujeres. Y desde la mujer, con vivencias, sentimientos y sentidos propios de diferentes momentos de la vida de una mujer. Hablando con Álvaro Tato, el dramaturgo, él me presentó estas cuatro, aunque podrían ser otras porque hay muchas mujeres en la historia que han sido poderosas, pero él me destacaba de ellas el poder que tenía cada una en lo que hacía, sus caracteres tan diferentes y por supuesto su pluma, sus textos, que podíamos aprovechar muy bien para crear la dramaturgia. Porque todos los estilos de cante del espectáculo están elaborados con letras de las propias escritoras.

Y las cuatro encarnan esa búsqueda de libertad y la honestidad, que son tan propias del flamenco.

-Sí. Yo lo que tenía claro desde un principio es que no quería caer en el victimismo en el que se suele caer en este tipo de personajes. He luchado contra ello todo el tiempo. No quería hacerlas víctimas. Tampoco místicas. Yo quería trabajar a las mujeres como tales, como personas, como poderosas, y su reivindicación ante el mundo. Pero no hay nada de victimismo ni de tristeza. Es un canto a esa libertad que ellas pedían y a la fuerza que aportaron en sus vidas.

Mejor quedarse con esa luz que irradia positividad y esperanza.

-Absolutamente. Es que eran mujeres muy poderosas.

Además, esas reivindicaciones a las que alude son muy actuales. Hoy, en el siglo XXI, la mujer tiene que seguir reivindicando sus derechos.

-Pues desgraciadamente sí. Hemos avanzado muchísimo y tenemos la suerte de vivir en un país y en una cultura que nos ha permitido muchas cosas, pero desgraciadamente en el mundo hay todavía muchas parcelas bastante complicadas para la mujer.

Lamentablemente hay un machismo vigente. ¿Como creadora lo ha sufrido en su trayectoria?

-No, yo creo que no. Yo me siento una mujer también muy poderosa, desde que empecé a bailar con seis años. Y he tenido las ideas muy claras de lo que quería ir trabajando y consiguiendo. He ido a por ello y claro que cuesta, en este país la cultura es tremendamente complicada, hay falta de ayudas, pero eso es algo que no tiene que ver con el sexo sino con la realidad que tenemos en este país. Yo nunca me he sentido rechazada ni menos que un compañero de profesión. Yo no me he sentido nunca diferente.

Ha nombrado las ayudas a cultura, que han disminuido por los recortes presupuestarios en los últimos años, y eso ha hecho que muchos festivales hayan desaparecido... ¿Cómo sobrevive el flamenco a esta infravaloración de la cultura que se sufre en España?

-Sobrevive con muchas dificultades. Salvo tres o cuatro nombres que están en otro nivel porque son personajes más mediáticos, la realidad de la profesión es muy dificultosa. Hay menos festivales, como dices;nuestra realidad es vivir mucho de fuera, del extranjero, y la mayoría de nosotros realmente no vivimos de representaciones, vivimos de cursos y de clases. Las representaciones siempre son menos y más complicadas. En España es que ha bajado todo tanto... tantos festivales que se han ido... Las programaciones de los principales teatros llevan una o dos cosas de danza en todo el año, y ahí peléate con todos los estilos de danza para que pueda entrar el flamenco... Es muy difícil sobrevivir, yo vivo de otras cosas. Yo esto (actuar) lo hago por una necesidad de contar y de expresarme, y cada vez que puedo hacer una función lo siento y lo disfruto como un regalo absoluto. Pero es muy difícil.

¿Y se siguen llenando más los teatros fuera de España que aquí?

-Sí (ríe entre asombrada y resignada). El flamenco es que es una cosa que llama muchísimo, es increíble. Mira, cualquier ciudad pequeña de Francia tiene unos teatros increíbles y unas programaciones de danza que llevan lo mejor, y los teatros siempre se llenan;es algo maravilloso y algo increíble, aquí seguimos pensando todavía a día de hoy que el flamenco es algo folclórico, no se le da el peso que tiene en el mundo. Y estamos en los mejores teatros del mundo compitiendo con las mejores compañías de danza del mundo, te puedo hablar de París, Nueva York, Londres, Washington, Tokio... Pero aquí todavía no se nos reconoce ese valor.

¿Por qué?

-Porque no se educa en cultura. Porque como no se invierte en cultura, no podemos educar a nuestros niños, a nuestro público. Entonces no se acostumbra a llevar a los niños al teatro, no se les enseña a ver danza, y se nos muere el público. Hay una gran mayoría de público que todavía tiene miedo de acercarse al flamenco, lo teme, lo ve como inaccesible. Tenemos que educarles para que vengan al teatro y vean que las propuestas que hay son muy visuales y además muy emocionales, de sentir. No tienes que entender, solo tienes que sentarte y recibir. Si no se invierte en educar en cultura, en promover precios, teatros, obras, para que todo esto llegue a la educación, los niños y jóvenes no nos conocen y el público se nos muere.

En Pamplona sí hay un resurgimiento de nuevos públicos, con el festival Flamenco On Fire...

-Sí, sí, menos mal. No he estado nunca en el festival pero sigo las programaciones y veo que están moviendo mucho el flamenco, y que se consolida. Qué bien. Ojalá que esas ideas puedan moverse en otros lugares.

¿Qué le parece actuar en el marco de un festival de teatro como éste?

-Siento una ilusión enorme. Con Nacida sombra, por el guión y el tema del espectáculo, estamos accediendo a festivales de teatro clásico, y me encanta porque nos ve otro tipo de público, un público más de teatro, que puede leer entre líneas qué está pasando en escena, sin quedarse solo con esa sensación de efecto que da el flamenco y que te sube mucho a nivel emocional. Está siendo muy rico el encuentro con este público de teatro.

Rescatando una de sus palabras con motivo de ‘Nacida sombra’, ¿el flamenco sería algo así como ser y dejar de ser al mismo tiempo?

-Sí. Es verdad que es complicado, en la actuación diaria, encontrarte en ese momento con tu ser o con tu otro ser. Sucede que eres consciente, evidentemente, pero te subes ahí, empiezas a bailar y a embriagarte de todo lo que ocurre, y dejas de ser tú. Te conviertes en otra cosa. Es como dejar de ser tú para convertirte en otra tú de alguna manera. No siempre se consigue, pero si logras encontrar esa autenticidad en el directo, es absolutamente terapéutico.

Lograrlo será el fruto de toda una vida de trabajo...

-Sí, porque con los años te conoces más. Ya conoces el camino y ya tienes la llave para entrar en esos lugares.


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