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Hegemones

Maldito agosto

Por Miguel Turullols - Domingo, 6 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Se dice, se comenta, que en la Secretaría de Estado de los Estados Unidos hay una regla no escrita que advierte sobre las vacaciones en agosto. Siempre estalla algún conflicto internacional en agosto. Por eso, quien se coja vacaciones sabe que pueden verse interrumpidas por alguna nueva chaladura internacional.

¿Pero acaso puede predecirse el estallido de un conflicto? ¿Y por qué agosto? La respuesta es sí y el motivo la opinión pública. Resulta que en Occidente en agosto estamos en la playa, en la montaña, en la piscina o, en definitiva, con la cabeza en otro lado.

Por este motivo, los líderes internacionales con planes un tanto marrulleros aprovechan el mes de agosto para dar rienda suelta a toda su maldad que, saben, no complacerá a la mayoría de la opinión pública. Agosto es el mes para hacer canalladas sin hacer mucho ruido, sin que se entere la gente.

Los maestros absolutos en esto de tirar la piedra y esconderse en verano son los israelís, aunque lanzan de todo menos pedruscos, por desgracia. En 2014, por ejemplo, iniciaron la última Guerra en Gaza (llamarlo intervención es un eufemismo que no pienso concederles). Estalló el 8 de julio, de acuerdo, pero es que, si no, no les daba para a finiquitarla a tiempo (24 de agosto). Murieron más de 2.000 personas, entre ellas 500 niños.

Vladimir Putin también aprovechó las vacaciones para arrasar Chechenia en 1999 (26 de agosto). Por la misma zona, también en agosto, en 2008 estalló la guerra entre Georgia y Osetia del sur. El mismo amigo Putin puso fin a la “disputa” arrasando Georgia.

¡Incluso por estos lares lo del verano tiene sus fans! Marruecos y España se enzarzaron en verano de 2002 (esta vez julio) por un enclave geoestratégico vital y riquísimo en recursos como es… el islote de Perejil.

Por eso, aunque en estos días de calor más apetece una caña bien fría que un periódico con un alarmista como yo, no viene del todo mal mantener un ojo atento. Por aquello de que, aunque sea verano, no nos la cuelen.

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