Noticias entrecomilladas

Por Pello Yaben - Domingo, 6 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

la noticia publicada en un diario el pasado día 28 de julio, donde se da cuenta del balance por parte de la presidenta del Gobierno de Navarra de la gestión en estos dos últimos años, merece el máximo galardón al despropósito periodístico.

El periodista, en su afán por dejar clara su distancia respecto a la presidenta del Gobierno, Uxue Barkos, y eliminar toda sospecha de que las palabras de Uxue pudieran ser creíbles y, para más sonrojo, reflejo de la realidad, ha redactado un desternillante trabajo de entrecomillado que despierta la mayor de las ternuras. Si fuera obra de un estudiante, el suspenso era notorio. Pero cuando los errores no son tales, sino fruto de una estrategia, no sólo alcanza el aprobado, sino que seguramente ha recibido felicitaciones desde la dirección editorial por su brillante puesta en escena.

Es un artículo divertido como pocos. Nunca había visto tanto humor entrecomillado en una noticia. Tiene tantas comillas que las podíamos enviar como público al Primavera Sound y llenar el aforo.

El entrecomillado encierra en esta notica palabras y datos objetivos que en ningún caso requieren de esa protección. No es lo mismo, pongamos como ejemplo, escribir: “Los datos avalan nuestra acción” que escribir: “Los “datos” avalan nuestra acción”, de modo que el entrecomillado no sirve para hacer constar que la frase es de la presidenta, sino para sospechar de los datos a los que hace referencia. No es lo mismo escribir: “El Ejecutivo foral ya ha dado sus frutos”, que escribir “…el Ejecutivo foral ya ha dado “sus” “frutos””. En este caso, los signos no pretenden poner en boca de la presidenta la frase, sino poner en cuestión la objetividad de los “sus” de la presidenta y, para más inri, de los “frutos” del Gobierno, consiguiendo con el entrecomillado dejar claro que esos frutos o están podridos o no son frutos. Un último ejemplo de los muchos que aparecen en la noticia. Nada tiene que ver escribir: “La tasa de paro es la más baja del Estado” que escribir: “La tasa de paro es la “más baja” del Estado”. Siento tal agolpamiento de entrecomillados pero parece que, a veces, se necesita deconstruir la realidad para construir otra cosa.

Si trasladásemos esa forma de escribir a las conversaciones que diariamente muchas personas entablamos, y entrecomillásemos con un gesto de manos todo lo que comentamos, algo así como “Buenos” “días”, “Josefina”. “Buenos” “días”, “Mariví”. ¿Qué, “haciendo” la “compra”? No, “esperando” al “nieto”, perderíamos el gusto por las conversaciones, puesto que se darían bajo un clima permanente de sospecha, recelo y desconfianza. En este ejemplo, no sabríamos, por ejemplo, si Mariví es Mariví, o si tiene nieto o vaya a saber uno si es nieto de verdad, o si Josefina es de verdad Josefina, o si entrecomilla los buenos días porque no los desea para Mariví o porque hace tiempo que no ha vivido un solo día bueno. Cuando escribo “Balance” del “Gobierno” de “Navarra” en el “ecuador” de la “legislatura”, pongo en duda al menos 5 cosas: si se le puede llamar balance, si eso es o no un gobierno, si es de Navarra o de otro sitio, si estamos en el ecuador de la legislatura y si eso es legislar u otra cosa.

Vivir entre comillas no es vivir;es decir, “vivir” no es vivir, y para algunos periodistas, aguantar a este gobierno es un sinvivir.

Ese periodismo no representa a muchos lectores y ojeadores de sus publicaciones, pues cada vez son más los comentarios molestos que estos lectores realizan en relación al contenido de lo que leen. Quien me avisó de este artículo fue precisamente un lector habitual que ha comenzado a salir del confortable colchón de prejuicios en los que se asienta la línea editorial de estos diarios adictos al entrecomillado. Distanciarse del que es el periódico de uno, el GPS moral y político de uno, genera culpa, soledad, incertidumbre e inseguridad. Por eso, la desvinculación puede durar años. Lo entiendo. Afuera hace frío hasta en verano.

Deben de sufrir mucho algunos periodistas cuando esconden toda la información bajo el airbag del entrecomillado, temiendo rasguñarse cuando se dan de bruces con algunos hechos. Necesitan entrecomillar cada dato, cada palabra, para guarecerse de los golpes de la realidad y evitar que sus lectores comiencen a sospechar que efectivamente las cosas no van tan mal. Pero el entrecomillado tiene forma de boomerang y acaba golpeando en la frente del periodista y en la conciencia de cada lector.