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Un despertador infalible

La Bombada llenó de ruido las calles de la ciudad del Ega tras un almuerzo previo en la plaza San Martín

R. Usúa - Martes, 8 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Participantes de todas las edades (en cuadrilla o en familia) se reúnen cada año en la tradicional Bombada de Estella-Lizarra.

Participantes de todas las edades (en cuadrilla o en familia) se reúnen cada año en la tradicional Bombada de Estella-Lizarra. (R. Usúa)

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Participantes de todas las edades (en cuadrilla o en familia) se reúnen cada año en la tradicional Bombada de Estella-Lizarra.Los disfraces también son habituales en este día.Los gaiteros, imprescindibles para marcar el ritmo.El relevo generacional está asegurado.
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estella-lizarra- Para los más trasnochadores, la tradicional Bombada que cada lunes de fiestas invade las calles de la ciudad del Ega a partir de las doce del mediodía es el despertador perfecto. Quizá a alguno o alguna pueda irritarle tan estruendoso sonido, pero lo cierto es que quienes participan en este curioso desfile de bombos y tambores suelen repetir año tras año, señal de que disfrutan.

La cita arrancó a las 11.00 de la mañana en la plaza San Martín, donde la Peña San Andrés organizó un variado almuerzo para que los participantes cogiesen fuerzas para lo que les venía por delante. El presidente de la peña, Javier Nicuesa, explicó que comenzaron con los preparativos sobre las 8.30. “Es un esfuerzo después de tres días muy intensos, pero la buena sintonía que tenemos aquí entre todos hace que lo hagamos con gusto”, dijo. De prepararlo se encargaron varios miembros de la junta, con el apoyo de camareros que fueron preparando las mesas en el exterior de la sede. En total, 14 tortillas de patata, 7 kilos de txistorra, 7 de panceta, jamón, queso, vino, refrescos...

Sobre las 12.10, más o menos, comenzó la Bombada una vez que Juan Andrés Alonso y Asier Etxegarai, dos clásicos, hubieron afinado las gaitas que pondrían la melodía durante cerca de dos horas, una diana de nombre desconocido. En total, más de un centenar de personas iniciaron el recorrido por las calles del centro de la ciudad, realizando varias paradas para recuperar fuerzas.

Desde hace ya bastantes años, la Bombada se ha convertido en un acto casi en exclusiva para los más pequeños, que acuden con sus familias, nada que ver con lo que fue en el origen, como recordaban ayer algunos veteranos. “Entonces había muchísimos bombos en Estella y había gente que se pegaba todo el día con él en la calle”, explicaba ayer Jesús Martínez, de 72 años, que acudió con sus nietos Iraitz Martínez, de 10 años;Haizea, de 7;y Noa, de 5. “Ahora vivimos en Pamplona, pero todos los años venimos a la Bombada porque les gusta”. Así lo reconocía también su nieto Iraitz, que portaba en su caso un tambor.

También en familia, y con tambor en vez de bombo, iba Andoni Barbarin con sus nietos Ioar y Saioa Barbarin. “Yo solía venir hace muchos años, pero luego dejé y ahora vengo con ellos. Recuerdo que en los años 78, 79, 80... la Bombada era espectacular, igual participábamos 150 personas. Entonces éramos gente de 20 ó 30 años, ahora ya se ha convertido en algo más para los pequeños”. Sin embargo, ese carácter popular con el que nació se sigue manteniendo, y es uno de los momentos más llamativos de todas las fiestas.