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Música

Músicos sabios

Por Teobaldos - Domingo, 6 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

festival de mendigorría (XIV)

Intérpretes: Luis Meireles, flauta. María José Souza Guedes, piano. Programa: obras de Schubert. Bizet/Borne. Prokofiev. Lugar: Iglesia de San Pedro. Fecha: 4 de agosto de 2017. Público: algo más de media entrada (10 euros).

A nadie se le escapa que pasamos por tiempos de sequía preocupante, de ahí que la primera obra del concierto de hoy, la Introducción y variaciones sobre el lied Flores secas, con ese comienzo que mantiene el impulso de marcha fúnebre, nos recuerde la tristeza del paisaje agostado. Luego, contradictoria y afortunadamente, las variaciones con las que se entretiene la flauta -ligereza, flexibilidad expresiva y, sobre todo, endemoniada agilidad virtuosística-, nos devuelve la esperanza y el optimismo. Es el Schubert que nos está mostrando este año el festival, y que nos viene bien para todo.

El dúo de flauta y piano -Meireles, Souza- nos ha ofrecido un recital ameno, equilibrando las partes de exhibición del instrumento -Fantasía sobre Carmen- con la enjundia compositiva de la sonata. Los intérpretes portugueses han dado una lección de tocar en dúo, con la misma categoría y compromiso tanto en la flauta como en el teclado. Porque los acompañamientos que Schubert escribe para los solistas, a veces, incluso superan en hermosura a los propios temas;y, tanto en la Fantasía sobre Carmen -con fragmentos a solo del piano-, como en la tremenda sonata de Prokofiev, ambos instrumentos adquieren fuerte compromiso. Así que, hay que señalar que María José Souza se nos reveló como una gran pianista.

Luis Meireles utiliza una flauta de madera, se nota enseguida que su sonido huye de lo metálico;de sonoridad redonda, nada chillona, incluso en los momentos más agudos de Prokofiev. Por supuesto domina el fiato (ese control largo y tenido del aire), y es en los graves donde el flautista ofrece un sonido especialmente aterciopelado. En los tramos melódicos, la flauta canta, casi humana;en las agilidades, arrastra al espectador a su vorágine de escalas;en los finales, sostiene calderones infinitos con un sonido homogéneo y sin vacilaciones. El balance entre los dos instrumentos fue respetuoso y preciso: piano rotundo en Prokofiev, pero sin sepultar a la flauta. Gustó, claro, la fantasía brillante sobre los temas de Carmen -nos recuerdan a la de Sarasate-. Y fue especialmente compacta la versión de la sonata de Prokofiev, independientemente de que se escapara alguna nota: claridad clásica en la presentación del tema, de vuelo natural y melódico;sentido del humor en los picados del segundo movimiento y virtuosismo;preciosa la romanza del andante, donde la flauta canta un tema sosegado y lleno de delicadeza;y una verdadera exhibición de temas entrecruzados, el final conclusivo, donde la pianista se luce en la ejecución de las peligrosas escalas. Es un dúo de intérpretes que añade a su enorme categoría musical un gran humanismo. Luis Meireles alabó el impresionante marco de la iglesia de San Pedro;se le notaba a gusto en ese marco. De propina, una deliciosa melodía de Braga Santos (El Orfeón Pamplonés estrenó una obra de este compositor portugués en Lisboa: Super flúmina Babilonis);y un fragmento de Bach. Muy aplaudidos.

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