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Editorial de diario de noticias

Catalunya y los tiempos políticos

La endiablada actualidad catalana produce la sensación de que ya es tarde para muchas soluciones políticas y pronto para otras hasta que no se vea el resultado del choque de la estrategia del PP y la movilización social

Lunes, 7 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

El ruido catalán en torno a la polémica barcelonesa del turismo o el conflicto interno en la rama de Podemos no puede desplazar el foco de las nueces del proceso soberanista y la crisis del modelo territorial estatal en torno a Catalunya. A estas alturas de la historia se va imponiendo la impresión de que es tarde para muchas cosas y pronto para otras. Tarde para experimentos federalistas (los socialistas nunca se han atrevido a hablar aún de estructura confederal), desarrollos autonómicos (el PP en su día boicoteó vía Tribunal Constitucional el estatuto de Maragall que ya había sido cepillado por Zapatero... ) o el imprevisible acuerdo político al máximo nivel para autorizar un referéndum, algo que otros países con mayor recorrido y cultura democrática como Canadá (con Quebec) o el Reino Unido (con Escocia tras haber aprendido la lección de Irlanda) han sabido tejer. El choque institucional y de sujetos políticos está servido. A los soberanistas, heterogéneos en su formación y coyuntura en su unión, no les quedaba otro camino. A diferencia de otras autonomías con personalidad histórica como la CAV o la propia Navarra, la carencia de un sistema de financiación propio hace que la cuenta atrás sea aún más inexorable, porque la falta de una gestión de fondos propios se traduce en la imposibilidad de prestar servicios públicos de calidad a la ciudadanía. Lo que está en juego más que un proceso identitario, que también, es un proceso social. De ahí que hayan sido las nuevas generaciones -con abuelos y padres de orígenes geográficos muy variados- las que se hayan sumado masivamente a la opción independentista. Y se trata de un movimiento social de fondo que parece querer ir hasta al final aunque a algunos políticos les pueda llegar a temblar el pulso ante la reacción del gobierno central. Porque la contraofensiva del PP no ha hecho más que empezar. Rajoy, a diferencia de los catalanes, sí que hubiera tenido otras posibles opciones y salidas, pero ha elegido también el choque, quizá más por cálculo electoral que por ideología. O las dos cosas. El gallego no es un político tremendista ni de sangre caliente, por lo que ha optado por enmarañar y asfixiar al govern con toda la batería legal, policial y mediática a su alcance. Todo se andará, pero hasta después del 1 de octubre no se podrá ver si llega el verdadero diálogo institucional y democrático.

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