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Txintxilaire, el teatro del pueblo, sale a la calle

Hace ocho años el teatro local volvió a Isaba de la mano de Txintxilaire;afición por la escena y satisfacción por su contribución con el pueblo

M. Zozaya Elduayen - Domingo, 6 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Txintxilaire, reforzado, se vistió e interpretó a sus antepasados en su más reciente representación en la plaza de la Villa.

Txintxilaire, reforzado, se vistió e interpretó a sus antepasados en su más reciente representación en la plaza de la Villa. (Marian Zozaya)

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  • Txintxilaire, reforzado, se vistió e interpretó a sus antepasados en su más reciente representación en la plaza de la Villa.

“Formar parte de la vida cultural del pueblo y hacer reír a nuestra gente es muy grande para el grupo”

Isaba/izaba- Su última representación es todavía reciente, en uno de los días grandes de Isaba y del valle, el de la celebración de la Indumentaria Roncalesa, cuando subieron al escenario para narrar y representar una parcela de la historia de la villa.

El guion parecía escrito para el grupo, con posibilidades de entrada a nuevos personajes que dieron vida a regidores, criados y vecinas roncalesas, en un texto adaptado sobre un documento aparecido en Madrid (Biblioteca Nacional) y escrito hace algo más de 1.200 años sobre los acontecimientos acaecidos en Isaba en el siglo VIII, durante la ocupación de las tropas musulmanas.

“Fue perfecto. Lo que más nos cuesta es encontrar guiones para repartir papeles a la totalidad del grupo, eso y adaptarlos posteriormente. También necesitamos obras con poco movimiento. Nuestro gran problema es que solo tenemos medio metro tras el escenario del cine, lo que nos obliga prácticamente a estar todos los componentes en escena simultáneamente”, asegura Magali Barace, directora del grupo desde el principio. “Solo porque alguien tenía que serlo, por afición, por inquietud y aprendiendo”, recalca. Txintxilaire, recuerda, se gestó en una reunión de gente del Valle para dinamizarlo culturalmente. “Yo no tengo más conocimientos que el resto, pero había que ponerse ahí para que saliera adelante”, apunta.

Aficionada al teatro desde siempre, reconoce ahora que trata de aprender de cada espectáculo al que acude, de coger ideas para trasladar modernas coreografías a su sede, el cine de Isaba, estímulo para la continuidad de la actividad teatral.

“Siempre ha sido un lugar libre, que ha dado cabida a muchas historias, y al grupo de teatro, estabilidad”, opina Jesús Mari Barace, hermano de Magali y alcalde de Isaba, miembro del grupo desde el comienzo.

Txintxilaire, vocablo heredado de sus mayores para calificar a la persona inquieta, está compuesto por diez miembros, cuyas edades abarcan desde los 40, hasta los 76 años. Ponen en escena una representación anual, por lo general en primavera, de contenidos variados, “y también de temática de compromiso y denuncia”. “Nos proponemos sobre todo invitar al público a pensar, a la reflexión”, expresa la directora. Escenifican, además, cuestiones con las que se identifica la vecindad, que hablan de su forma de ser de una manera distendida que provoca la risa. “Todas nuestras obras tienen un trasfondo, y la gente escucha, lo sigue y mayormente se divierte. Para nosotros no hay mayor satisfacción que que nos digan que se ríen como no se ríen nunca. Contribuir a ello es muy importante para el grupo”, confiesa Magali.

Salvo Ana Tere Conget y José Mari Mainz, que de un modo u otro ya formaron parte de aquel antiguo grupo de teatro hace más de 25 años, el resto de componentes son nuevos, y como bien matizaba Ana Cuñado, son “amateurs”, aficionados del pueblo en el que siempre hubo inquietud cultural y tradición por el cine y el teatro, que entonces llamaban comedias. “Desde siempre, la gente ha colaborado mucho en Isaba, siempre dispuestos a echar una mano, y así seguimos”, mantiene Magali Barace.

Cada vez que asoman llenan el cine o el aforo, como en esta última actuación en la que propiciaron una imagen de la plaza de la Villa que recordaba antiguas veladas de teatro en la calle, sin localidades, donde cada vecino o vecina acudía con su silla para ver las comedias, propias o arribadas de otros lugares.

Txintxilaire siempre llena, es el teatro del pueblo, el de Isaba, tan similar al de otros pueblos que cuentan con su propio grupo. Incondicional, la vecindad acude a cada convocatoria, en este caso con el doble interés de empaparse de su propia historia, de seguir el estreno e incluso, disfrutar con algún debut, como en el caso del último montaje, el de Txelín Barace, de 67 años, debutante como impulsiva mujer roncalesa.

Con total naturalidad y mucho mérito se ofrecen si la ocasión lo merece. Cuando la Asociación Cultural Kurruskla les requiere, no lo dudan. Formar parte de la vida cultural del pueblo y acudir con su trabajo a otros pueblos, como Ezcároz, es parte de su objetivo. Con su cine, su elenco y su interés se animan a subirse al escenario sin complejos. “En el fondo, esto es una fiesta en la que todos nos reunimos y disfrutamos de lo bueno que tenemos. Contamos nuestra propia historia y nuestra evolución. La realidad es que hacemos pueblo”, manifiestan convencidos.

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