Lutero hoy en Cataluña o Castilla

Por Ilia Galán Díez - Sábado, 5 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

El enorme palacio de Blenheim, donde el primer ministro Churchill tejió su infancia, es uno de los grandes ejemplos del barroco inglés, con jardines románticos, lagos y cisnes que alrededor vuelan: memorables paisajes de leyenda. Se construyó con la fortuna que ganó el primer duque de Marlborough, por su triunfo frente a franceses y bávaros en la Guerra de la Sucesión Española. Esa batalla cambió el destino de Europa y el Reino Unido empezó a manejar un imperio que se contrapuso a las poderosas pelucas de Versalles. Pero esa batalla, tan estudiada en tierras británicas, apenas se conoce en Francia. Los ingleses apenas conocen a Blas de Lezo, pues les batió (1741), pese a acuñar monedas con una prevista victoria ante los españoles que se demostraría falsa. Cosa común es tomar de la historia lo que nos interesa y desdeñar lo molesto, según bailen las glorias o las miserias manchen nuestra memoria. Lo mismo nos sucede en la vida, las personas gustan de adulación y alabanza y desdeñan las críticas, aunque sean amigas y bienintencionadas. Muchas veces queremos ser ciegos y, ciertamente, todos somos tuertos. Ahora en Alemania conmemoran a Lutero, que cumple cinco siglos con su revuelta ante los excesos de Roma, frente a la corrupción. Los germanos lo utilizan como exaltación nacional, sin mirar a sus escritos predicando que se extermine y torture a los campesinos, revueltos para lograr justicia y una sociedad realmente cristiana. Cien mil muertos hubo. Lutero defendió a la oligarquía que le apoyó en sus disputas, abandonando así a los protestantes antisistema, confiscando grandes riquezas de católicos perseguidos. Esto mantendría el sistema feudal en las regiones heréticas hasta el siglo XIX. El criticado clero romano fue sustituido por el nacional, él mismo se estableció en el hermoso palacio de Wittenberg, con su mujer y criados, cual lujoso obispo romano, y no defendió sino la libertad de interpretación que le convenía, proscribiendo versiones católicas, calvinistas, etc. Perseguidos todos como los judíos pues, según sus palabras, habría que “quemar sus sinagogas y escuelas, sepultándolos con basura, para que nadie volviese a ver de ellos piedra o ceniza”. Así también debíamos hacer, según él, con las brujas. Más de veinticinco mil serían quemadas. Mientras, Castilla y el resto de España callan atolondradas en su necio complejo. Los nacionalistas catalanes dicen que “su” reino llegó a tomar Constantinopla y pretenden unir en su revuelta a Valencia, las Baleares, parte de la Francia mediterránea... Fue el Reino de Aragón. Pero cada uno cuenta la historia sin ton ni son: a su conveniencia. Para juzgar bien hay que escuchar a cada lengua de la contienda.