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Los tatuadores nipones se movilizan contra el estigma de la ‘yakuza’

Los tatuajes (‘irezumi’) son considerados todavía en Japón como un símbolo de pertenencia a la mafia

Martes, 8 de Agosto de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Una clienta italiana es tatuada por el nipón Horimitsu.

Una clienta italiana es tatuada por el nipón Horimitsu. (Foto: Efe)

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Una clienta italiana es tatuada por el nipón Horimitsu.

tokio- Cada vez son más los nipones y extranjeros que se tatúan por motivos meramente estéticos y atraídos por este arte milenario del país asiático. Muchos turistas se sorprenden al ver carteles de “prohibido tatuajes” en gimnasios, piscinas, balnearios o playas, donde se impide el acceso de personas tatuadas o se les exige cubrir estos adornos corporales con prendas o vendajes. El gremio de los tatuadores y los amantes de este arte ha comenzado a movilizarse contra esas prohibiciones, cuyos orígenes se remontan a la época Edo (1603-1868), y tratan de cambiar la percepción todavía generalizada en Japón de las personas tatuadas como delincuentes o parias.

“Quienes no llevan tatuajes o no saben apreciarlos suelen vincularlos a la yakuza, pero ambas cosas no tienen nada que ver”, dice Horimitsu, uno de los más reputados tatuadores de Tokio con la técnica tebori (a mano). Desde que abrió hace 15 años su estudio en el barrio de Ikebukuro, este horishi (tatuador) recibe a un número creciente de extranjeros -como Katy Perry o John Mayer-, que representan ya la mitad de su clientela. “Creo que el tatuaje a mano es más valorado en el extranjero que en Japón”, explica Horimitsu, quien destaca la viveza y la duración de los colores como ventajas de su técnica.

Los orígenes del irezumison muy anteriores a su uso por parte de la yakuza, que se apropió de ellos por sus connotaciones de rebeldía o por los poderes mágicos que se les atribuían. Se cree que los tatuajes se emplean en el archipiélago nipón por motivos rituales o decorativos desde el Paleolítico y posteriormente comenzaron a usarse para marcar a los delincuentes, práctica que se extendería hasta la época Edo. Su florecimiento artístico tuvo lugar precisamente en esa era y de la mano de los grabados ukiyo-e, puesto que muchos tatuadores eran también grabadores de estas “pinturas del mundo flotante”, reflejos de una época marcada por el hedonismo y el deleite estético. Los tatuajes eran entonces comunes entre prostitutas, bomberos, porteadores de palanquines o estibadores, entre otros oficios considerados de bajo nivel social, y se ocultaban bajo la ropa al estar prohibidos por sus connotaciones criminales y por razones de decencia pública. - Antonio Hermosín

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