El hierro se compra con oro en Urdax

La villa conmemoró la histórica transacción del mineral que llegaba desde las cuencas mineras de Bizkaia para alimentar las ferrerías del Monasterio de San Salvador

Iñigo Imaz Juan Mari Ondikol - Lunes, 7 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

La yunta de los bueyes ‘Rubio’ y ‘Valiente’ llega por el camino del molino y el canal, y frente a Indianobaita, camino del Monasterio de San Salvador de Urdazubi/Urdax.

La yunta de los bueyes ‘Rubio’ y ‘Valiente’ llega por el camino del molino y el canal, y frente a Indianobaita, camino del Monasterio de San Salvador de Urdazubi/Urdax.

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La yunta de los bueyes ‘Rubio’ y ‘Valiente’ llega por el camino del molino y el canal, y frente a Indianobaita, camino del Monasterio de San Salvador de Urdazubi/Urdax.Apretón de manos de acuerdo, 18 monedas de oro y 120 rogativas por los mineros.Los monjes trasladan el hierro en bruto que luego trabajarán en sus ferrerías.

urdazubi/urdax- La Villa de Urdazubi/Urdax volvió a comprar hierro a precio de oro, igual que hizo hasta la primera Guerra Carlista, en conmemoración de la transacción que durante siglos se hacía con el mineral que llegaba desde las cuencas mineras de Bizkaia para alimentar las ferrerías del Monasterio premonstratense de San Salvador. La novena edición del Día del Hierro se vio pasada por agua, pero la lluvia inclemente no apagó el ánimo de protagonistas y espectadores en un festejo que se supera cada año.

Los bueyesRubio y Valiente, del caserío Agerreaundi de Ezkio (Gipuzkoa), llegaron cargados bajo una intensa lluvia, dirigidos por los boyeros Asier Zubillaga y su hijo Haiert. La yunta de estos no es cualquier cosa: uno es guipuzcoano y el otro gallego, de 13 y 7 años respectivamente, y han recibido premios en los festivales de Elgoibar y el Alto de Milloi, en Amoroto. A paso lento pero seguro, tal y como en tiempos antiguos, el carro de madera llegó hasta la puerta del monasterio, donde les acogió Javier Larralde, que ejercía de abad. Nada más llegar, Larralde, con sus monjes José Luis Gómez, Jose Antonio Aguirre, Juan Luis Sarratea, Christian Fonnote y Mikel Beola, dio inicio a la negociación para la compra del mineral con los venaqueros llegados del Señorío de Vizcaya.

Los ferrones, el urdazubiarra Joxe Mihura y el zugarramurdiarra José Javier Zubillaga calibraron el género y el trato se cerró con un apretón de manos tras la entrega de 18 monedas de oro y el compromiso de rezar 120 oraciones por parte de los monjes. La fiesta, cuyo arraigo es cada vez mayor en el calendario de visitantes, veraneantes y turistas, rememora y representa la época en la que el Monasterio de San Salvador gozaba del privilegio real de importar anualmente 200.000 quintales de hierro vizcaíno, libres de cargas y sin pasar por las aduanas guipuzcoanas, a través de territorio enemigo, el Reino de Francia.

Este comercio tuvo su auge entre los siglos XII y XIX, hasta que la primera guerra carlista cerró la última ferrería, reconvertida en molino y, ya en el siglo XX, central eléctrica. El hierro, materia prima estratégica, se introducía a través del puerto labortino de San Juan de Luz y, desde ahí, en barcazas se transportaba al pueblo de Azkain, donde el monasterio tenía terreno para carga y descarga.

Desde ahí, guiados por boyeros y atravesando Sara por el camino de Olabidea (literalmente, en euskera, camino de la ferrería), llegaban los carros a las puertas del monasterio, que poseía varias ferrerías que producían hierro de calidad. Este comercio fue tan importante, que al producirse la crisis de las ferrerías vascas (siglo XVII), las Juntas Generales de Guipúzcoa llegaron a denunciar ante la Corona el tráfico ilegal de hierro que se daba con la excusa de suministrarlo al monasterio.

El tradicional zikiro popular, asado por Txomin Amorena y su equipo de Zugarramurdi (205 kilos de carne para 325 comensales) pusieron el broche a un festejo precioso y muy atractivo.

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