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Opinión

Rojillas, que no rosillas

Por Alicia Ezker - Domingo, 6 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

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Las aficionadas de Osasuna son rojillas y cuando van al campo a ver jugar a su equipo llevan camiseta roja y bufanda roja, igual que el resto de los aficionados. Son rojillas, no rosillas. Y da igual la edad. Niñas, jóvenes, mujeres adultas... Como da igual el sexo a la hora de elegir cuál es tu equipo, de fútbol o de lo que sea. Todas se enfundan en los colores de su club sin más distinción que esa afición. Así que alguien debería dar alguna explicación más, y no tirar balones fuera culpando a terceros, sobre el hecho de que en la tienda oficial de Osasuna, referencia sin duda del deporte local, se vendan, o al menos se hayan vendido, bufandas de Osasuna de color rosa con la etiqueta impresa de “modelo para chicas”. Un peligroso paso atrás en los avances por la igualdad de género que se están dando en todos los ámbitos en general y en el mundo del deporte en particular, un terreno todavía demasiado masculinizado donde la igualdad entre hombres y mujeres, como vemos cada día con gestos como éste y otros mucho más graves, es todavía una quimera. Esa bufanda rosa, que al parecer sigue a la venta, aunque sin etiqueta, como imagen de Osasuna, es una manera de marcar diferencias en un territorio donde no debería haberlas, por no decir de la tasa que ese color lleva implícita en muchos productos que por ir dirigidos a un público femenino incrementan sus precios. El fútbol ha dado pasos, aunque tarde, en la incorporación de la mujer, más en las gradas que en los campos, y se ha movilizado en causas como el cáncer de mama o la lucha contra la violencia machista con el contundente rechazo a esta lacra por parte de jugadores, clubes y afición. Pero estos pequeños gestos, por cierto denunciados por una socia, no ayudan y dan qué pensar. El rosa es un color vinculado socialmente al género femenino y en algunos casos con una utilización muy positiva, como el lazo rosa en apoyo a las mujeres que padecen un cáncer de mama, pero desde hace muchos años se está tratando de evitar que el rosa sea el color de las niñas frente al azul de los niños. Como se evitan los juguetes dirigidos a niños, coches, construcciones... frente a los dirigidos publicitariamente para niñas, muñecas, silletas, cocinas... El problema no se soluciona retirando etiquetas, sino trabajando para que la igualdad sea un hecho en todos los ámbitos de la sociedad, y el deporte es uno esencial. ¿Alguien se imagina El Sadar teñido de bufandas rosas portadas por todos y todas los aficionados? Quizás sería una buena manera de demostrar lo ridículo de la opción.